10 de diciembre de 2016
Cine

De Kirk 'Duglas' a Michael 'Daglas'

El padre, que ayer cumplió cien años, llegó a estrella desde el arroyo y vio cómo su hijo, criado entre algodones, lo superaba en la carrera de los Óscar Kirk se opuso a que Michael fuera actor porque era una vida demasiado inestable

09.12.2016 | 23:37
De Kirk 'Duglas' a Michael 'Daglas'

A Kirk le llamaban Duglas en la pronunciación más castiza para generaciones de españoles. A su hijo Michael ya le tocó ser Daglas. Kirk Douglas nació siendo 'el hijo del trapero' y Michael Douglas siempre fue el hijo de una estrella de cine. Dos mitos unidos por un legendario hoyuelo en la barbilla y separados por el cambio generacional del Hollywood dorado de los grandes estudios al cine explícito y globalizado.

"Siempre les he dicho a mis hijos que no tuvieron la ventaja que tuve yo de nacer en una pobreza miserable", afirmó en varias ocasiones Kirk Douglas, que el viernes cumplirá cien años.

Nacido Issur Danielovitch Demsky en Nueva York, hijo de emigrantes rusos, el patriarca de los Douglas tuvo que sudar tinta china para llegar a destacar en el cine, combatir en una guerra y, aun así, quedarse sin su Oscar en competición tras tres nominaciones por legendarias interpretaciones. Su célebre hijo, en cambio, nació en Nueva Jersey como Michael Kirk Douglas, rodeado de atenciones y con la vía libre en un Hollywood que le ha dado dos Oscar de dos nominaciones. Una como productor por Alguien voló sobre el nido del cuco, por los derechos de adaptación que le había cedido su padre (al que, además, negó el papel protagonista), y otro como actor en el personaje de su vida, el tiburón de Wall Street Gordon Gekko.

Sus problemas llegaron una vez en la fama, cuando su condición de mito del thriller erótico con Atracción fatal o Instinto básico se trasladó a su vida real y tuvo que entrar en una clínica de desintoxicación por su adicción al sexo, las drogas y el alcohol.

Por ese y otros motivos, Kirk Douglas se había opuesto en un principio a que su hijo Michael desarrollara su carrera como actor, aduciendo que era una vida demasiado inestable.

"Cuando te conviertes en una estrella, tú no cambias, pero todos los demás sí", decía. Al fin y al cabo, una de sus mejores películas, Cautivos del mal, de Vincente Minnelli, era una cáustica crítica a los magnates de Hollywood y él mismo se arrepentía de no haber prestado atención a su familia. "Durante muchos años le consumió la culpa por ello y pasó mucho tiempo hasta que lo aceptó. Pero ahora nos llevamos muy bien", aseguró con los años Michael Douglas, quien ha conseguido estabilidad -jalonada de algunas crisis- al lado de otra estrella, la afamada actriz galesa Catherine Zeta-Jones.

Sin embargo, en el momento en el que su hijo insistía como actor y fue despedido de la obra de teatro La casita en el árbol, Kirk compró de nuevo los derechos para el cine y la flojísima película fue protagonizada por Michael Douglas, arruinando su reputación como productor, curtida en títulos como Espartaco. Ese mimado pero exitoso Michael Douglas representa la cara hermosa del relevo generacional: sus hermanos Eric, Joel y Peter también siguieron su genética cineasta pero sin salir del anonimato, algo que en el caso de Eric (que debutó al lado de su padre en El gran duelo, en 1971) terminó en una muerte por sobredosis el 6 de julio de 2004.

"La gente piensa que siendo hijo de Kirk Douglas no tienes que hacer nada. Si tienes éxito es lo normal. Si no, es que eres un capullo como el resto", resumió Michael. Kirk tuvo durante décadas una adicción, los cigarrillos que consumía de manera ininterrumpida, pero llega a los cien años tras superar una apoplejía e incluso protagonizando en el siglo XXI una olvidable comedia junto a su hijo titulada Cosas de familia (2003). Michael acababa de superar un cáncer de lengua (y lo superaría una segunda vez). El padre creó escuela y construyó su mito con grandes clásicos y memorables interpretaciones.

El hijo se adaptó a unos tiempos de interpretaciones menos afectadas pero con una versatilidad similar, tanto en sus comedias con Kathleen Turner, sus iracundos personajes en Un día de furia y The Game, su mencionada faceta erótica o su premiadísima encarnación de Liberace en Behind the Candelabra.

Eso sí, su intento de volver a la época dorada de Hollywood con la nueva versión de Un crimen perfecto, de Alfred Hithcock, cambiando a Grace Kelly por Gwyneth Paltrow, no salió del todo bien. Tampoco tuvo el reconocimiento esperado su último gran esfuerzo en el cine hasta la fecha, Jóvenes prodigiosos, de Curtis Hanson, cuyo fracaso superó gracias a la ayuda de su padre. "Mi padre me ayudó a superar ese fracaso. Su película favorita es Los valientes andan solos y nadie la vio ni entonces ni ahora. Su decepción me ayudó a llevar la mía", afirmó.

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