Alba Sabina Pérez
Escritora y guionista. Acaba de lanzar su primera novela, ´Silence´ 

´No tengo ninguna expectativa salvo la de seguir escribiendo toda la vida´

"Silence´ es una historia que se puede disfrutar, sin alardes y sin sentar dogmas"

14.05.2014 | 02:00
Alba Sabina Pérez, en Santa Cruz de Tenerife con su primera novela.
Alba Sabina Pérez, en Santa Cruz de Tenerife con su primera novela.

Alba Sabina Pérez (Santa Cruz de Tenerife, 1984), licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense de Madrid, saca su tercer libro y primera novela, Silence (Neys Books Ediciones, 2014), tras Algo que contar (Mr Ahora, Grupo Planeta, 2008) y ¿Quién cuidará de mis guardianes? (Ediciones Idea, 2013). La escritora, especializada en narrativa audiovisual y guión cinematográfico, ha sido galardonada con dos certámenes de narrativa, además de ser seleccionada en la muestra de Jóvenes realizadores del Festival Internacional de Cine de Gijón en 2007 con el cortometraje 20 Euros. Sus textos han sido publicados en revistas a nivel nacional y colabora con la opinión de tenerife.

– "Una joven vulnerable y solitaria que va de vacaciones a Costa del Silencio...". Este es el hilo argumental de Silence, su primera novela. Para empezar, ¿es Costa del Silencio una metáfora?

– Empecé a escribir esta historia en forma de guion de largometraje en 2006. Desde muy joven estaba obsesionada con el espacio de Ten Bel y Costa del Silencio como una suerte de paraíso perdido en la tierra, donde habitan personas que han encontrado aquí (allí) su lugar, fuera de los límites establecidos. De alguna forma, durante todos los años en los que abandoné la historia, tejí de la misma forma un imaginario en el que Costa era la dueña de lo que sucedía. Creo que lo merece y, aunque el espacio esté sutilmente transformado por mi propia búsqueda de un lugar utópico, contiene una fuente muy amplia de elementos susceptibles de ser tratados en la ficción. Mi necesidad de comprender este fenómeno era tal que me vine a vivir a Costa para encontrar la historia de Claudia y transcribirla.

–Identidad, la búsqueda de uno mismo... ¿Puede adelantar un poco de qué va la novela?

–Claudia vive un periodo de transición durante la novela. Se encuentra entre la juventud y la edad adulta y está perdida, no solo con respecto a lo que va a ser su futuro, sino con respecto a quién es ella misma, hecho que se acentúa por sus circunstancias mentales, debido a un episodio de alucinaciones que ha sufrido previamente al inicio de la historia y que la hace dudar entre lo que es real y lo que no.
Sobreprotegida y harta de la situación, se marcha de vacaciones sola por primera vez a un lugar que desconoce. Al llegar recuerda que ya había estado allí antes y se siente extrañamente familiarizada con las personas que va conociendo y con el lugar. Es una novela sencilla, de transición, en la que abro una ventana para que el lector vea lo que Claudia ve, adentrándose poco a poco en su propia percepción de esos habitantes de Costa y de ese paraíso perdido y recuperado, revivido como pérdida.

–¿Por qué Silence? ¿Por qué el título en otro idioma?

–Era importante para mí que fuese comprensible pero que no estuviese en español, por las dificultades que sufre la propia protagonista al enfrentarse a un lugar en el que se hablan varios idiomas. Me gustan mucho las paradojas, de hecho la primera frase de la novela lo es. En este caso se trata de encontrar respuestas en el silencio, respuestas en un lugar cuyo nombre alberga ese silencio, la ausencia de ruidos y el diálogo en otro idioma, que en este caso es el francés. El título del libro nunca ha cambiado.

–Su primera novela. ¿Qué expectativas alberga? ¿Cree que podrá vivir de su literatura?

–No tengo ninguna expectativa particular salvo la de seguir escribiendo durante toda mi vida, y hacer todo lo posible para vivir de ello pese a que sé que es dificilísimo. Si no lo logro, no será porque no lo haya intentado. Me suelen decir que es imposible, pero no me suele importar. Soy bastante exigente y decidida porque nunca he querido ser nada más que escritora, y lo voy a intentar bajo y en cualquier circunstancia. Ahora están traduciendo Silence (2014) en Estados Unidos y estamos en proceso de comenzar la traducción al francés, lo que quizás me abra ciertas puertas en Europa. No me importa el dinero sino el tiempo, y yo al menos necesito catorce o quince horas diarias para leer, escribir y formarme como escritora. Un trabajo normal no me permitiría estas grandes cantidades de tiempo.

–¿Le resultó muy difícil publicar? ¿Cómo llegó a editar Silence con una editorial independiente y joven como Neys Books?

–Me resultó difícil decidirme a publicar mi segundo libro, el de relatos, porque mi primera experiencia había sido cuanto menos extraña, siendo muy joven y con una gran editorial. En el caso de Silence buscaba una editorial y un editor que tuviese ilusión, ganas y la fuerza para confiar en proyectos nuevos sin dejarse llevar por el mercadeo editorial al uso. Desde que conocí a Juan Andrés Herrera me pareció que iniciaba un proyecto sólido y que apostaba por sus escritores desde el principio del proceso, con un sistema de trabajo que se parece mucho a mi filosofía. Ambos teníamos otras ofertas, él de novelas y yo de editoriales; pero desde que Neys leyó Silence y yo escuché el proyecto de Neys, supimos que era un acierto conjugar nuestras fuerzas.

