La fragilidad para Arteaga: un bosque de radiografías y semillas en agua

La artista, ganadora de la Bienal Regional de Artes Plásticas Santa Cruz-Cepsa 2015, abre en La Recova 'No tener nada y tenerlo todo'

12.10.2016 | 04:28
La fragilidad para Arteaga: un bosque de radiografías y semillas en agua

Un bosque de horcones de madera de los que brotan radiografías de miembros humanos y surcos de botes de cristal con semillas de berros de agua, que germinarán con el paso de los días, son parte de las creaciones con las que Adelaida Arteaga reflexiona sobre la fragilidad de la existencia. Se trata de algunas de las instalaciones que ha dispuesto Arteaga en el Centro de Arte de La Recova en el proyecto No tener nada y tenerlo todo, en donde estará expuesto hasta el 6 de noviembre por parte de la creadora, galardonada con el primer premio de la Bienal Regional de Artes Plásticas Santa Cruz de Tenerife-Cepsa 2015.

Adelaida Arteaga explicó en la presentación de la muestra que "el discurso" que surja de la contemplación de la instalación no tiene que ser el suyo como artista, sino el del propio espectador, y subrayó que la idea le surgió también como consecuencia de la crisis y la falta de patrocinadores, lo que le motivó a recolectar el material entre donantes a través de Facebook.

De esta manera recopiló centenares de botes de cristal, horcones de madera que se utilizan tradicionalmente en Canarias en el cultivo de las plataneras, cintas de VHS, radiografías y materiales que eran de propiedad familiar de la creadora, como los tradicionales manteles de ganchillo para las mesas.

Arteaga se ha percatado además de que el hecho de ceder piezas para la exposición ha suscitado interés por el arte contemporáneo entre los donantes, muchos de los cuales no se habían acercado a una exposición en este ámbito.

Al entrar en la sala del Centro de Arte La Recova el espectador se encuentra ante hileras perfectamente alineadas -surcos- de envases de cristal llenos de agua hasta la mitad, y que contienen en su interior semillas de berros de agua que irán brotando con los días y que al finalizar la exposición habrán surgido en medio del líquido, ya corrompido.

"Es una muestra del paso del tiempo", aseveró Arteaga, quien precisó que también esta idea se refleja en su bosque de horcones de madera de los que parecen brotar las radiografías de cerebro, ojos e intestinos en una especie "de segunda oportunidad" de la vida. La creadora no fija estas piezas a la pared sino que las apoya en ella para jugar con las sombras que proyectan, como ocurre en las figuras instaladas de un corazón de piedra que echa raíces y semillas secas de palmeras dispuestas en forma de alas, y unidas en el centro por una especie de huevo dorado. Por el suelo discurre una alambrada, una pieza "incómoda" según la creadora porque es algo "con lo que puedes tropezar en cualquier momento" y que de nuevo refleja la idea de la fragilidad.

A modo de móvil colgante penden las mirillas doradas rodeadas de pestañas femeninas -la mirada de la mujer que reivindica Arteaga- y que permiten ver toda la sala.

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