16 de febrero de 2017

Eurovisión, el jaleo eterno

El festival suma a los debates de barra de bar y salón con moqueta la insinuación de tongo en la elección de Manel Navarro

16.02.2017 | 02:38
Eurovisión, el jaleo eterno

El Melodifestivalen es el evento que organizan en Suecia para elegir su representante para Eurovisión. Cosa seria, cosa sueca: en orden y siguiendo la flecha, como en Ikea. En España se monta cada año de una manera distinta, aunque en realidad es la misma fórmula. Objetivo Eurovisión, el programa que hizo TVE el sábado para elegir representante en el festival, acabó en bronca porque estuvo "enbroncado" toda la emisión, con ánimos excesivos de los "fans" presentes en el plató a su cantante preferida, Mirela. Finalmente quedó un programa muy común, como uno de esos que pasan a las tantas para rellenar "parrilla nocturna". Eso sí, siempre cuenta con la ayuda de la emoción de las votaciones, que es lo que atrae en estos certámenes y, por consiguiente, lo que genera audiencia. TVE tuvo esta vez el extra de la tangana, o así, para aumentar su cifras. Aunque ese plus seguramente no agradó a los responsables de la corporación pública.

Por allí estaba Paula Rojo, la asturiana country que lo hizo impecable. Y junto a ella dos grandes de la escena regional, Álvaro Barcena y Javi Méndez, quien por cierto ya acompañó en Malmö (Suecia) a El sueño del Morfeo. Allí lo hizo con una gaita ante la imposibilidad de subir a escena a todo el grupo por las normas que rigen en Eurovisión, que limitan el número de músicos en el escenario. Paula Rojo y el resto de concursantes estuvieron elegantes (y silenciosos) en el jaleo que se armó por la disputa entre Mirela y Manel Navarro, el elegido por votación ajustada como todo el mundo sabe a estas alturas.

La cosa del tongo adquirió una nueva dimensión el martes con la intervención de un diputado del PSOE pidiendo explicaciones en el Congreso y la investigación abierta por la UER, el organismo al que están asociados las televisores que participan en el festival.

Eurovisión lleva años torcido. Todo comenzó cuando se decidió elegir al albur de internet. De ahí partió hacia Belgrado Rodolfo Chickilicuatre, personaje interpretado por el actor David Fernández, que acabó representando a España con Baila el Chiki-Chiki. Salió con su mini guitarra bautizada "Luciana" al estilo de la de B.B. King (Lucille). Tal fue el "éxito" que al año siguiente hubo que tomar medidas porque estaba muy a punto de arrasar una comentarista del "famoseo".

Hubo incidentes de otro tipo, como el de Jon Cobra con Igartiburu (momentos de tensión en la tele) tras enfrentarse el rapero al público porque lo abuchearon. El elegido entonces para ir camino de Oslo, que fue donde se celebró el certamen en el año 2010, fue Daniel Ciges, al que le asaltó en escena Jimmy Jump con su barretina en la cabeza, como ya había hecho en partidos de fútbol y otros espectáculos de masas. Jimmy Jump acompañó la coreografía unos instantes.

Asuntos festivaleros que se fueron macarronizando con los cambios de sistema en las votaciones (ahora mandan los países del norte para arriba), pero que, a lo largo de su historia, ha tenido también su momentos "entrañables". Léase cuando a Azúcar Moreno se les "apagó" la música y tuvieron que parar la canción y volver a empezar. Cosas que pasan con el playback. Aún así alcanzaron un muy interesante sexto puesto. O lo que se quedó bautizado como la quijotada, cuando España iba segunda y votó a Israel, que ganó. Aquel "¡Eh Mayor!" de Betty Missiego quedó apagado por Hallelujah. Pero, claro, esta es la vieja pose eurovisiva, la familiar de bolsa de patas aceitosa o tazón de Cola-Cao para los nenes que aguantaban sin dormir hasta las votaciones. Igual de tan entrañable quedaba un tanto empalagosa. Búsquese un punto medio.

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