Josep María Pou: "He interpretado a Sócrates buscando al hombre que se esconde tras la filosofía"

El veterano actor catalán Josep María Pou lleva casi un año dando vida al filósofo Sócrates

15.06.2016 | 15:44
Josep María Pou interpretando a Sócrates en el Festival de Mérida.
Josep María Pou interpretando a Sócrates en el Festival de Mérida.

Bajo la dirección de Mario Gas,
Sócrates. Vida y muerte de un ciudadano hablará al público del Teatro Guimerá este viernes y sábado a las 20:30 horas sobre la democracia. El barcelonés, uno de los grandes nombres del teatro español, junto a otros seis actores, recrearán el juicio al filósofo, condenado a muerte por denunciar la corrupción y la superstición. Las entradas están a la venta a 27, 25 y 23 euros.

¿Cómo es este Sócrates?
Es un espectáculo dirigido Mario Gas, quien firma el texto junto a Alerto Iglesias, que es también uno de los actores. Es una producción del Festival de Teatro Clásico de Mérida en colaboración con el Festival de Verano de Barcelona, el Grec, para representarse 5 días en Mérida y 15 en Barcelona y en Tarragona en verano. A raíz de su estreno en julio de 2015, se vio que al público le interesaba mucho más de lo que habíamos previsto y empezaron a surgir peticiones de los teatros españoles. En Tenerife van a ser las dos últimas funciones de esta temporada de este primer año de vida de Sócrates y volvemos después del verano. Sin pensarlo, se ha convertido en uno de los espectáculos del año. La intención era, utilizando la figura de Sócrates y lo que le ocurrió en Antenas reflexionar acerca de cómo es nuestra democracia. Aun cuando en el escenario yo interpreto a Sócrates y los demás compañeros a personajes de su entorno, vestimos túnicas blancas y aquello tiene un aire ceremonial, de gran teatro clásico, en realidad estamos haciendo un texto contemporáneo. Hablando de la Atenas de hace 2.500 años es el público el que de una manera muy inteligente desde el principio se da cuenta de que hablamos de ahora y nosotros.

El final de Sócrates fue triste, ¿cuánto de esto hay en la obra?
Lógicamente el final de Sócrates, como cualquier muerte de alguien a quien admiras es triste pero lo que hay en la obra es mucha reflexión. Desde el primer momento los actores hablamos directamente con el público, que participa de manera muy activa porque en el momento del juicio el teatro Guimerá se va a convertir en el publico real de la asamblea. Es un espectáculo vivo, casi un collage de distintas escenas mezcladas con monólogos de los personajes hasta llegar al momento de la muerte de Sócrates en el que nos dio a todos una lección, que yo creo que es uno de los factores de éxito del espectáculo porque a todos les conmueve mucho cuando este hombre es condenado a muerte simplemente por incitar a la gente a que busque la verdad y que no se crea lo que dicen los gobernantes. Aquella democracia estaba ya tan corrupta que todo el mundo sabía que con unos dineros sería fácil sobornar a los funcionarios de justicia y los carceleros para que Sócrates pudiera escaparse y salvar la vida. Cuando sus discípulos y familiares tenían ya las bolsas de dinero preparadas él se negó y lo impidió rotundamente con un razonamiento que es admirable: dijo "no, en absoluto, si me han condenado a muerte en base a unas leyes de la democracia que yo he aceptado y que todos nos hemos comprometido a aceptar, si yo ahora me escapara estaría perjudicando a las leyes y demostrando que se pueden saltar y no, son sagradas, por lo tanto, yo debo morir". Y así murió con un ejemplo que todavía emociona.

