La mirada tras la espiral

Alejandro Togores muestra en una exposición de Fotonoviembre la faceta más íntima del trabajo del escultor Martín Chirino en 45 fotografías, que resumen sus 45 años de amistad

12.11.2015 | 12:24
El escultor grancanario Martín Chirino, que estuvo ayer en la capital tinerfeña, posa junto a un retrato suyo de principios de los años 70.

45 fotografías por 45 años de amistad. Con esta vara de medir ha seleccionado el fotógrafo y periodista tinerfeño Alejandro Togores las instantáneas que conforman la exposición El herrero fabulador de entre las cientos que inmortalizan al artista grancanario Martín Chirino. Esta ventana abierta a la intimidad del trabajo y proceso creativo de este escultor que convierte el hierro en brisa se puede disfrutar en la sala de exposiciones del Parlamento de Canarias, en la tinerfeña calle Teobaldo Power, hasta el 28 de este mes. El herrero fabulador, que forma parte del programa de la XIII Bienal Internacional de Fotografía Fotonoviembre, que compite dentro de su Selección Oficial, incluye la exhibición de un dibujo original de Chirino, que pertenece al fotógrafo.

"Yo es que soy muy serio cuando trabajo". Lo reconoce para este periódico Chirino, que no se quiso perder la cita tinerfeña, y no hace falta que lo repita: las imágenes no pueden esconderlo. El grancanario trabajando es impertérrito, serio, tenaz, con una concentración suprema y a la vez exquisita.

De estas fotos a Chirino le gustan los retratos muy personales, sobre todo el primero del recorrido expositivo, "porque es de hace mucho tiempo". El maestro se refiera a una instantánea de 1972 en blanco y negro donde se distingue a un Chirino joven pero cuya mano inmortalizada en un gesto es lo único enfocado.

Las siguientes imágenes pertenecen al trabajo del grancanario en el estudio de La Laguna de Martín Palazón, donde en 1970 comenzó a construir la Lady Tenerife, que luce preciosa desde 1972 en la plaza de la sede de la Demarcación de Tenerife, La Gomera y El Hierro del Colegio Oficial de Arquitectos de Canarias, restaurada el pasado julio por la Fundación CajaCanarias. Esta simbólica señorita ruborizada supuso el detonante de la I Exposición Internacional de Escultura en la Calle, que organizó un grupo de arquitectos y apasionados por el arte, llevando a Santa Cruz lo mejor de la escultura contemporánea mundial en 1973.

También se ve en esta serie titulada El hierro, a Chirino en su taller madrileño de San Sebastián de los Reyes. El propio creador de 90 años destaca de entre estas instantáneas un cuadro dividido en seis fotografías en las que se muestra al grancanario trabajando a martillazos formando una de sus espirales en un yunque.

Y es que en estas imágenes de Togores se ve a un Chirino distinto. Con gafas de protección, guantes, mascarilla, una radial y chispas se le retrata en otra de las imágenes que para el escultor tienen "más fuerza".

El grancanario amante de la Playa de Las Canteras que tanto le inspiró, habla con especial cariño de Fido, un perro que le acompañó en su proceso creativo en Nueva York durante muchos años. Esta serie de fotos estadounidense traslada al espectador a Southwood, una tranquila zona neoyorquina donde Chirino tuvo su bucólico taller de madera y rodeado de árboles. "Aquello era fantástico", recalca el artista, que se ve en estas imágenes paseando, pensando, siempre con el semblante serio, esa gran puerta cerrada que esconde su enorme mundo interior. Incluso, se le puede espiar mientras dibuja en el suelo con tiza los bocetos de lo que serán sus líneas predilectas de rígidas curvas que le caracterizan.

Asimismo, se le ve recién levantado de la cama, con el pelo alborotado y atravesando un pasillo de camino al desayuno. Este hábito Togores lo recuerda con mucho cariño. "Era un paseo que le veía hacer cada día y un día lo esperé para sacarle la foto", cuenta el también periodista televisivo.

Togores solo consigue sacarle una sonrisa en la actualidad: la última serie expuesta está fechada en 2015, en su ansiada Fundación que por fin abrió el pasado marzo en el Castillo de La Luz de Las Palmas de Gran Canaria. El fotógrafo reconoce que "le hice un par de bromas y él enseguida se rió". "También hace un gesto con el dedo que es muy típico de él cuando le bromeo", añade el amante de la luz.

Algunas de estas imágenes son fotogramas del documental Martín Chirino, el escultor del hierro, firmado por el propio Togores.

El principio

Esta amistad entre Togores y Chirino surgió en 1970 cuando Vicente Saavedra, presidente de la Sección de Esculturas del Colegio de Abogados con sede tinerfeña, promotor de la Lady Tenerife y las exposiciones internacionales posteriores, le propone fotografiar al grancanario durante su trabajo en el taller de La Laguna. El fotógrafo, de 70 años, es decir, 20 más joven que el escultor, reconoce que le costó mucho decidirse.

"Estaba cohibido, Chirino ya era importante entonces", cuenta Togores. Un día, por fin se atrevió y acudió al taller. "Resultó que era una persona accesible, cordial, y de repente nos hicimos amigos", recuerda el artista de la luz, quien desde entonces mantuvo una gran amistad con el escultor, compartiendo incluso techo en varias ocasiones. "Además de ser 45 los años de amistad, 4 y 5 suman 9, por los 90 años de Chirino", confiesa Togores.

A la inauguración de anoche en la sala de exposiciones del Parlamento canario acudieron decenas de amigos, admiradores y autoridades políticas como la presidenta de la entidad, la socialista Carolina Darias, la diputada popular Cristina Tavío, o, desde el Cabildo tinerfeño, el director insular de Cultura, Educación y Unidades Artísticas, José Luis Rivero. Entre reencuentros y felicitaciones no faltó un cálido abrazo entre Saavedra y su amigo desde hace tantos años Chirino.

Antonio Vela, director del Centro de Fotografía Isla de Tenerife, que organiza Fotonoviembre, comentó durante el acto de inauguración que "con Togores aprendí lo que era la fotografía más allá de la técnica". "Estas imágenes hablan de una amistad de 45 años a través de una imagen casi íntima y de hermanamiento con Chirino", agregó Vela. José Luis Rivero, también director del Auditorio Adán Martín, habló de la cultura como un diálogo "y esta exposición es un diálogo permanente entre dos creadores, de respeto, silencio y calma".

Chirino aprovechó para reivindicar su circunstancia como canario y agregó que seguirá creando para sentir "esa satisfacción de aportar". "Me siento feliz", sentenció el genio.

El regalo

Alejandro Togores reconoció sentirse en esta inauguración "muy satisfecho" pero también "muy agradecido porque esta exposición es posible gracias a mucha gente y esa sensación es la que nos pone en nuestro sitio". "Martín, desde su generosidad, me permitió sacar la cámara y me regaló la comprensión de lo que ocurre en el silencio y la capacidad de percibir aquello que llamamos arte. Y es que un trozo de hierro que pasa por la fragua tiene un valor eterno y cualquiera que lo contemple con el tiempo, sin tener que saber que es de Chirino, sabrá que está ante una obra de arte".

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