Rasgos y 'look' teñidos de gris

La nueva producción de Auditorio de Tenerife cuida hasta el último detalle para trasladar al espectador a una película en blanco y negro

10.03.2016 | 10:36
Rasgos y 'look' teñidos de gris
Rasgos y 'look' teñidos de gris
Lorena Marin y uno de sus ayudantes ultiman una chaqueta.

La idea de que la nueva producción propia de Auditorio de Tenerife, la ópera Werther, fuera para el espectador como una película en blanco y negro de finales de los años 40 fue de la directora de escena, Giorgia Guerra. Esta propuesta, novedosa pero complicada de ejecutar, ha sido el quebradero de cabeza del equipo de Auditorio durante los últimos meses, ya que absolutamente todos los detalles de la puesta en escena están teñidos de gris. Dos de los departamentos que más han tenido que experimentar para llegar a la sensación que Guerra buscaba y que se estrena el sábado y repite los días 16 y 19, son los de Vestuario y Maquillaje y Peluquería.

Lorena Marin, encargada de los 86 cambios de los intérpretes durante la representación, explica que la primera toma de contacto para evaluar el trabajo que se les venía encima fue en julio. "Desde diciembre y hasta hoy no hemos parado, ya que excepto los sombreros y guantes, que son vintages y vienen de América, el resto está hecho aquí por nosotros", explica la diseñadora, que cuenta con un equipo de sastres. Los protagonistas (Werther, Charlotte, Albert, Sophie y Le Bailli) se cambian de vestuario en cuatro ocasiones y el resto de los personajes en dos, incluyendo a los niños del Coro Infantil de Ópera de Tenerife. Marin comenta que lo complicado de la elaboración de este vestuario es que "no se trata de blanco y negro, sino de una gama de grises, porque en las películas clásicas lo que hay es un gris más oscuro o más claro". A la evidente problemática de simular cine se une la consonancia necesaria con la iluminación del escenario.
La principal referencia en la vestimenta se centra en los diseños de postguerra de 1947 de cuando Dior entró en el mercado americano. "Hay un vestido de Charlotte que se ha hecho exactamente igual que una prenda de Dior de la época, con las mismas telas y calidad en el acabado", cuenta Alejandro Abrante, director artístico de Ópera de Tenerife. La sastrería del Auditorio está que no para, pues esta noche es el ensayo general y hasta la última puntada tiene que estar asegurada. Giorgia Guerra cuenta que "lo que me gustaría es que los espectadores se planteasen de qué color sería cada prenda en realidad".

Todo el cuerpo blanco

Geni Afonso tampoco para, a pesar de que tiene un resfriado que la obliga a maquillar con mascarilla. La diseñadora reconoce que "para mí todos los retos son interesantes porque siempre aprendes". Esta aventura en blanco y negro le da más trabajo del normal, no solo por el desafío que supone simular el blanco y negro, sino porque además de la cara tiene que maquillar los brazos, piernas y toda la piel visible de los intérpretes. Lo curioso de esta propuesta "es que te hace mirar en otros colores". La experimentación en este departamento ha pasado por maquillar de época los actores para sacarles una foto en blanco y negro y, a partir de ahí, maquillar en escala de grises. "Hemos hecho muchas pruebas, con materiales más o menos blanco, secos, diferentes polvos traslúcidos... Y ya lo tenemos", cuenta Afonso, quien se contenta solo cuando consigue que Guerra se quede satisfecha. "Si ella me dice Geni, perfecto, yo soy feliz", declara la profesional de la belleza.

Maquillar y peinar a todos los artistas suponen cuatro horas de trabajo para el equipo de Afonso, compuesto por dos profesionales para Peluquería y cuatro para Maquillaje. "Pero si el que peina tiene que maquillar, lo hace a la perfección", apunta. La directora de escena explica que su miedo "era que los personajes pareciesen fantasmagóricos en lugar de clásicos pero hemos logrado el equilibrio perfecto de maquillaje y luz".

Esta ópera francesa, protagonizada en la versión tinerfeña por el lagunero de éxito internacional Celso Albelo y la mezzosoprano francesa Antoinette Dennefeld como Charlotte, se basa en un relato del alemán Goethe, el primero que deja el Clasicismo a un lado para abrir las puertas al Romanticismo. En esta historia de amor imposible el escritor proyectó las inquietudes de la época: un sentimentalismo exagerado, la comunión con la naturaleza y la angustia vital.

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