Cine | MiradasDoc
Alejandro Krawietz
Director del festival MiradasDoc 

"Nuestra intención es crear ayudas a la producción que dependan del festival"

"También queremos editar libros pero son proyectos que llevan tiempo"

07.11.2015 | 02:00
Alejandro Krawietz en Guía de Isora frente a unas banderolas del festival.

El Festival Internacional y Mercado de Cine Documental de Guía de Isora, MiradasDoc, alcanza hoy su última sesión de esta décima edición, que comenzó el pasado 31 de octubre. Ocho de estos años el certamen ha estado liderado por el poeta y trabajador de la administración pública Alejandro Krawietz (1970), que cada año se obsesiona por conseguir llevar hasta la Isla los mejores documentales del mundo.

¿Cuáles son las claves de la permanencia y prestigio del festival?

Creo que una de las claves que nos han permitido llegar hasta aquí y tener esa consolidación en el sector audiovisual, en la crítica y el público es que siempre hemos sido un festival que ha tratado de cuidar mucho la programación y los contenidos. Este proyecto se diferencia de otros en que hay mucho contenido y poco envoltorio. Esto nos permite llegar a un público que no solo especializado, sino también ciudadanos interesados por saber qué es lo que está ocurriendo, que pueden llegar a un festival como MiradasDoc y obtener buen cine, esa información que buscaban y una reflexión sobre el presente.

¿Se ha conseguido en ese trayecto hacer cómplices a los vecinos de Guía de Isora?

Sí. Desde el inicio hasta hoy el festival se ha ido arraigando hasta el punto de que no solamente el seguimiento de ciudadanos de Guía de Isora es mayoritario, sino que hay grupos que, a raíz de experiencias propiciadas por MiradasDoc han hecho documentales, han comenzado a hacer cine desde un ámbito aficionado que poco a poco va alcanzando cotas cada vez más profesionales y que viene de una relación profunda con los contenidos del festival. Una de las particularidades del cine de realidad frente al de ficción, donde normalmente los espectadores vemos esas películas y las disfrutamos de una forma pasiva, es que el documental lanza constantemente invitaciones al espectador a pensar y dan ganas de hacer cosas. Esto es algo que hemos vivido a lo largo de estos diez años. La gente que ve un documental luego mira hacia su realidad y encuentra historias y personajes que le parecen que merecen un documental.
El festival comenzó llamándose DocuSur dos años, centrado en África y Sudamérica, evolucionó a la no ficción mundial y ahora cobra protagonismo su mercado, ¿hacia dónde va ahora?

Es cierto que comenzamos con una mirada hacia el Sur pero inmediatamente nos dimos cuenta de que esa mirada parecía precisamente incentivar aquello contra lo q e tratábamos de luchar, que era no tener una sola mirada hacia el mundo sino en todas las direcciones. De ahí que pasáramos a llamarlo MiradasDoc, huyendo del estereotipo de un sur que realmente ha cubierto todo el planeta con la crisis económica. Por eso preferimos hablar de miradas hacia el mundo, nos parecía más acorde con el festival. Nuestro mercado lo que establecía era una inversión en los flujos de la información, que tradicionalmente eran de norte a sur y nos llegan muchas producciones que invierten ese flujo y de repente el cine africano, latinoamericano, asiático o español se hace eco de un discurso que va contra corriente de los mercados y de más. Hay en la ciudadanía un verdadero interés en mirar al mundo con el mínimo de intermediación posible y permitir un acceso a la realidad lo más directo y cercano al otro ciudadano posible. Las películas de MiradasDoc nos permiten darnos cuenta de que no somos tan diferentes porque formamos parte de una sola tribu.

¿Tiene MiradasDoc metas?

