Entrevista

Norman Ohler: "Hitler comenzó a drogarse en la guerra contra Rusia"

"Antes solo tomaba vitaminas y glucosa para mantenerse joven", cuenta Ohler, que desvela en 'El Gran Delirio' las causas de la euforia artificial del Führer

25.10.2016 | 18:14
El periodista alemán Norman Ohler.

Un monstruo manipulador lleno de odio e incapaz de sentir la más mínima empatía, pero, sobre todo, un drogadicto, fuera de la realidad, es el retrato que el periodista alemán Norman Ohler hace de Adolf Hitler en El Gran Delirio (Crítica), una novela escrita tras cinco años de investigación en archivos alemanes y estadounidenses que desvela por primera vez la cara más oculta del III Reich: el consumo abusivo de drogas que enloqueció al ejército alemán en los años 30 y 40. A lo largo de 329 páginas, Ohler presenta al Führer, enganchado a un explosivo cóctel de cocaína y heroína que le sacaba de su más profunda miseria anímica y moral para elevarle a un estado de excitación desmesurada mientras sus soldados consumían una metanfetamina tan fuerte para no dormirse en el campo de batalla y asustar a sus adversarios, que veían en ellos una especie de temibles superhombres dotados de un arrojo artificial nunca antes visto en la guerra.

Hans Mommsen llegó a decir que es mérito suyo haber descubierto la cara oculta de la historia de la guerra. ¿Cómo es posible que haya pasado desapercibida hasta ahora la influencia del consumo de drogas en la loca aventura nazi?

Mommsen me reconoció que los historiadores no saben nada de drogas y las personas que no están familiarizadas con ellas son incapaces de entender hasta qué punto el consumo de estupefacientes influye en las personas y en los procesos históricos. A los historiadores les gusta más buscar razones de tipo económico o ideológico para explicar la historia y pasan por alto el papel de las drogas en los años treinta.

Es una materia en la que usted tiene más experiencia que muchos historiadores, ¿verdad?

Crecí en el Berlín de los años noventa y claro que he experimentado con las drogas, pero las dejé; si no, no habría sido capaz de escribir este libro.

Señor Ohler, ¿tenían los aliados alguna pista de lo que estaba ocurriendo en la mente del promotor de aquella guerra descabellada?

Algunos lo intuían, pero no tenían la certeza. La inteligencia británica se dio cuenta de que Hitler estaba muy mal en 1944 y por eso aparcaron los planes que tenían para asesinarle. Churchill pensó que era mejor continuar lidiando con un hombre delirante que tomaba decisiones incorrectas que matarle. De haberlo matado en aquel momento, a Hitler le habría sucedido Albert Speer y eso sí que hubiese sido peligroso. Lo que no creo es que ni la inteligencia británica ni la estadounidense tuviesen constancia del abusivo consumo de drogas de Hitler.

¿Qué indicios le condujeron a usted a investigar durante cinco años en archivos alemanes y norteamericanos los posibles efectos de las drogas en los éxitos militares del nazismo?

Todo comenzó cuando encontré las notas del doctor Morell en un archivo alemán de Coblenza. A través de la lectura de estas notas entré en los rincones más secretos e íntimos del régimen de Hitler.

¿Cuándo empezó Hitler a consumir drogas?

Empezó a consumir esteroides y hormonas en agosto de 1941 para potenciar su sistema inmunológico. En julio de 1943 dio un paso más en su carrera de drogadicto y comenzó a tomar opiáceos.

¿Cómo evolucionó la personalidad de Hitler a medida que mejoraban sus expectativas de éxito en la vida?

Su personalidad nunca evolucionó. Hitler usaba las drogas ante la frustración de los generales que sí veían la realidad y querían a veces cambiar de estrategia.

¿Era ya antes un megalómano sin límites o llegó a serlo de forma artificial?

Era un megalómano sin necesidad de tomar drogas. Su droga al principio era la energía que le proporcionaban las masas en sus discursos. A partir de 1941 Hitler dejó los discursos y se entregó a las drogas porque necesitaba algo más fuerte que la energía de las masas.

¿Necesitó el auxilio de las drogas para llegar al poder en Alemania?

No. Al principio no consumía drogas porque era un abstemio total: no bebía alcohol, ni comía carne, ni tomaba café. Hitler no se entretenía ni con mujeres por aquella época. Sólo le interesaba Alemania.

¿Cuándo y por qué se convierte Theodor Morell en médico personal del Führer?

