El último ´pancho´ vive en Tenerife

José Luis Sánchez Camacho, que formó parte de la última etapa del mítico trío Los Panchos, vive en La Laguna desde hace 14 años rodeado de recuerdos

22.06.2014 | 02:00

"Si alguien me hubiera dicho que iba a ir a la Luna yo me lo habría creído y me habría preparado para ello, pero si me llegan a decir que iba a estar en Los Panchos, hubiera dicho: Usted está loco".

A sus 81 años, el mexicano José Luis Sánchez Camacho, afincado en San Cristóbal de La Laguna, en Tenerife, desde hace 14 años, sigue sin creerse del todo que haya vivido 25 años inmerso en el mundo del espectáculo como requinto de Los Panchos. Nada más y nada menos que el afamado y querido trío nacido en Nueva York en 1944, que regaló canciones inolvidables como Contigo aprendí, Toda una vida o Si tú me dices ven. Los mexicanos Alfredo Bojalil Gil (El Güero Gil), José de Jesús Navarro Moreno, (Chucho Navarro) y el puertorriqueño Herminio Avilés Negrón innovaron en el formato, pues cantaban y tocaban los tres y, además, El Güero introdujo un nuevo instrumento: el requinto, parecido a una guitarra española pero más pequeña y con sonidos más agudos ya que le subió la afinación dos tonos y medio.

José Luis nació el 15 de septiembre de 1932 en San Juan del Río, Querétaro, México. "Mi madre cantaba muy bonito, mi padre tocaba la guitarra, mis hermanas cantaban...", rememora el mexicano, que aprendió a tocar en familia y nunca estudió música. "Yo veía cómo mi hermano mayor lo hacía y cuando dejaba la guitarra, sin preguntarle, la tomaba y sacaba yo algunas cosas que veía en las manos de él y así fui aprendiendo al grado de que, sin ser pretencioso, lo superé y luego él me hacía preguntas", asegura sonriente Sánchez a la opinión de tenerife. "La guitarra, simplemente, era el instrumento que teníamos más a la mano", reconoce. "Aunque casi todos mis hermanos salimos cantantes, ninguno sacamos la preciosa voz de mi madre, salvo mi hija Alma", comenta.

Un cuñado de José Luis, que venía de Estados Unidos, fue el primero que le habló acerca de "un trío que canta precioso y que toca con una guitarrita pequeñita". "Él me aseguraba que cuando llegaran a México iban a causar un buen concepto con sus boleros", declara José Luis.
Y así fue. "Iba a verlos al teatro siempre que podía y, desde el público, solía pedirles canciones pero nunca me imaginé lo que pasaría después", asegura. Ese requinto que tocaban le llamó poderosamente la atención a José Luis, que se empeñó en tener uno y aprender a tocarlo como El Güero.

Pasado un tiempo, Sánchez se aventuró a ir a buscar al propio Alfredo Gil a su casa para que le apadrinase su requinto –que lo tocase, una especie de bautizo–. "El día que fui a verlo, me paré frente a su puerta y me dio miedo tocar el timbre". "¿Qué voy a hacer cuando abra la puerta? ¡Me voy a desmayar!", pensaba Sánchez mientras le temblaba el dedo. Tras unos minutos, se envalentonó y tocó. Gil le atendió y comenzó lo que se convertiría en una gran amistad.

Sánchez acabó siendo su mejor imitador. "La gente me decía: tocas bien pero tocas igual que Los Panchos", recuerda. José Luis tenía 25 años la primera vez que el propio Alfredo Gil le propuso grabar en estudio en su lugar. "Vas a grabar con nosotros", le dijo El Güero. "Tú eres el que hace sonar el requinto más parecido al mío", insistió. José Luis pensaba que estaba soñando pero no era así. Accedió y, de manera anónima, grababa canciones que luego la gente creería estar escuchando a Gil. Y no fueron una ni dos, sino decenas de canciones, correspondientes a los años de amistad que vinieron con ellos.

Cuando ya tenía confianza, Sánchez le confesó a Chucho Navarro –con un toque de reproche– que era él quien siempre les pedía desde atrás la canción Una voz en el teatro Trívoli de México, que nunca le tocaron. "¡Aaaah eras tú! ¡Cómo jodías!", le contestó Chucho, que seguidamente le explicó que esa canción nunca la volvieron a tocar en ningún lado desde que la grabaron. "Es una canción muy difícil, muy fina y de una estructura muy rara", analiza Sánchez. A pesar de su gusto por Una voz, "a mí la que me volvió panchista fue Contigo, esa que dice Tus besos se llegaron a recrear aquí en mi boca llenando de ilusión mi vida loca", canta el músico. "Con esa y el sonido del requinto me cautivaron. Me emocionaba mucho al verlos", reconoce.