Interpretar a Sócrates es una gran responsabilidad. ¿Qué ha aprendido de este personaje?
¡Uh! Tanto que necesitaría horas. La ventaja de los actores es que cada vez que pasamos a través de un personaje, si es importante sale uno crecido, ha aprendido más cosas de la vida. Yo digo siempre que los personajes nos hacen a los actores mejores actores y mejores personas al tiempo. Cuando me ofrecieron interpretar a este Sócrates me asusté porque el simple nombre del padre de la Filosofía se te cae como un pedrusco de esos antiguos. Enseguida te das cuenta de que era un hombre más, incluso entrañable, algo que aprendí en el periodo de documentación y ensayos. Era un hombre que vivía pobremente a pesar de tener familia, mujer e hijos, vivía prácticamente de la caridad. No cobraba ni una peseta por sus clases, caminaba descalzo por Atenas, vestía pobremente y se dedicaba a ayudar a los demás. De ahí nació la Filosofía: reflexionar quiénes somos, qué estamos haciendo aquí, cuales son nuestros intereses, dónde está la verdad... pero por encima de todo era un hombre muy llano, con carácter duro y así he intentado interpretarlo, buscando al hombre prácticamente desnudo que se esconde detrás de todas esas lecciones de filosofía. Se ha dado la circunstancia, que me ha ayudado psicológicamente, que el personaje murió con 70 años y 70 son los que tenía yo cuando empecé los ensayos. Es la primera vez que la edad de un personaje histórico, no de ficción, coincide con la mía real. Sabemos que los 70 de ahora no son los de la antigua Grecia pero me ha ayudado para sentirme más identificado.

Imagino que ayudó a esa conexión entre actor y personaje.
Sí, mucho. Los dos llevábamos los mismos años en la Tierra. Por lo menos eso lo tenemos en común. He tenido la suerte de interpretar a muchos personajes buenísimos pero este Sócrates me hace enormemente feliz. Tener el placer de decir a mis contemporáneos ciudadanos las cosas tan fantásticas que dice Sócrates en escena, ya no como actor, sino como ciudadano, me hace sentir como un ser privilegiado.

¿Ve algo de Sócrates en algún líder actual?
¡Ya me gustaría! Vi el debate el lunes y me aburrí enormemente porque no hay ni una sola idea nueva, no hay nada que no hayamos oído 50.000 veces, con lo cual ya no te crees prácticamente a nadie. Lo que enseñaba Sócrates era a que cuando escuchas a todos esos grandes gobernantes, intenta hacer esfuerzo de intentar descubrir la verdad, que está escondida. Y estos políticos lo que hacen es poner mucha paja por delante para no llegar al fondo de la cuestión y más en campaña electoral. No encuentro en ninguno de los grandes gobernantes, ya no digo españoles, la pureza u honestidad de Sócrates, porque harían lo mismo que él: se dedicarían a los demás sin cobrar. Quiero creer que hay muchos Sócrates en muchos de los pequeños líderes de las comunidades vecinales u ONGs. Creo más en los Sócrates anónimos que hacen una labor fantástica que no en el cuadro de dirigentes mundiales.

Esa es la esperanza que queda; hay que ser optimistas.
A pesar de todo Sócrates es un espectáculo enormemente optimista. Por ejemplo, las últimas frases dicen: Mi nombre es Sócrates, nací en Atenas, viví en Atenas, encontré la muerte en Atenas y sin embargo nazco todos los días, vivo en todas las épocas y nunca moriré. Es un canto de esperanza. Siempre nos entregamos al público pero las actuaciones en Tenerife van a ser especiales porque es nuestro fin de curso. Creo que el espectáculo llega a punto de caramelo a la Isla.

¿Les dará tiempo de ver la Isla?
No creo. Yo voy un día antes y por eso tendré ocasión de caminar por Santa Cruz y a lo mejor me acerco a pasear por La Laguna, que es un sitio que conozco y me entusiasma perderme por esas callejuelas con tanta historia. Todo el mundo asocia Tenerife con vacaciones, lo cual es estupendo, pero hay que aclarar que nosotros venimos a trabajar. He estado varias veces allí y puedo decir que tenéis una tierra maravillosa. Ojalá tuviera más días para quedarme pero el domingo mismo empiezo a rodar una película con Pablo Berger, Abracadabra, con quien tuve una experiencia fantástica en Blancanieves, por la que estuve nominado al Goya.

¿Qué le parece el sabotaje que vivió la zarzuela de Paco León?
No le doy mayor importancia. Noticias como esta se magnifican. Toda la vida en el teatro ha habido público que ha pateado y silbado continuamente. No veo que sea un hecho extraordinario que en el Teatro de la zarzuela de Madrid haya una gente a la que no le guste lo que están haciendo en el escenario. Forma parte del hecho teatral. Voy a cumplir 50 años de carrera y he visto montones de pateos y funciones interrumpidas. A mí me ha pasado. La misma libertad de expresión tienen los que están encima del escenario que el público y por tanto no hay que condenarlo. No digo que sea el caso pero a lo mejor se protesta porque el espectáculo es malo.

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