El maestro de maestros sale del olvido

El compositor y pianista cubano Ernesto Lecuona, fallecido en 1963 en Santa Cruz, protagoniza el documental tinerfeño 'Playing Lecuona', estrenado en Montreal

07.09.2015 | 11:58
Michel Camilo, durante la grabación del documental en el Teatro Leal de La Laguna. |

Los cubanos Chucho Valdés y Gonzalo Rubalcaba y el dominicano Michel Camilo son los conductores de este documental tinerfeño que el viernes pasado se proyectó en premier mundial en la sala Quartier Latin, de Montreal, en el 39º Festival de Filmes del Mundo de la ciudad canadiense. Playing Lecuona quiere devolver a primer plano la figura de quien es, para los tres maestros citados, la principal figura de la música cubana del siglo XX, el compositor y pianista Ernesto Lecuona (Guanabacoa, 1895 - Santa Cruz de Tenerife, 1963), un maestro de maestros con raíces canarias. Nacido en Cuba, su padre fue un incómodo periodista tinerfeño emigrado a la isla caribeña, primero a Matanzas, donde se casó, y más tarde a Guanabacoa, barrio negro de La Habana, huyendo de las represalias.

En Guanabacoa nació el músico Ernesto Lecuona, quien, también adelantándose a las represalias (esta vez de las de la Revolución castrista de 1959), llegó también a Tenerife durante los últimos años de su vida, tras salir de Cuba y establecerse en Tampa (Florida). El músico no fue hombre de meterse en política. Católico practicante, también mantuvo posiciones distantes con los dictadores Gerardo Machado y Fulgencio Batista. Lo cierto es que, asentada la Revolución en Cuba, la música de Ernesto Lecuona "de buenas a primeras dejó de oírse en las radios del país". Lo explica Chucho Valdés, fundador de la banda Irakere, afincado en Málaga desde que llegara para acompañar a su padre, el pianista Bebo Valdés, en los últimos años de su vida. Lecuona llegó a Tenerife, en parte, para curar su enfermedad. Pero también buscaba sus raíces en la Isla. Murió en el Hotel Mencey de Santa Cruz. Una parte significativa del documental transcurre en La Laguna, con Michel Camilo buscando señales del gran maestro. En elTeatro Leal interpreta varios temas de la película.

Juanma Villar Betancort (Santa Cruz de Tenerife, 1965) es el propulsor de este cohete de 110 minutos que ya tiene distribución internacional como película con Planeta y como disco con Sony. El productor principal y codirector del documental con el cubano Pavel Giroud no tiene respuestas a por qué, como asegura, Lecuona es "el gran olvidado". Pero así es, apenas hay plazas, parques, estatuas que lo recuerden. En cine, las únicas referencias son dos cortos documentales de corte divulgativo, uno de 1983 producido por el ICAIC (instituto cubano de cine) y el otro por la SGAE en 1995 para conmemorar el centenario de su nacimiento.

"Mi temor era que en los ocho años que nos ha llevado producir Playing Lecuona se me adelantaran productores musicales latinos establecidos en Estados Unidos".

Camilo, Valdés, Rubalcaba. Los tres interpretan temas de Lecuona en La Habana, Nueva York, La Laguna, Málaga y Sevilla. Con ellos, músicos e intérpretes como Raimundo Amador, Omara Portuondo, la cantaora Esperanza Fernández y Ana Belén. Además, la película filmó escenas de calle en Miami, Guanabacoa, Matanzas y Santa Cruz de Tenerife. Como predisponiendo el corazón para los temazos que oiremos, la película se inicia con una yuxtaposición de testimonios de los tres músicos, Valdés en Guanabacoa, Rubalcaba en Miami y Camilo en Nueva York.

Como no podía ser de otra manera, el documental, una joya pulida por la sobresaliente fotografía de Santiago Ramos y el brillante sonido en los temas musicales de Carlos Más, deja que sea el virtuosismo de los artistas y el talento de Lecuona los que se pronuncien. Para hablar de quien es vanguardia rehúye, con todo el sentido, los fútiles vanguardismos narrativos. "Lo que hizo Gershwin con el blues y el jazz, lo hizo Lecuona con los ritmos afrocubanos: traducirlos al piano armónicamente, melódicamente, respetando la métrica de los tambores. Los vistió de frac y los llevó al salón", dice Camilo. La música negra, marginada en la sociedad cubana en tiempos de bestiales segregaciones raciales, fue llevada a las salas de concierto por el maestro. Lecuona obligó a las élites a asumirla.

El momento de Gonzalo Rubalcaba en Sevilla con la cantaora Esperanza Fernández interpretando Malagueña, una de las cimas de la película, expresa mejor que nada las raíces europeas y, sobre todo, españolas del maestro, refuerza su condición de clásico. Si emotivo es el encuentro del pianista afincado en Miami con el guitarrista Raimundo Amador, la pieza que interpreta con el ex Pata Negra es un duelo de virtuosos con victoria del pianista a los puntos. Omara Portuondo canta Siempre en mi corazón con Chucho Valdés y este afirma antes de empezar que tocará el piano como si fuera "un sastre, como haría el propio Lecuona". Entre medias, cada uno cuenta, desde puntos de vista opuestos, la misma anécdota ocurrida años ha en Tropicana en presencia de Bebo. Pero el gran cuento es el que desvela Chucho Valdés en relación al piano que compró a la muerte de su padre. Él, que admite erizarse al recordarlo, logra poner los pelos de punta también al espectador.

La música que se escucha y los músicos que la interpretan son tan grandes que hacen el documental inesquivable para quien quiera descubrir, o reconocer, a un músico fundamental. Para quienes profesen devoción por la música cubana es, además, un deleite total. Ana Belén pone la guinda con Siboney acompañado de Michel Camilo en el Teatro Leal: "Siboney / Oye el eco de mi canto de cristal...." Dio su primer recital con cinco años. Compuso su primera obra con 12. A través del homenaje que le rinde el documental, el niño prodigio Ernesto Sixto de la Asunción Lecuona y Casado habla de la mejor forma en que se supo comunicar, con su música, cantando.

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