Fito Cabrales
Compositor, guitarrista y vocalista de Fito & Fitipaldis 

"Admitir que necesito parar quizá sea decir que no tengo demasiado talento"

El campo de fútbol de Adeje acoge este sábado 10 de octubre a partir de las 21:30 horas el concierto de Fito & Fitipaldis

09.10.2015 | 13:50
Fito Cabrales, líder de la banda española Fito & Fitipaldis.

El campo de fútbol de Adeje recibe este sábado 10 de octubre a los Fito & Fitipaldis, que vuelven a la Isla con su último disco, Huyendo conmigo de mí (2014). El concierto dará comienzo a las 21:30 horas, aunque las puertas se abrirán a partir de las 19:00 horas. 

Felicidades atrasadas, que el martes cumplió 49 años, ¿es el concierto del sábado una continuación de esta celebración?

¡Aupa! Muchas gracias, ya ni me acordaba. Los conciertos son celebraciones por sí solos, no necesitan acompañamiento de ningún otro tipo. Hoy se nos han olvidado ya los 49 y el sábado ni te cuento: estamos más pendientes de pasar una buena noche con todos los canarios.

No olvida pasar por las Islas.

Siempre digo que para nosotros el irnos a tocar a las Islas es un extra, no es como ir por la Península. Entonces, tenemos la sensación de que es algo extraordinario. Vamos con el cristo que conlleva llevar el equipo aunque en este caso es diferente porque nos quedan solo tres conciertos de esta gira y a cada uno de ellos le damos valor de final de gira, de las cosas que se están acabando, y nos centramos en disfrutar del concierto, del viaje, de la gente que te acompaña... es como la vida misma. Llevamos una semana tranquilos y nos lo tomamos como algo bonito. Acabar en las Islas es un buen plan de final de gira.

¿Cómo ha respondido Huyendo conmigo de mí a esta gira?

Estamos enamorados de esta gira. Los músicos somos ya familia y parte de las penas vienen por ahí: tenemos un equipo muy cariñoso y nos apetece estar juntos. Y no solo los músicos, somos casi cien personas en la gira y mires para donde mires solo encuentras buenas personas. Si hay que hacer un balance me quedo con la ilusión y la alegría con la que hemos ido a cada ciudad y con la que nos han recibido.

¿Cómo funciona su proceso de gestación entre un disco y otro?

Es necesario el pararse. Quizá al reconocer esto simplemente digo que no tengo demasiado talento, que no me brota cada vez que yo quiero para hacer canciones pero es verdad. A mí no me gustan las inercias: podría coger esta gira y estar el resto de mi vida haciéndola, que estamos a gusto y funciona, pero siempre creo que hay un sitio mejor esperando. No me refiero a más éxito, sino a dónde dirigirte.
Tocar la guitarra es divertido pero hay algo más: tú quieres llegar a un sitio porque personalmente lo estás intentando y con la música quizá te resulte más fácil. Necesito esos espacios y vacíos de parar, aunque cuesta, para dejar que surjan nuevas cosas. Así, cuando me aclare para saber qué es lo que quiero hacer, me resultará más fácil escribir algo. Por otro lado, tengo 49 años y 3 hijos y cada día le doy más valor y me gusta más quedarme en casa: no quiero ser todo el rato el cantante o guitarrista y, en cambio, sí quiero ser el que está en casa. Hacerlo todo a la vez a mí nunca me ha salido y por eso tengo que poner unas prioridades y yo las tengo claras: son mis hijos. Estar en casa es también una vocación. Tengo la suerte de poder parar, no como hace 15 años, que tenía que tocar todos los días porque si no, no tenía dinero.

¿Es complicado ser fiel a uno mismo es un mundo en el que es más fácil ser comercial?

Es complicado por eso mismo, porque si no paras... A todos nos viene bien parar y pensar en cosas que te van a ayudar. Si uno no se da cuenta de que necesita pensar, se convierte en caricatura de sí mismo. Hay veces que las bandas, el rock, esta vida, te tapa la esencia y la máxima preocupación es no estar enfermo para tener voz y así vas tirando cada semana, mes, año...y parece que la vida se reduce al siguiente concierto.

¿Alguna vez le ha dado reparo abrirse al público con sus canciones de letras tan personales?

