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María Juncal: "Programas como 'Top Dance' no son la realidad de un bailarín"

"No hay tradición flamenca en las Islas pero sí comunidad, y cuando hay un espectáculo, los teatros se llenan", asegura la bailaora canaria

23.04.2016 | 01:27
La bailaora grancanaria María Juncal en una de sus últimas sesiones de fotos.

La prestigiosa bailaora grancanaria María Juncal, uno de los nombres relevantes del panorama actual flamenco, llega el próximo viernes día 29 a Santa Cruz para bailar con su Flamenco al Natural en la Fundación CajaCanarias.

¿Cómo es su espectáculo?

Flamenco al natural ha tenido ya un largo recorrido y ha estado nominado a varios premios fuera de España. Es representativo de esta estampa más directa de eso que tiene uno en la retina cuando le nombran flamenco, del cante el toque y el baile. Es la forma más natural que yo tengo de expresarme.

¿Qué les diría a los que no se han acercado al flamenco?

Les diría que el flamenco es vibrante. Transmite mucha energía, pasión, emoción. En su cante, su toque y en la manera en al que se expresa el baile hay muchísimas emociones, hay una cuestión muy visceral y eso impacta muy directamente al público. Además. No hay que saber flamenco para disfrutar de él.

En Canarias no existe una tradición de flamenco, ¿cómo ha vivido esta doble condición?

En Canarias no hay una tradición como tal pero una de mis abuelas tenía una escuela, había acabado su vida profesional en Las Palmas de Gran Canaria. Luego nosotros nos fuimos a Tenerife y encontré una escuela que impartía Danza Clásica Española. He tenido que marcharme porque efectivamente en las Islas no podía continuar, seguir aprendiendo. Ahora lo que me encantaría sería impulsar y revertir en la gente de las Islas que tiene interés en el flamenco todo lo que yo he ido aprendiendo.

Sin embargo da la sensación de que es un género que va en aumento: se acaba de crear una peña del Flamenco en Santa Cruz.

Creo que hay comunidad, varias escuelas, gente que va a estudiar a Madrid... Lo que quizá pasa es que la sociedad no se hace eco de ella.

Acabo de dar mi primer cursillo en Las Palmas y tuve mucho alumnado. Que la gente esté tan enamorada y entusiasmada con el flamenco como sucede en todas partes del mundo me sorprende. Cuando un espectáculo de flamenco se representa en un teatro isleño, se llena.

¿Qué opina de la fusión flamenca en la música y el baile?

Pienso que es algo que está a la orden del día porque tenemos tantos elementos a nuestro alcance que existe esa tendencia. Creo que hay cosas muy bien hechas y otras que en el intento de fusionar no salen tan bien. Creo que la gente cuando tiene calidad, ésta se deja ver en cualquier propuesta que haga. Algunas me llegan a emocionar y otras se quedan a medio camino: no son una cosa ni la otra. Por ejemplo Flamenco al Natural no tiene esa fusión: es flamenco actual. No me manifiesto en contra de la fusión, tiraría piedras sobre mi propio tejado. Una de las obras con las que me estoy moviendo pro el mundo está basada en el Diario de Ana Frank y tiene una propuesta danzística, un lenguaje que no es estrictamente flamenco, si bien abreva de él. Es cierto que cuando hay un cante y guitarra por soleá, lo que me gusta es bailar por soleá. Pero por supuesto no estoy cerrada a propuestas, creo que la libertad artística es muy importante.

Musicalmente, ¿prefiere las nuevas creaciones flamencas o se considera más clásica?

Los bailaores actualmente vivimos un una evolución tremenda sobre todo de la guitarra dentro del flamenco. A la par el baile ha tenido que ir entendiendo esa nueva rítmica y concepto, que sigue sonando flamenco pero que se ha convertido en un virtuosismo musical capaz de hermanarse con otros estilos e incorporar instrumentos como el violín o el contrabajo. Creo que hay un solo flamenco, es una raíz.

¿Cómo es la relación entre bailaor y músico?

Es preciosa porque el flamenco se hace con música en vivo y es lo que sugiere esa espontaneidad. El hecho de construir musicalmente un baile y ver a dónde te lleva es un proceso maravilloso. Es una de las cosas que más me gustan: tener una idea, un concepto creativo y poder compartirlo con mis músicos y ver qué se va generando.

¿Se acaba haciendo familia?

Hay muchas veces que sí y, como todas las familias, también hay algún inconveniente, pero generalmente no hay tropiezos. En el escenario se comparten cosas muy íntimas porque es el lugar done nos desprendemos de muchas capas y se nos ve quiénes somos. Desde esa intimidad que se comparte en el escenarios se hacen lazos. Y cuando esa complicidad existe se nota en el espectáculo.

¿Cuál fue la clave para dedicarse al baile?

Bailé desde niña, siempre me gustó. A mí nadie me inculcó el baile: mi abuela no me decía que tenía que ir a bailar. Hasta que yo no lo dije nadie me empujó. Tiene que ver la tradición familiar porque de una forma abstracta entendía cosas del flamenco, de su rítmica, de sus palos. Lo definitivo fue el amor que me despertó el baile.

¿Algún espectáculo que vio le abrió los ojos?

No. Realmente lo que detonó que yo empezara fue una maestra ecuatoriana que vino a dar un curso en la Escuela de Rosalina Ripoll en Tenerife. A los dos días me propuso bailar en su grupo por los hoteles del Sur. Me dijo que yo no era profesional, que haríamos un intercambio y no la dejé terminar. Le dije que sí. Ahí empecé. Llegué a casa y le dije a mi madre que bailar iba a ser mi vida. A los 17 días debuté en los hoteles. Estuve un tiempo hasta que me fui a Madrid porque sabía que quería tener mi compañía y colgar mis carteles en los teatros y me fui a Amor de Dios, que es la escuela de flamenco por excelencia en el mundo.

Hay gente que quiere dedicarse al arte pero tienen miedo al fracaso. Usted está cumpliendo su sueño, ¿qué consejo les da?

Con miedo no lo pueden vivir, solo se cierran puertas. No se abraza con miedo a una profesión como ésta. Los sueños solo se pueden perseguir caminando. Sé que es una frase trillada pero así se pueden alcanzar muchas cosas. Todos los días doy gracias de los pasos que di y ahí sigo luchando.

¿Qué opina de los programa tipo Top Dance?

Me parece que son eso, para vender muchas cosas que no es la realidad de un bailarín, para nada. Un bailarín no se forja así. Hay gente que a lo mejor llega con un background pero creo que el que ya es un profesional y se está matando en un estudio ocho horas diarias tiene otro camino.

¿Algún escenario como meta?

Esos son los grandes sueños: los teatros del mundo. Es una cuestión emocional estar en teatros emblemáticos. La verdad es que me encantaría bailar en la Ópera de París. También me haría mucha ilusión bailar en los teatros representativos de nuestras Islas. Todos los foros para el artista suponen el mismo reto y respeto.

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