Las ocultas entrañas del Círculo

La organización cultural guarda entre sus muros una azotea rosa, un teatro y hasta un espacio ´coworking´, que mostró en una visita guiada para celebrar sus 90 años de existencia

08.09.2015 | 02:00
La presidenta Dulce Xerach junto a las cholas customizadas.

Una azotea rosa, oficinas de entidades culturales, un espacio coworking, una biblioteca, un teatro, una cafetería y una sala de exposiciones de dos platas son algunos de los tesoros que esconde tras sus puertas el edificio del Círculo de Bellas Artes de Tenerife, ubicado en la calle Castillo número 43 y que da a la Imeldo Serís. La mayoría de los chicharreros pasan por la comercial vía ajenos al histórico edificio. Eso va a cambiar o al menos es lo que pretende la nueva junta encabezada por Dulce Xerach, que desde el pasado noviembre dirige esta organización cultural independiente.

Con motivo de su 90 cumpleaños, celebrados ayer, el Círculo organizó una serie de actividades bajo el lema 90 años girando, que incluyeron cuentacuentos, una subasta de cholas Ipanema –patrocinador junto a Bodegas Domínguez, que ofreció una cata– customizadas por artistas locales, una tertulia y una fiesta. Este especial programa comenzó por la mañana con la visita guiada al edificio de cinco plantas.
Una decena de personas de distintos perfiles acudieron a escuchar la historia que esconde el edificio de la mano de las becarias Marta Miranda, de La Laguna, y María García, de Santa Cruz, estudiante y graduada, respectivamente, en Filosofía en la Universidad de La Laguna.

La visita comenzó con la planta baja, que el Círculo considera la primera, y obviando el pequeño sótano que se ha utilizado para exposiciones. La entidad cultural celebra sus 90 años tomando de referencia el momento en que Francisco Bonnin, primer presidente del Círculo, pasó a llamar a la sociedad Salón Frégoli Círculo de Bellas Artes de Tenerife el 7 de septiembre de 1925. "La Frégoli era más privada y el Círculo pasó a ser un espacio más abierto", recalcó Marta Miranda en la visita. Así, aunque se empieza a contar desde este acontecimiento, fue el 12 de mayo de 1927 cuando se inaugura el primer edificio del Círculo de Bellas Artes, que apenas era una sala de exposiciones a ras de calle. A partir de entonces el edificio sufrirá numerosas reformas hasta erigirse como el edificio de cinco plantas de la actualidad. En 1960 pasó por la primera ampliación para una mayor sala de exposiciones de techo alto y más plantas. Luego, entre 1986 y 1987, se lleva a cabo una reforma del edificio, a cargo de Maribel Correa, que dividió la estancia primera en dos plantas. Así, se ganó espacio y se construyó la cafetería en la nueva segunda planta. Esta zona, que actualmente espera su licencia de apertura, luce desde entonces decenas de fotografías de destacados intelectuales como Eduardo Westerdhal o Domingo Pérez Minik.

En la que el Círculo considera la tercera planta se encuentra un teatro con una capacidad de casi 200 espectadores. Esta estancia nació como sala de exposiciones y pasó a ser un teatro en los años 60. Entre estas paredes emergió en 1967 la compañía Los Ambulantes, dirigida por Eduardo Camacho, "siendo las primeras clases de arte dramático para sordomudos de España", contó Miranda.

En la cuarta planta, desde la que se accede a los palcos del teatro, se instaló hace algunos meses la Fundación Pedro García Cabrera. La quinta planta contiene las oficinas del Clúster Audiovisual de Canarias y la Federación Insular de Gimnasia. Dando a la calle Imeldo Serís está la biblioteca, que se utilizó también como fonoteca por un convenio en los 70 con el Ministerio de Cultura, y el espacio coworking, que comenzará a funcionar este mes. Por 50 euros al mes, los profesionales de industrias culturales podrán trabajar en esta estancia, acompañados por otros y por la colección de arte contemporáneo del Círculo.

Uno de los momentos más esperados de la visita fue el acceso a la azotea rosa. "Yo ya la había visto en las fotos", comentó una chicharrera refiriéndose al Facebook de la entidad. El color surgió en realidad de la mezcla de la pintura impermeabilizable roja con una capa blanca. El Círculo tiene grandes planes para este espacio como zona de ocio.

Durante la visita, prácticamente todos los asistentes plantearon dudas a las becarias. Muchos no daban crédito a que semejantes tesoros para la cultura de la ciudad llevasen tanto tiempo de espaldas a ella. Las jóvenes pidieron comprensión y paciencia para la nueva junta y animaron a los presentes a asociarse por seis euros al mes. Y es que el Círculo acaba de pedir un préstamo de 100.000 euros para poder realizar un proyecto que acondicione el edificio para su uso con, por ejemplo, la instalación de un ascensor.

Surgió entonces un sentimiento de comunidad y unas ganas de apoyar el proyecto y ayudar al boca a boca. "¡Todo el mundo a compartirlo en Facebook!", dijo una mujer, entusiasmada. Tanto fue así, que un gallego afincado en la Isla se asoció nada más terminar la visita y, sin pensarlo dos veces, donó todo el efectivo que tenía en la cartera.

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