Morell conoció a Hitler en las Navidades de 1936. Era el médico de Heinrich Hoffman, el fotógrafo del Führer, y se lo recomendó porque Hitler padecía dolores estomacales muy fuertes. Morell le recetó Mutaflor, aparentemente se curó y se hizo adicto a ese compuesto. Morell era un experto en inyectar vitaminas y hormonas a las celebridades de Berlín.

¿Es al comienzo de la II Guerra Mundial cuando comienza a consumir cada día un cóctel de hormonas, esteroides y vitaminas?

Comenzó en 1941, durante la guerra contra Rusia. Antes sólo tomaba vitaminas y glucosa para mantenerse joven.

El desembarco de Normandía fue al parecer un día feliz para Hitler, ¿no?

Hitler se acostaba muy tarde y dormía profundamente porque tomaba barbitúricos muy fuertes. Nadie se atrevió a despertarle mientras ocurría el desembarco. Cuando se lo dijeron se enfadó muchísimo, pero Morell le inyectó algo y de un segundo para otro cambió su humor y dijo que lo que pasaba no era una invasión.

Cuando ya todo estaba prácticamente perdido para los nazis, el doctor Morell le inyectó por primera vez según usted Eukodal, más fuerte que la heroína y de efectos inmediatos, para afrontar una reunión con Mussolini, quien quería que Italia se alejara de la guerra. ¿Cómo discurrió aquel encuentro entre ambos líderes?

Hitler estaba muy deprimido antes de aquella cita porque su aliado quería abandonar la guerra. No quería asistir a esa reunión y decía que le dolía mucho el estómago. Fue entonces cuando Morell le suministró Eukodal y de nuevo revivió. De camino a la reunión quiso una segunda dosis de Eukodal y esta vez se la inyectaron en vena.

¿Quiere decir que llegó colocado al encuentro con el líder fascista?

Llegó tan colocado que no paró de hablar ni un minuto. Mussolini no dijo ni mu mientras recibía además información de que Roma estaba siendo bombardeada. Hitler no paraba de decirle que todo iba a ir bien y por la tarde no dudó en felicitar a Morell.

¿Cómo eran las reuniones del círculo hitleriano en la Guarida del Lobo, en Rastenburg, con un jefe en permanente estado de euforia?

Muy difíciles. La gente que entraba en la Guarida del Lobo pasaba antes a ver a Morell para que les suministrase pervitina, lo que hoy se conoce como cristal o speed. No podían lidiar con un jefe tan eufórico de forma natural.

O sea, que los dirigentes nazis vivían fuera de la realidad?

Totalmente y eso se ve sobre todo al final de la guerra. Vivían en un entorno de búnker artificial.

¿Cómo reaccionó Hitler tras el atentado sufrido el 29 de julio de 1944 precisamente en su guarida?

Tomó drogas. Le habían perforado el tímpano y tenía el cuerpo lleno de astillas que había que sacar. Morell le volvió a inyectar algo y todo pasó.

¿Qué le inyectó?

Morell pone una X en sus notas.

El otorrino Erwin Giesing le recetó cocaína muy pura para los dolores que le dejó aquella explosión y siguió consumiendo Eukodal. ¿Adónde le llevó esa mezcla de efectos sedantes y estimulantes?

Todo ese frenesí de drogas comenzó en julio de 1944. Hasta octubre de ese año tomó cocaína más de 50 veces y siempre mezclada con Eukodal, lo que le provocaba el efecto speedball, un desmesurado estado de euforia, placer, estupor y excitación.

El 16 de septiembre de 1944 llegó a proclamar ante el asombro general que la gran victoria estaba asegurada y el doctor Giesing se alarmó y quiso retirarle la cocaína, pero Hitler se negó. ¿Qué pasó después?

Giesing vio con preocupación que a Hitler le encantaba la cocaína, que era un drogadicto muy enganchado y empezó a criticar a Morell, al que acusaba de envenenar al Führer. No le sirvió de nada entrar en conflicto con Morell, fue despedido y Hitler sólo dejó de consumir drogas cuando se le acabaron.

La droga se trasladó de la cumbre de la pirámide a la base y a los soldados les tocó el consumo de la pervitina, una metanfetamina muy potente, que los ponía como motos. ¿Qué efectos provocó en desarrollo de la guerra?

Lo cierto es que el consumo de metanfetamina era muy habitual en la población alemana de aquella época. Luego la comenzaron a consumir los soldados porque les mantenía despiertos. El ejército alemán no dormía mientras que el francés, que bebía vino, sí se quedaba dormido.

¿Se asustaban los soldados adversarios al ver el arrojo de unos alemanes que desconocían el miedo?

Sí, porque veían que eran unos soldados sin miedo y se extendió el rumor de que era un ejército invencible de supersoldados.

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