El festival quiere seguir indagando en el suceder social del planeta. Nuestra intención es continuar en esa línea de consolidación y poder empezar a lanzar proyectos nuevos, desde ayudas a la producción audiovisual que dependan del festival hasta colecciones de libros que reflexionen sobre el cine de realidad y monografías. Pero son proyectos que llevan mucho tiempo y que iremos implementando a medida que se pueda ir sacando una estructura financiera mejor. Estamos contentos con la trayectoria del festival, sabemos dónde estamos y nuestra aspiración fundamental es traer cada año a esa gran ventana al mundo en la que se convierte nuestro auditorio la mejor programación posible y que el público se enganche a MiradasDoc.

Ha solicitado a las administraciones públicas que incluyan una partida anual en los presupuestos que apoyen al festival para evitar la incertidumbre de cada edición. ¿Cómo sigue esta lucha?

Son fórmulas de la gestión de la cultura que son las habituales en el ámbito de lo público. Este festival es un buen ejemplo de lo que se debe hacer con el dinero público: no responde a criterios empresariales y es independiente, ofrece y difunde una visión del mundo no estereotipada que permite al ciudadano reflexionar libremente sobre la realidad, da una salida a este tipo de contenidos a través de nuestro mercado de cine documental, e impartimos formación. MiradasDoc para un futuro cineasta de cine de realidad es un verdadero parque temático: hay productoras, cine de estreno, directores, críticos, profesores... Estamos tratando de que las instituciones que ya colaboran, que hacen posible el festival, tengan una implicación mayor y que nos ayuden además a llegar al Ministerio de Cultura, que en este año ha desaparecido de MiradasDoc.

¿Por qué el documental es un formato menos popular y cómo se puede cambiar esto?

Ocurre porque desde hace algunos años hay en las televisiones mayoritarias programadores que se esfuerzan, dicen ellos, en que el público reciba lo que quiere pero a la vez deciden lo que quiere el público. Por lo tanto, las parrillas se llenan de productos muy industriales, a los que se les busca una rentabilidad publicitaria y muy ajenos a los procesos de reflexión que forman parte de la cultura y del conocimiento. Sin embargo, el público de MiradasDoc es fiel y crece año tras año. Las televisiones públicas deberían tener abiertas ventanas importantes hacia esas otras posibilidades de programación porque forman parte de sus responsabilidades. El documental es un cine que tiene una gran capacidad de enganche y lo comprobamos con los chicos que vienen de los institutos: el silencio que se hace en sala cuando empieza la película porque comprenden que lo que están viendo sucede realmente y no es un actor que sigue un guión. Al terminar la cinta se preocupan por la vida de esos personajes porque saben que su vida no termina con la película.

¿Cómo acabó un poeta trabajador de la administración pública como usted dirigiendo un festival de documentales?

Creo que ahí hay una gran continuidad entre el lenguaje del cine documental y la poesía en la medida que son dos herramientas que se ocupan de trabajar sobre la realidad y hay un proceso de reflexión que yo siempre percibí como similar. En cualquier caso, como cualquier ser humano, tenemos una amplitud de actividad y yo tenía una gran afición al cine documental antes de saber que iba a dirigir un festival sobre este cine. En un momento dado se presentó la oportunidad de sacar un festival de este tipo adelante, el ayuntamiento lo vio bien y comenzamos con un equipo que se ha ido ajustando a lo largo de los años y aquí estamos, encantados de gestionar este evento.

¿Cómo es un día en el festival?

El día empieza temprano con la parte de formación, los talleres y las proyecciones en dos salas en paralelo, en las que se va pasando la programación, muchas veces en compañía de los directores para los coloquios con el público. Es tan sencillo como eso: ir al cine, entrar y ver. Este año tenemos una variedad temática tremenda: desde la arquitectura a la eutanasia, pasando por películas que reflexiones sobre cuestiones de género, mujer, infancia, educación... Y todo ello desde las historias reales de sus protagonistas. MiradasDoc tiene un elemento de hermosura, que es que sucede alrededor de una plaza, que se convierte en un escenario de encuentro, charlas y colectividad que le da una atmósfera especial.

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