–La han comparado, por su lenguaje crudo, irónico y directo, con J. D. Salinger. Son inevitables las comparaciones, así que ¿con quién querría que la compararan?

–Por querer, me gustaría escribir como Cortázar y Pavese; pero, puestos a elegir, ojalá no me comparasen con nadie para no quedar como un intento de copia de un escritor a quien admire. En Silence no veo ni siento que me parezca a nadie en concreto.

–Usted también ha ejercido de periodista. ¿Tiene esta novela un tono de crónica?

–Quizás sí, pero creo que posee más bien una agilidad cinematográfica. Al escribirla con la intención inicial de que fuese un guion y, aunque luego la reescribí de cero, siempre quise que tuviese la estructura de un guion. Me tomé de todos modos la licencia de dividirla en cuatro partes en vez de las tres clásicas. Además de esto, el esqueleto de la novela está montado como si fuese una película. No quise hacer un ejercicio de literaturización excesivo, primero porque no tengo la capacidad real en la actualidad para hacerlo y la historia no lo necesitaba. Prefiero pecar de quedarme corta que de ser pretenciosa: no me gustan las historias pretenciosas.

–Forma parte de la nueva hornada de escritores canarios. ¿Cuesta tanto como parece que en ésta como en las anteriores alguien destaque?

–Los motivos son que se publica demasiado y que la calidad no es acorde a ese volumen de publicaciones. ¿El resultado? Lo bueno queda solapado por lo malo. Por otro lado tenemos la mala costumbre de diferenciar literatura y literatura canaria a nivel comercial, eso no se hace en lengua española salvo aquí. No es malo a nivel académico porque es cierto que tenemos características propias; pero, a nivel comercial, deja en un plano ínfimo a obras que tienen una calidad igual o superior a otras que se publican fuera de las Islas. Es difícil que esto cambie sin un esfuerzo y una criba por parte de editores, libreros, y con un profundo ejercicio de autocrítica por parte de los propios escritores.

–¿Cuáles son sus referencias a nivel global y en el ámbito insular?

–No tengo referentes literarios a nivel insular. De lo que he leído me quedo con Benito Pérez Galdós, Isaac de Vega y Luis Alemany; pero no los puedo considerar referentes. Mis referentes son Hesse, Carroll, Nabokov, Salinger, Capote, Kafka, Camus, Faulkner, Bryce Echenique, Borges, Fitzgerald y Cabrera Infante.

–Quizás la cultura canaria tiene unos territorios manidos, muy interiores, muy endogámicos, que, a lo mejor, si encima se cuentan en clave localista, no interesan lo más mínimo a los lectores de otros países. ¿Eso ha podido pasar con la literatura, el cine y otras artes?

–Sí, desde que me acerqué a la literatura canaria he visto una endogamia que me ha sorprendido para mal. No veo que se haga un esfuerzo real (en general) por literaturizar ni espacios ni situaciones ni personajes. Por lo general, se repiten unos insulsos patrones por recrear cosas ya dichas y explorar espacios ya explorados de la misma forma o de maneras menos interesantes. No creo que se haga gran literatura, por decirlo de alguna forma. Se escribe demasiado, pero muy mal. Hay honrosas excepciones, pero las que hay, como dije antes, no trascienden porque el mercado está copado de mala literatura canaria y porque seguimos, una y otra vez, diferenciando literatura canaria y literatura hasta el punto de convertirlo en un estigma, en una rareza o en un folclorismo vacío más.

–Es usted muy crítica en sus artículos periodísticos. ¿Lo es también en la literatura?

–A veces lo soy, pero si en esta novela hay polémica yo no la veo, y si alguien la encuentra creo que es por puritanismo no porque yo haya querido hacer polémica con ella. A mí me parece bastante balsámica. No tenía la intención de proclamar nada ni hacer una declaración de intenciones, solo la de contar una buena historia lo mejor que sabía.

–¿Qué diría para convencer a alguien de que compre Silence?

–Creo que es una historia que se puede disfrutar, sin alardes y sin sentar dogmas. Es una novela breve para lectores que busquen la sencillez, y para aquellos que sepan cómo escribo y les guste, digamos, mi estilo. Tampoco querría crear expectativas falsas sobre el libro.

–Periodismo y literatura. García Márquez, Tom Wolfe, Truman Capote... Congenian de maravilla. ¿De qué le sirve el periodismo para la novela y acaso la novela para el periodismo?

–El periodismo te ofrece una fuente inmensa de recursos narrativos y, por otro lado, te da grandes posibilidades para hallar puntos de vista con los cuales enfocar una historia. Mi ejemplo predilecto es Capote: su fuerza radica en aunar ambos oficios, y lo hace de maravilla, de una forma que además es siempre sorprendente y nueva. Ahora mismo estoy tratando de mejorar mis habilidades filológicas, imprescindibles, pero sin duda el periodismo te dota de gran agilidad narrativa. La novela te sirve para deshacerte de prejuicios a la hora de ser periodista, también es importante entender que la objetividad y la imparcialidad absolutas son imposibles, y que lo que realmente es preciso es encontrar una observación casi total de la realidad con (y en) todos los sentidos. Eso es lo tiene que tener y encontrar un buen narrador, un buen novelista y un buen periodista, entre otras cosas, claro.

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