Canarias, cuna de talentos líricos

La voz prodigiosa de Celso Albelo

El tenor lagunero remata la temporada de ópera en el Teatro Real de Madrid - Es la guinda a un año espléndido para el tinerfeño, cuyo talento lo ha aupado hasta el pedestal del bel canto

10.07.2016 | 03:52
La voz prodigiosa de Celso Albelo
La voz prodigiosa de Celso Albelo

Dicen que el arte primero se siente y después, cuando ya ha tocado el corazón, sube hasta la cabeza. El trabajo del tenor canario Celso Albelo consiste básicamente en desatar emociones. Sobre el escenario su voz poderosa, redonda, con esa gama de matices se lanza sobre los incautos que escuchan hasta que logra, sin que ellos puedan evitarlo, arrebatar sus sentimientos. La magia de la ópera, su secreto radica en la fascinación que provoca. La llave para abrir esa caja de pandora sólo está en la mano de unos pocos, esos artistas que son capaces de emocionar, de provocar cosquilleos en la piel, con la grandeza de su voz.

El tenor lagunero Celso Albelo cierra este año la temporada de ópera del teatro Real de Madrid con una nueva interpretación de la obra de Vincenzo Bellini I Puritani. No es una pieza fácil, ni mucho menos. Pero a él le gustan los retos, los personajes difíciles, de esos que cuesta tanto interpretar con unos agudos inhumanos, con un tercer acto que parece no tener fin, con esa cascada interminable, pero al final "lo disfrutas, igual que el público, que además para eso estamos ahí, para remover ilusiones. Para tocar esas fibras, que si lo logras?", Ya tienes a un amante de la ópera para el resto de su vida.

Albelo lleva 12 años en la élite. Actuando en los grandes templos de la ópera mundial. Acaba de estar en el Metropolitan de Nueva York y en el Bolshoi de Moscú: "Esto para mí es un sueño, y verme en estos dos escenarios es un gran espaldarazo".

Desde que comenzó a despuntar como un tenor atrevido y de voz generosa le llueven elogios, desde Plácido Domingo, que lo coloca en un pedestal, Y en las listas que se elaboran entre los apasionados de este arte lo sitúan entre los mejores a nivel internacional. Su carrera aparece salpicada de premios importantes. Ya ha recibido en dos ocasiones el Oscar de la Lírica, pero en el fondo, y casi es su mayor virtud, sigue siendo sólo aquel chico de La Laguna que para ganar algo de dinero tocaba en la tuna, y en las agrupaciones que fueran precisas.

La historia de Celso Albelo puede parecerse a otras muchas. La de un joven canario amante de la música que de pronto descubre que su horizonte está más allá. Tan lejos como le permita su genio y unas altas dosis de esfuerzo y curiosidad.

Antes de dar ese salto de fe, Albelo empezó a estudiar en la Universidad de La laguna Historia del Arte, además formó parte de agrupaciones tan reconocidas en la isla como Los Fregolinos, o el Orfeón La Paz, grupos ligados al Carnaval de Santa Cruz de Tenerife. Formaciones líricas muy apreciadas. La actuación de Fregolinos en la Plaza del Príncipe siempre fue una cita obligada para los tinerfeños.

Albelo también ingresa en el Conservatorio de Música, allí coincide con otros cantantes como Pancho Corujo de Lanzarote, que se convierte en un gran amigo.

La pasión por la lírica, por lograr vivir y hacer disfrutar con este arte lleva a Celso Albelo a trasladarse a Madrid para mejorar su formación. Recibe clases en la Escuela Superior de Canto Reina Sofía, "a veces en Canarias, si destacas un poco, tiendes a conformarte con eso, yo no quería que me pasara como le ocurrió a otros compañeros, quería poder hacer esto, lo que estoy haciendo, y no arrepentirme por no haberlo intentado".

Comienzos

Los comienzos nunca son fáciles y para él tampoco lo fueron: "Cuando llegué tuve que compartir un piso con un chico que no conocía de nada. Como él llego primero, y sólo había dos habitaciones, una con ventana y otra sin ventana, a mí me tocó la que no tenía ventana, y así pasé un tiempo".