José Luis montó algunos grupos pero se afianzó con el trío Los Córdoba, imitadores de Los Panchos, de los cuales Rafael Basurto –última y reconocida primera voz panchista, de las muchas que ocuparon ese puesto– era el líder.

El desenlace de los acontecimientos fue circunstancial. La primera voz de Los Panchos –que hacía tiempo había dejado de ser Herminio Avilés y había pasado de un cantante a otro sin ser un puesto estable, al contrario que el resto– dejaba el trío. Gil le preguntó a Sánchez si conocía alguna buena voz y, como eran amigos, le recomendó la primera de Los Córdoba: Basurto, que pasó a formar parte de los consagrados Panchos.

Años después, cuando Gil se retiró, entró en la agrupación Gabriel Vargas, que se mantuvo ocho años. Pero Chucho también se marchaba. Fue entonces cuando Basurto devolvió el favor a Sánchez proponiéndole entrar en el querido trío, a él y a Baltasar Sánchez. Así, Los Córdoba pasaron de imitarlos a convertirse en Los Panchos.

Una vida nueva se abrió ante los ojos de José Luis. Con las giras recorrieron toda América, gran parte de Europa e incluso los llevaron a vivir tres años y medio en Tokio, donde aprendieron el japonés por supervivencia. "Sonábamos muy bien porque nos entendíamos bastante", asegura. Y así pasaron 25 años.

Conocieron a Celia Cruz, Joaquín Sabina, Paloma San Basilio, El Puma, Rocío Jurado, Azúcar Moreno, Juan Gabriel, el Rey Juan Carlos, la Reina Sofía, Miguel Bosé, Sara Montiel, María Dolores Pradera, Isabel Pantoja, Julio Iglesias, Armando Manzanero y Ricky Martin, entre otros muchos.

Todos estos recuerdos los conserva José Luis gracias a sus álbumes de fotos. "Procuré retratarme con todas las personas que nos presentaban y guardé las entrevistas, los programas de televisión... Hay pocas personas que tengan tantas como yo", cuenta orgulloso. A José Luis le queda la pena de no haber conseguido una fotografía con alguien especial: los primeros astronautas, Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins. En un desfile donde coincidieron, pidió sacarse una foto con ellos y aceptaron pero la persona del público a quien confío su cámara de fotos salió corriendo con ella. "La cámara me daba igual pero me duele no haber conseguido esas fotos", se apena aún.

"Una costumbre que agarré fue que de cada país donde íbamos me llevaba un recuerdo mediano que no pasara de 30 centímetros. Ahora tengo las vitrinas llenas", explica.

De los países que conoció, sin duda, el que más le sorprendió fue Japón. "Me impresionó mucho. Es un país de ensueño. Parece de un cuento", compara.

Hace apenas cinco años que se separaron. Cuando ya se asentaron en España, donde hicieron las últimas giras, su amigo del alma Baltasar le dijo que ya estaba cansado y que quería pasar sus últimos años con la familia, a la que había descuidado. Además, Sánchez ya había encontrado en Canarias, gracias a un concierto en la chicharrera calle La Noria, a Marisa, "la mujer que yo andaba buscando", y también se quedó hasta el día de hoy. José Luis viaja una vez al año a México a ver a sus hijos, que viven allí, salvo Carlos, que lleva dos años en Tenerife con la banda de son cubano Chango Mantinga. "Estamos ahora en México y nos quedaremos hasta mi cumpleaños en septiembre", señala el pancho de corazón que empieza a padecer los primeros síntomas de Parkinson.

Hace una semana fue a visitarlo Baltasar y le dijo unas palabras que lo emocionaron: "Mira, compadre, si cuando fuiste a la casa de El Güero Gil no llegas a pulsar el timbre con el dedo por los nervios, ¡nos hubiéramos perdido tantas cosas tan bellas y un éxito tan grande que no esperábamos!".

José Luis no se cansa de admitir que "la vida me ha dado más de lo que yo anhelaba, buscaba y esperaba". "Es una cosa increíble porque tríos en México hay muchos pero decir Los Panchos es algo muy especial, mucho, desde el sonido del requinto hasta los acordes, los matices y los repertorios".

"Ahora estoy tranquilo en casa, satisfecho de mis hijos, de la suerte que tuve y de la vida que Dios y el público me han dado. Eso me emociona mucho". Sigue tocando pero ya no es igual que antes, aunque "todavía me dicen que suena al estilo pancho", afirma sonriente.
José Luis no tiene nada más que pedir: "Lo único que deseo es que el tiempo que me queda pueda pasarlo junto a mis hijos hasta donde se pueda y al lado de Marisa, que me cuida muchísimo. Gracias a ella estoy viviendo estos años".

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