El artista malagueño Carlos Aires ofrece una realidad molesta en 'Sweet Dreams'

Esta muestra de vídeoarte se podrá visitar en el Espacio Cultural de El Tanque

21.03.2016 | 02:20

La serie del malagueño Carlos Aires Sweet Dreams (are made of this) se compone de impactantes imágenes de catástrofes, guerras, violencia e iconos del día a día atribuidos al capitalismo, planteando la cuestión "de si los sueños están hechos de dinero". El artista (Ronda, 1974) vive en la actualidad en España, desarrollando con su trabajo una estética de la ambigüedad y una actitud analítica hacia la forma de percibir la realidad. Desde el collage pasando por la fotografía, el vídeo y la performance, este proyecto expositivo podrá visitarse hasta el 27 de mayo en el Espacio Cultural El Tanque, de 17:00 a 20:00 horas de lunes a viernes y los sábados de 11:00 a 14:00 horas.

Sweet Dreams reúne cuatro potentes obras de videoarte bajo el comisariado de Omar-Pascual Castillo, en las que explora las relaciones que genera el artista entre los relatos descritos en cada una de las obras. Primeramente, con Catarata video monocanal del año 2005 proyectado en loop, una obra en la que el artista altera imágenes de audiovisuales bajadas de la red, en las cuales la violencia física se manifiesta al borde de lo grotesco y lo gore, imágenes no de ficción sino extraídas de documentales. Por ello, Carlos Aires las emborrona, las violenta igualmente anulándolas, dotándolas de un relato paralelo sentimental o emocional. El conjunto apela a la necesidad de cuestionar los múltiples significados que de un modo automático se asocian a la imagen.

La palabra o la música siempre han servido de perfectos anfitriones a este artista, actualmente residente en Madrid y antes en ciudades como Amberes, Bruselas o New York. Tal es el caso de Sweet Dreams, una película de exquisita factura visual filmada en HD y proyectada en monocanal del año 2015, en la cual la música de fondo, la canción versionada del famoso tema de título homólogo de los Eurythmics del año 1983, contrasta con la danza ejecutada por dos policías ataviados de sus uniformes de antidisturbios. La meticulosidad de la filmación, lo espectacularmente barroco de la locación el Museo Serralvo de Madrid, la cuidada coreografía y el movimiento infinito de la cámara, los personajes y la propia narrativa de las secuencias, resignifica todos los elementos en una sensualidad que borda o tatúa la pieza en la mirada, cada gesto, cada roce estalla en la memoria.

Sin embargo, la obra realizada una década anterior a ésta, es más que el reflejo destellante de una mordaza, es el espejo de una liberación. Mr Hyde I del año 2004, título referido a la novela de terror fantástico Strange Case of Dr Jekyll and Mr Hyde, de Robert Louis Stevenson, y a sus posteriores secuelas del cine, novela que ha creado un hito en la construcción de la mitología del cine fantástico y de terror, desvela tras una filmación a ciegas, con cámara oculta e infrarroja, qué ocurre en un Darkroom Gay de Amberes, donde la sexualidad se desborda, en pleno libertinaje promiscuo y liberador. Y para cerrar, como ejercicio de contención y erotismo emocional al borde del melodrama, Mr Hyde III del 2004, expandido en varias pantallas.

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