La marea que deslumbró a Maná

El grupo ofreció un concierto inolvidable de alto nivel técnico para más de 20.000 personas

24.08.2015 | 10:33
La marea que deslumbró a Maná
La marea que deslumbró a Maná

Las llamas del escenario del concierto que ofreció anoche en la capital tinerfeña el grupo Maná hacían juego con las pantallas de los móviles de sus seguidores y con una preciosa media luna que iluminaba el estadio Heliodoro Rodríguez López. Más de 20.000 personas acudieron a la cita con los mexicanos, que no tocaban en la Isla desde 2011. Finalmente y contra los rumores, Shakira no deleitó a los tinerfeños con su presencia: durante la canción de ´Mi verdad´ que la colombiana canta con el grupo solo se proyectó un vídeo de ella. Tal fue la cantidad de gente que llenó el campo, que se tuvieron que sobrepasar diez metros las vallas habilitadas, de tal forma que el césped que no estaba protegido acabó siendo pisado.

El Cama Incendiada Tour comenzó su andadura nacional anoche en Tenerife con 20 minutos de retraso, que valieron la pena. La Prisión, uno de los temas más sonado de su nuevo y noveno disco, Cama Incendiada, fue el tema que abrió el concierto. Corazón espinado sonó como segunda canción, dando paso a su fin a las primeras palabras del vocalista, Fher Olvera. "Se me pone la carne de gallina, chiquita. Se me había olvidado la sangre y los huevos que tienen aquí", comentó el cantante, generando una avalancha de gritos y aplausos. "Lo vamos a pasar de puta madre", dijo el líder de la banda sin tapujos, quien confesó que "en Tenerife nos sentimos como en casa". Cama incendiada fue la siguiente canción, con la que comenzaron las sorpresas: fuego en el escenario. El movido tema de pop rock terminó con el chaleco del cantante volando por los aires.

Calaveras gigantes

Cuando el músico local invitado entró en escena, unas calaveras hinchables gigantes con ojos iluminados –muy mexicano todo– se hicieron con el escenario. Otro de los momentos espectaculares del show que iba in crescendo a medida que avanzaba, fue cuando el grupo entero subió a una gran cama –haciendo honor al título del tour y álbum– que había en el centro del Heliodoro para interpretar sus canciones antiguas más memorables. Fue en ese momento cuando subieron a la cama a una espectadora, que resultó ser grancanaria. La muchacha pensó que el público al iba a abuchear por el pleito insular pero, todo lo contrario, comenzó a escucharse un "¡Pío, pío, canarión!" como lema de apoyo a la joven. Aún así, la banda decidió que lo más conveniente era una tinerfeña para cantar una canción con ellos.
El vocalista Fher Olvera logró que hasta el último espectador cantase la famosa ranchera Sigo siendo el rey en uno de los momentos más divertidos de la noche. Los solos de los músicos fueron impresionantes, especialmente el del batería Álex El Animal González, que deleitó con su virtuosismo a los tinerfeños pese al hipnotizante movimiento de su plataforma.

Como bien prometía el grupo, el nivel técnico del espectáculo no dejó nada que desear. La calidad del sonido, el diseño lumínico con 320 luces móviles, los efectos especiales como el fuego y las pantallas led de 250 metros cuadrados en total fueron clave en el espectáculo. Estas ventanas gigantes a los detalles del concierto dejaban ver planos de cada uno de los miembros del grupo, siendo el mejor encuadre el del batería, al cual casi se le podía ver el sudor cayendo de lo cerca que estaba colocada la cámara.

La familia Díaz Bethencourt disfrutó de lo lindo del concierto. Este padre, madre e hijas son unos noveleros de alto nivel: no se han perdido un concierto del verano, y siempre juntos. La agenda de vivencias de estos tacoronteros pasa por Pablo Alborán, Juan Luis Guerra, ahora Maná y en octubre Fito & Fitipaldis. De la Bajada de la Virgen de La Palma desembarcaron en su Tenerife natal para seguir disfrutando de música en vivo. "Somos todos muy seguidores de Maná", aseguró la madre, María Bethencourt. Para hacer tiempo, Cristina, universitaria de 21 años, y su hermana Mariana, de tan solo 10, jugaron al Uno con unas pequeñas cartas. "La verdad es que la organización no ha estado bien", afirmó el padre, José Díaz.

También había muchas parejas, como Alejandro Izquierdo y Candela Santana, unos jóvenes trabajadores chicharreros con mucha suerte. "Gané un concurso de Iceberg Distribution que sorteaba dos entradas por Facebook para el concierto, ¿qué mejor guinda para el verano?", comentó el tinerfeño.

Durante el espectáculo no pasaba un minuto sin selfies, con o sin palo y con o sin acompañante. También hubo mucha solidaridad. "¿Me sacas una foto?" siguió siendo una pregunta frecuente a pesar de las nuevas tecnologías.

En realidad, el efecto Maná llegó a la Isla desde que los mexicanos bajaron del avión que los trajo el jueves, ya que muchos medios y fanáticos les esperaban. La cosa continuó a la salida de la rueda de prensa que ofrecieron en el Cabildo el jueves, con autógrafos por doquier y hasta tirones no deseados al brazo del cantante. Luego el ajetreó se plantó en el hotel Mencey, alojamiento de los músicos internacionales, donde los seguidores vieron pasar las horas con la esperanza de conseguir alguna fotografía.

Por la tarde, hordas de amantes de la música se hicieron con las calles de la capital tinerfeña que desembocaban en el Estadio. Los había de todas las edades e incluso nacionalidades, ya que muchos latinoamericanos se diferenciaban por llevar encima los colores de la bandera de su país natal.

La Avenida San Sebastián estaba cortada al tráfico a la altura del Estadio, así que los fans y los servicios de seguridad del Estado campaban a sus anchas por la calle. El asfalto se llenó pronto de personas pero sobre todo de basura, pues no eran ni las 20:00 horas cuando ya las aceras estaban regadas de restos de vasos, botellas y envoltorios de plástico. Y es que muchos optaron por beber y cenar allí mismo. Eso sí, los establecimientos cercanos lo agradecieron con creces.

El negocio de la noche

En lo que las colas para entrar avanzaban, unos emprendedores comenzaron el negocio del siglo: vender tiras de Maná para colgar o atar en la frente. "¡Llévense un recuerdo de este día por dos euros!", vociferaban los empresarios.

Muchos de los asistentes se quejaron de la falta de organización, puesto que muchas personas no sabían por dónde tenían que ir, algunos bolsos eran revisados y otros no y al principio solo dejaban entrar a la gente a la parte inferior de las gradas, cuando es la misma entrada para arriba o abajo, según el gusto.

Con todo, el concierto de anoche incendió los corazones de los espectadores, que disfrutaron de un gran espectáculo que tardarán tiempo en olvidar.

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