Canarios adictos al swing

Las dos islas capitalinas ya tienen asociaciones de amantes de este energético baile, que vive esta semana su primer festival en Las Palmas

24.05.2016 | 02:00
La última reunión de los bailarines de swing de ambas Islas, en abril en el Teatro Leal y el Café Atlántico de Santa Cruz.

Ya no es raro encontrarse en las calles o locales de La Laguna, Santa Cruz o Las Palmas de Gran Canaria a un grupo de bailarines de swing dejándose la piel al ritmo de la música neoyorquina de los años 20. Y es que es tal el auge de esta modalidad dancística, que en realidad se llama Lindy Hop, que ya hay dos asociaciones recién constituidas: Paradise Swing Canarias, en Tenerife, y Mojo Swing, en Gran Canaria. Ambas han vivido una evolución muy parecida en los últimos dos años hasta constituirse formalmente, un logro que se afianza con el primer Mojo Swing Festival, organizado por los grancanarios contando con el apoyo de los tinerfeños. El evento, en el que la Plaza de Santa Ana de la capital grancanaria se convertirá de jueves a domingo en una pista de baile, llevará a la Isla a bailarines profesionales internacionales, como la alemana Meike Heller. Las inscripciones para todos los talleres ya están llenas pero eso no quita para que los interesados no se acerquen a disfrutar. Hasta allí acudirán los tinerfeños en peso.

No solo ha crecido el número de adictos a este dinámico y enérgico baile que pone movimiento a un jazz más orquestal y melódico, que en ambas asociaciones se encuentra en torno a las 40 personas, sino que también los músicos locales se han unido a la moda. En el caso tinerfeño, Fran Baraja supone la gran referencia y apoyo para los bailarines de Paradise, presidida actualmente por Tomy López. En sus múltiples versiones musicales, desde Barraquito Brothers hasta Skywalker Swing Trío, el músico y cantante lagunero "ha sido todo un lujo y nos viene de miedo porque no es lo mismo bailar con música grabada que con un directo", explica el artista Javier Sicilia (de Martín & Sicilia), miembro de la junta directiva de Paradise junto a otras siete personas. El bailarín cuenta que Baraja apoya mucho a la escena swing de la Isla, acudiendo siempre que puede a las quedadas callejeras o fiestas en locales que organizan. Sicilia, quien también destaca al grupo Sinvergüenzas, comenta que "nosotros también vamos a sus conciertos".

En Gran Canaria no ha habido una figura tan clara pero sí se han unido muchos músicos de jazz hasta formarse directamente la Mojo Swing Band, que acude junto a los bailarines a las fiestas y actividades que celebran. Jonay García, presidente de Mojo Swing, explica que "en Gran Canaria hay mucha tradición de jazz pero los músicos no tienen la costumbre de tocar para el baile pero con las fiestas que hemos ido haciendo los músicos han ido evolucionando con nosotros hasta formarse la banda". García, miembro de Digital 104, cuenta que muchos de los socios son músicos así que con su ayuda más la de otros conocidos se ha creando la banda.

Ambas asociaciones ofrecen formación en Lindy Hop para que la familia crezca. Paradise, que suele invitar a bailarines profesionales de otros países europeos, oferta actualmente clases en cinco academias de La Laguna y Santa Cruz con precios desde los 15 y 35 euros, en función del lugar y del número de alumnos, puesto que en parejas y grupos hacen descuentos. En Mojo no hay una formación regular pero sí organizan talleres puntuales, también con profesores internacionales. Las dos agrupaciones tienen perfil en Facebook, por el cual se les puede contactar. Muchos asociados habían bailado otros estilos antes pero otros comenzaron de cero sin dificultad. Sicilia cuenta que "una vez sabes los pasos básicos ya puedes bailar; es un baile muy técnico pero se improvisa mucho".

Germen extranjero

El italiano Marco Mazza, que estuvo de Erasmus en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria en 2014, fue el responsable de la corriente grancanaria. "Él bailaba swing en Italia y comenzó a enseñarnos aquí a un grupo que fue creciendo, pero cuando terminó de estudiar, en junio de 2015, se marchó y nos dejó un poco huérfanos", rememora García. El grupo siguió quedando y aumentaba sus conocimientos en el Lindy Hop gracias a tutoriales de Youtube. "Seguimos bailando, sobre todo en la calle, y vimos que se había plantado una semilla que crecía, y decidimos asociarnos para que, con las cuotas, pudiéramos reunir y traer a profesores de fuera a dar talleres", afirma el líder de Mojo Swing.

Oliver Braun fue el alemán que comenzó a bailar en Tenerife y formar adeptos, aunque Sicilia también había aprendido en su estancia en Berlín y a López siempre le interesó el Lindy Hop. "Decidimos unirnos y formar una asociación para afianzar la escena", explica Sicilia, quien añade que "tras un año de habernos formado, decidimos que teníamos que dar clases porque la demanda era muy alta". Este germen extranjero se explica porque casi 40 años después del nacimiento del swing, a mediados de los 80, Europa lideró su resurgimiento.

Lo llaman baile social y la calle es su principal hogar. Sicilia cuenta que "bailando swing te sientes feliz porque es una música animada que recuerda a los grandes momentos cinematográficos de la Historia". Este artista, que confiesa que se hace mucho ejercicio con el Lindy Hop, destaca el enriquecedor ambiente en el que se desarrolla: "Cuando no bailas estás teniendo conversaciones con personas de diferentes mundos que tienen entre 20 y 60 años". El swing como música, un tipo de jazz, se puede bailar de distintas maneras como el charlestón o balboa pero solo el Lindy Hop ha enamorado a los canarios.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine