12 de mayo de 2018
12.05.2018
Danza

Sara Baras baila con sus sombras

La bailaora flamenca conmemora 20 años de trayectoria con un nuevo espectáculo que podrán disfrutar los tinerfeños mañana y el lunes

12.05.2018 | 00:05
Sara Baras baila con sus sombras

Sara Baras baila con su sombra amarrada a los talones y a los vuelos del vestido, porque la sombra de lo que fuimos es la misma que hoy redobla nuestra proyección en el espacio. Y lejos de desprenderse de sus sombras, Sara Baras escogió bailar con ellas y rendir homenaje a los primeros reflejos de sus movimientos en el escenario. Así se fraguó Sombras, un espectáculo hilado con los compases de la farruca, danza flamenca procedente del folclore norteño, que ha sombreado la trayectoria de la polifacética artista gaditana a lo largo de 20 años y que descubrirá mañana en el Auditorio de Tenerife Adán Martín y volverá a poner en escena el lunes. Luego viajará a la capital grancanaria, los días 17, 18 y 19 de mayo, para poner su magia sobre las tablas del Teatro Cuyás.

Sara Baras (Cádiz, 1971) revela que "este espectáculo nace de la sombra inmensa de la farruca, una danza que me ha acompañado desde el principio, así que siento que la tengo siempre pegada a mí, como mi sombra". "Cuando hice esta coreografía por primera vez hace 20 años ya fue muy especial, porque se trata de un palo del flamenco que normalmente han interpretado hombres, pero entonces no podía imaginar que me iba a dar tanto", apunta la bailaora. "Por eso, empezamos Sombras con esta coreografía que no hice sin pretensión alguna y que, sin embargo, me ha enseñado muchísimo".

La bailaora con nombre de palíndromo conmemora el vigésimo aniversario del Ballet Flamenco Sara Baras con este espectáculo que armoniza el alfa y el omega de su abecedario coreográfico, pues la propuesta se mira en sus inicios para proyectar su eco en una pieza contemporánea. "En vez de repetir personajes, coreografías o argumentos que nos han marcado mucho, hemos querido darle una lectura nueva a todo lo que hemos sentido y aprendido durante todos estos 20 años. Y decidimos que la sombra que más nos acompaña es la farruca", revela Baras.

Para los amateurs o extraños de esta danza, la coreógrafa destaca que "la farruca es un palo del flamenco muy especial, muy sobrio, muy elegante, muy profundo y con una musicalidad muy bonita". Y este baile, a su vez, se abre a otras constelaciones que encierran la búsqueda y experimentación de la escuela de Baras en la progresión de dos décadas, en las que ha desplegado su virtuosismo al flamenco en los principales escenarios de todo el mundo. "Nos sumergimos en la magia de la farruca y, en medio, vamos tocando otros palos y registros del flamenco, y vamos fusionando la parte más tradicional -cantes muy antiguos que casi no se bailan actualmente- con la moderna, pero también la fusionamos con otro tipo de instrumentos, ritmos y estilos, tanto de baile como musicales", avanza la bailaora.

Luz

Aunque las sombras se recortan entre la luz y la oscuridad, Baras destaca que "yo me fijo en la parte positiva de la palabra porque, en el baile, una silueta es una sombra, que se proyecta llena de vida y de movimiento, que te sigue y te acompaña, incluso cuando te detienes. Y eso es una preciosidad".

La potenciación de este juego de siluetas y tacones se sustenta en un montaje escenográfico diseñado por la propia Baras, con la colaboración del garabatista malagueño Andrés Mérida, que enriquece la propuesta con garabatos de diversos colores y texturas inspirados en la farruca. El montaje engloba un total de 13 piezas coreografiadas por Baras o por el artista invitado José Serrano -algunas diseñadas al alimón- bajo los títulos Sombras, Farruca, Romance/Martinete, Serrana, Zapateado, Vals, Mariana, Sombras, Tangos, Travesía, Alegría, Bulería y Sombras.

Por su parte, Keko Baldomero, talentoso guitarrista gaditano y director musical de la compañía, firma el apartado sonoro del espectáculo, que arropa las distintas coreografías con una paleta de ritmos flamencos y cadencias de distintas latitudes, con las colaboraciones especiales del saxofonista Tim Ries y, en una pieza grabada, del popular violinista libanés Ara Malikian, con textos de Santana de Yepes.