No, porque ésa es la única misión cuando coges un cuaderno y un lápiz. Creo que todos hacemos un poco de trampas y nunca contamos realmente los demonios, los que te duelen de verdad, porque ni siquiera creo que seamos capaces de sacarlos en las letras, aunque sí que lo intentamos. Muchas veces ni podemos hacerlo con la palabra contándoselo a la gente cercana, ¡imagínate si puede ser un poco más complicado llegar a esas coordenadas con un bolígrafo! Pues ¡hostia! Se intenta pero no sé si seré muy sincero. Si te digo que no hay nada que oculte y que siempre sale todo pues no, porque es mentira.

¿Es, entonces, una mezcla de que no se puede y no se quiere?

Claro, porque muchas veces uno no reconoce todo lo mal que está haciendo las cosas o todos sus defectos. No sé por qué será, supongo que porque duele, ¡es un don, el de escarbar! [ríe] Cuando alguien tiene un diario seguro que intenta reflejar lo que ha sentido ese día pero no es tan fácil porque no somos tan listos: no sabemos realmente lo que nos duele, es muy difícil.

A partir de Por la boca vive el pez (2006) aumentaron sus seguidores hasta hoy en día, ¿cómo se vive con la responsabilidad de saber que hay gente esperando cosas de usted?

Si te pones a pensarlo te cagas. Si piensas en la gente que te escribe, que te para por la calle para contarte la importancia de una canción en su vida... En el fondo no es tan complicado porque a mí me sucede lo mismo. La música y las canciones han formado la mayor parte de lo que sé, hago, quiero hacer y he aprendido. Siempre pones al artista como referencia pero al final la culpable es la música. Con esa distancia, lo puedes mantener. Aunque sea por liberarme un poco siempre pienso que todo lo que te cuenta la gente en la calle de lo que le ha llegado tu música y te crea una responsabilidad es el poder de las canciones y el rock and roll, por eso existe y siempre existirá. La música nació para ser cantada y compartida y luego suceden cosas alrededor de ella que son increíbles.

Un experimento como el disco Extrechinato y tú (2001) [que unía al poeta Manolo Chinato, al vocalista de Extremoduro y al de Platero y tú, en ese entonces Cabrales] sería viable a día de hoy?

Viable nunca fue, la verdad [ríe]. Aquello fue muy divertido y costó tanto tiempo... Recuero que desde que tuvo la idea Rober [Extremoduro] hasta que nos metimos en un estudio pasaron como cinco años porque cada uno se metía en un proyecto diferente. La discográfica nos empezó a preguntar hasta que nos dio tanta vergüenza que un día nos juntamos y empezamos a trabajar en serio. Ahora visto con el tiempo me resulta maravilloso que se pudieran hacer cosas así, un disco casi experimental en el que no sabíamos qué iba a salir, lleno de poemas de Chinato, arriesgado y anticomercial, larguísimo... ¡una chapa de disco! Me enorgullece porque era todo alegría. Recuerdo que empezamos y no teníamos nada, solo un montón de folios con poemas y cada uno se quedaba con el que más le gustaba y le ponía música. Estábamos todos muy locos.

¿Irrepetible?

Con esa locura seguro que sí.

¿Cuál sería el primer paso para comenzar a arreglar el sector musical en este país?

No creo que la música sea algo que se pueda arreglar sin tener en cuenta todas las demás variables de lo que sucede en la vida. Hay que apostar por la cultura porque si lo haces, nunca defrauda. No hace falta que nos apoyen pero que no frenen, es una cuestión de valores. Siempre se busca poner un parche y las soluciones son a largo plazo. Si hay un proyecto que apoya la cultura y tiene claro que es de lo más importante que puede hacer que un país vaya bien, lo veo lejano.

¿Que le pide Fito a la vida?

Quiero dedicarme a estar con mis hijos, compartir con ellos mucho tiempo, que hasta ahora no me ha resultado fácil. Parece que no pero uno se va metiendo en su mundo y hay que poner prioridades porque uno puede acabar ensimismado con uno mismo y más en estos trabajos en los que todo es alrededor de Fito y te vuelves un poco un personaje. Estar en casa, tener un fin de semana familiar y poder estar enfermo es lo que me hace ilusión. Está claro que nunca olvido lo de tocar la guitarra y cantar porque no es un trabajo, es una bendición, me lo paso bien. Imagino que si sigo tocando y haciendo canciones seguiré teniendo ganas de discos y giras pero también se pueden hacer canciones sin que salgan de tu casa, lo hago desde los 16 años. A veces me gusta sentirme muy músico, muy rockero, muy de gira y, de repente, viendo que ha pasado media vida, prefiero no quedar bien con todo el mundo porque es la única forma de elegir hacia donde quiero ir.

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