Para costearse las clases tuvo que buscar pequeños trabajos, "te acuerdas que antes en las bocas de metro se repartía periódicos, de esos gratuitos, pues yo fui uno de esos chicos que se levantaba muy temprano para hacer eso". Albelo se siente muy orgullo de haber salido adelante con su esfuerzo, y sobre todo de tener la familia que tiene, "mi padre es taxista, somos gente sencilla y trabajadora, del polígono de San Benito en La Laguna".

Superados esos años de estudio, de pruebas agotadoras, de constancia y paciencia, Albelo sobre el escenario comienza a desgranar su pasión y su técnica. Uno de sus mayores logros ha sido cantar antes de cumplir los cuarenta años en los mejores teatros del mundo. Y sin olvidar nunca sus orígenes, en realidad desde que está fuera, desde que no cesa de recorrer las grandes capitales, se ha dado cuenta de lo valioso que es ser canario. "Soy un enamorado de las islas. Fíjate, el único lugar en el que realmente descanso, en el que me gusta estar es en mi casa en Tenerife. Estar con mi hijo, y después hacer lo que hace la gente normal, ir a comprar al mercado, que la señora te cuente una historia, con esa forma de ser que tenemos, eso me encanta".

A este lagunero se le llena la boca de elogios sobre su tierra. Sin perder el acento, "mira que la gente me lo pregunta, cómo no lo has perdido, si llevas 20 años fuera, pues no, y además por qué lo voy a perder".

Albelo recibió en el 2013 la Medalla de Oro de Canarias, un reconocimiento que le hizo especial ilusión, "para mí es un orgullo y una responsabilidad llevar fuera el nombre de las islas". Como parte importante del escaparate cultural mundial quiere que el Archipiélago tenga un lugar destacado, "en esta tierra hay mucho talento, en muchos aspectos. Sólo hay que fomentarlo, que proporcionar espacios que sirvan para dar salida al arte, en todas sus manifestaciones".

Alrededor del mundo de la ópera siempre ha existido una especie de nebulosa elitista que sólo admitía a personas de gran poder adquisitivo y además se entendía como algo esencial que para amar o aceptar la lírica había que saborearla desde niño. Celso Albelo se muestra tajante, totalmente contrario a este planteamiento. Considera que no hace falta tener un piano en casa para sentir este tipo de música: "yo soy un ejemplo de que eso no es así. No se trata de educación, se trata de sentimientos, por qué la opera ha perdurado durante tantos años, porque toca fibras, porque se siente. También hay que perder de una vez el miedo a esta locura que es la música clásica". Otro de los mitos que Albelo y su actitud tratan de romper tiene que ver con el ego exaltado de algunos divos de la lírica, "aquí como en otros mundos hay de todo, evidentemente que los artistas tenemos nuestro ego, después cada cual con su forma de ser. Yo tengo amigos, buenos amigos, que son compañeros de trabajo, y los que no me convencen, con esos, no pierdo el tiempo".

Cada vez que alguien le hace una entrevista, siempre aparece el nombre de Kraus. Uno de los grandes referentes de la música clásica en Canarias y en el mundo. Albelo reconoce que la sombra del tenor grancanario es muy alargada, pero no sólo para él, para todos los que se suben a un escenario y se atreven con uno de los papeles que en su día cantó Kraus.

El tinerfeño Celso Albelo tal vez algo cansado de tantas comparaciones suele decir que "la gente que me quiere bien dice que soy un digno sucesor; la gente que me quiere mal dice que cuando deje de imitarle puedo llegar a cantar algo. Claro que para mí es un referente, pero yo tengo mi propia personalidad".

Tranquilo, con esa forma de ser tan canaria, Celso Albelo, va camino del Teatro Real. Por fuera de este gran edificio, situado en el centro de Madrid, grandes cartelones anuncian la representación de la ópera I Puritani de Vincenzo Bellini, una cascada memorable de sensaciones, como las que debió sentir Julia Roberts en su papel de Pretty Woman. El responsable de desatar esos sentimientos es un tenor lagunero. Un chico de San Benito que terminó por lograr su sueño.

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