Al ritmo de sus compases, Baras baila por farrucas, serranas y alegrías, junto a un cuerpo de baile compuesto por María Jesús García, Charo Pedraja, Cristina Aldón, Sonia Franco, Daniel Saltares y José Franco; en compañía de otro guitarrista, Andrés Martínez, los percusionistas Antonio Suárez y Manuel Muñoz, Pájaro, y los cantaores Rubio de Pruna e Israel Fernández.

Esta nutrida formación eleva el vuelo hacia un firmamento de estilos y referencias que glosa la trayectoria de la escuela de Baras. " Sombras recoge la evolución de la compañía, pero también la madurez en la que se encuentra ahora, tanto en la manera de interpretar como de dirigir o de coreografiar, explica Baras. "Nos han pasado muchas cosas desde nuestros inicios; cada espectáculo ha sido un aprendizaje constante a una velocidad bestial, porque cada noche te vas a casa muy orgullosa y satisfecha del trabajo hecho, pero, al día siguiente, hay que hacerlo otra vez", reflexiona la bailaora. "Por tanto, esto es un no parar de aprender y, aunque nos queda muchísimo camino todavía, cuando me paro y miro atrás tengo claro que la primera parada es muy importante, así que Sombras es volver a recordar ese primer escaloncito".

Al respecto de su querida farruca, en la que se cimienta el grueso de su universo artístico, Baras sostiene "que las influencias nunca se van del todo, sino que siempre están ahí y nos recuerdan, una y otra vez, que es muy importante dejarse llevar por el corazón, trabajar duro y trabajar con una entrega del 100% en lo que quieres hacer".

Por esta razón, Sombras, como el arte del flamenco en general, constituye "un ejercicio de libertad casi obligada". "Sombras es un reflejo de libertad, en el que nos mostramos tal y como nos sentimos", afirma. "Por eso, nos ha salido un espectáculo tan alegre y tan positivo porque, además, tiene mil detalles que recogen todo lo que hemos sembrado en estos años".

En cuanto al itinerario de Sombras, la pieza se estrenó el pasado 28 de septiembre en el Auditorio Baluarte de Pamplona y, con el aval de una acogida calurosa por parte de la crítica, enfila hacia una gira internacional de dos años. En la cumbre de 20 años de carrera y tras alzarse el pasado 2017 como embajadora honorífica de la Marca España en el ámbito de la cultura y la comunicación, la bailaora se erige en una de las embajadoras del flamenco en el plano internacional. Sin embargo, Baras sostiene que es la "verdad" del arte del flamenco la que sobrevuelo los muros y se cuela en el corazón de otras culturas. "El flamenco es un arte que se clava en el corazón y que no entiende de fronteras ni de lenguas, porque es algo más profundo y, al mismo tiempo, más sencillo de lo que pensamos", apunta Baras. "A todos, seamos conocedores o no del mundo del flamenco, nos hace vibrar las mismas cuerdas, porque el flamenco tiene una verdad que se basa en la entrega de los sentimientos. Por supuesto, conlleva una técnica muy fuerte, pero que sin el corazón no vale", concluye.

Maestros

Baras reconoce que su espectro de influencias aloja una deuda infinita con sus maestros, a quienes rindió homenaje en su espectáculo anterior, Voces, que exhibió en el Cuyás el pasado 2017 y que sigue en cartel en el Teatro Nuevo Apolo, en Madrid. Los ecos de Camarón de la Isla, Enrique Morente, Antonio Gades, Moraíto o Carmen Amaya resuenan en el imaginario de Baras y se integran en la sombras de este espectáculo. " Voces fue un homenaje directo a unos maestros que, por desgracia, no están con nosotros, aunque lo estarán siempre", afirma Baras. " Lo que pretendíamos en Voces era homenajear y, sobre todo, mostrar nuestro agradecimiento y admiración a esos maestros por su influencia en todo lo que somos. Y después de Voces nació como respuesta natural Sombras, fruto de una lectura nueva, que mira al pasado pero se realiza en el presente".

Para Baras, su misión como referente contemporáneo del flamenco es perpetuar la esencia del arte que consagraron sus maestros. "A ellos les debemos que el flamenco esté considerado como un arte grande, porque ellos abrieron sus puertas al resto del mundo", afirma. "Creo que es maravilloso cómo la gente valora y respeta el flamenco por todo el mundo, porque es un arte muy difícil, pero con una riqueza enorme. Y para mí es un orgullo y una satisfacción tremenda poder continuar ese legado que los maestros nos han dejado, con toda la responsabilidad y el respeto que merece este arte tan especial".

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