Cine El Rey Midas regresa a las pantallas

Spielberg, un cineasta de referencia

Las películas del director de 'Mi amigo el gigante' han marcado a varias generaciones de espectadores y realizadores

17.07.2016 | 04:42

Durante las últimas cuatro décadas, el nombre de Steven Spielberg ha sido sinónimo de calidad, de éxito y, también, de diversión. Pero el cineasta norteamericano, que ha estrenado Mi amigo el gigante, es más que un simple director: es un referente para varias generaciones de espectadores y, también, de realizadores.

Desde que en 1971 deslumbrase a propios y extraños con el telefilme El diablo sobre ruedas, la filmografía de Spielberg está marcada por la tensión entre su condición de director de éxito, de auténtico Rey Midas de Hollywood, y sus pretensiones autorales. Una tensión que ha terminado por escindir su producción en dos, con una alternancia, no siempre saludable, entre los filmes más personales y otros que, sin perder el sello inconfundible del cineasta, buscan llegar a un público más amplio. La paradoja es que son los segundos los que, realmente, han convertido a Spielberg en un referente.

La explicación quizás se deba a que, en nuestra niñez y aún en la adolescencia, las películas que realmente nos gustan, las "buenas", son las que nos entretienen y, en última instancia, nos impactan. Y en las últimas décadas, nadie logró conectar con el público como el director de Tiburón, Encuentros en la tercera fase, E.T., Parque Jurásico o la celebradísima saga de Indiana Jones.

De hecho, muchas de estas películas marcaron a generaciones enteras de espectadores. Para los adolescentes criados en los años setenta y ochenta del pasado siglo, sus referentes siempre serán la saga de La guerra de las galaxias que ideó George Lucas por un lado, y la del arqueólogo interpretado por Harrison Ford, y creado por el propio Lucas y Spielberg, por otro.

En la década de los ochenta, además, Spielberg profundizó en su faceta de productor, impulsando otra saga mítica como es Regreso al futuro, y una película profundamente generacional: Los Goonies. En esta década, en todo caso, fue cuando comenzó a percibirse una primera escisión en el cine de Spielberg, con filmes como El imperio del sol o El color púrpura, en los que anidaba una pretensión del cineasta por alcanzar cierto estatus de autor, por reivindicar su condición de artista.

No hacía falta, claro está. Su talento para la acción y para la narrativa cinematográfica era de sobra conocido. Pero su predilección por los géneros populares y, a mayores, su éxito en taquilla le habían dejado fuera de la carrera por los premios, como quedó claro en la ceremonia de los Oscar de 1985, de la que El color púrpura se fue de vacío pese a partir con once nominaciones. Sólo en una disciplina tan bipolar como el cine, mitad arte mitad lucrativo negocio, se puede minusvalorar a uno de sus mayores creadores sólo por tener éxito.

Sería en la década de 1990 cuando Spielberg alcanzaría al fin el ansiado prestigio como autor, sobre todo después de que La lista de Schindler obtuviese siete Oscars en 1993, incluyendo el de Mejor Director. La película, además, funcionó extraordinariamente bien en taquilla, aunque el auténtico pelotazo del año sería otro filme de Spielberg: Parque Jurásico.

Desde ese año, con más fuerza aún que en su trayectoria anterior, Spielberg ha dividido su filmografía entre las películas orientadas a un público masivo, como El Mundo Perdido, segunda parte de Parque Jurásico, La guerra de los mundos, Atrápame si puedes o Las aventuras de Tintín, y otras con un perfil más adulto, equívocamente interpretadas como "más personales", como pueden ser Salvar al soldado Ryan, Inteligencia Artificial o las recientes Lincoln y El puente de los espías.

La línea entre ambas vertientes, por supuesto, es muy delgada: ¿Dónde encajan Minority Report o la extraordinaria Munich? Todos los filmes, en todo caso, tienen su impronta personal, aunque es cierto que son quizás los más populares los que han marcado a los espectadores y, por extensión, a los cineastas más jóvenes.

De hecho, hay toda una generación de creadores que, sin ocultar la influencia de Spielberg, aspiran a domeñar las taquillas con películas que contengan el sabor añejo de aquellas aventuras con las que ellos crecieron. El caso paradigmático es J.J. Abrams, renovador de la sagas galácticas de Star Trek y Star Wars y que no dudó en homenajear a Spielberg en Super 8, una versión singularmente oscura de E.T. con aroma ochentero.

Otro ejemplo señero: Joss Whedon, creador de Firefly y director de Los Vengadores, que siempre reconoció su fascinación por Encuentros en la tercera fase. Dentro de la Marvel destaca también James Gunn, director de la sugerente Guardianes de la galaxia, cuyo inicio homenajea con estilo e ingenio a En busca del arca perdida. Otro más: Colin Trevorrow, que ha reventado taquillas con Jurassic World. Todos ellos se criaron con las películas de Spielberg y ahora, tras la cámara, aspiran a seguir sus pasos.

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