ALBERTO GARCÍA SALEH
Maribel Verdú interpreta al personaje de Dafne en la obra El tipo de la tumba de al lado que dirige José María Pou, y que se representará en el Teatro Guimerá este fin de semana, los días 20 y el 21 de julio. La actriz madrileña, que estará acompañada por Antonio Molero, reconoce que este best-seller de la escritora sueca Katarina Mazetti, que también ha sido llevado al cine, es la típica comedia entretenida que gusta a todo el mundo, aunque lleva implícita mucha mala leche. El mes pasado ya la representó en Las Palmas y ahora vuelve a las Islas para traerla a Tenerife. La obra, que logra cosechar éxito tras éxito en los lugares por los que va pasando, certifica la calidad de una artista que se inició en el arte de la interpretación casi en la infancia y se convirtió en una de las jóvenes actrices más aclamadas del cine español entre mediados de los años 80 y principios de los años 90 del siglo pasado.
–En la obra que tiene ahora en cartel hay una relación entre dos personas totalmente opuestas que surge, precisamente, ante las tumbas de sus respectivas parejas. ¿Cuál es el motivo que las impulsa a iniciarse en esa aventura?
–La soledad, y yo creo que también lo desconocido nos atrae mucho. Yo, por ejemplo, estoy casada con un biólogo, loco por la ornitología, con la vida más aburrida que te puedes imaginar, y que en el sexo es un desastre. De repente, veo a un hombre que nada tiene que ver con esto, un granjero con las manos de tierra, que es puro campo y tierra, y ese terreno desconocido me atrae y quiero ahondar en él y ver qué ocurre. Hay otra cosa que nos une también que es la pasión y que es estupenda, pero se necesitan otras muchas cosas para mantener una relación. Por eso, también hay un pellizco un poco amargo al final y muchas jóvenes siempre nos esperan llorando al final de la función. Mis amigas me dicen muchas veces que quieren un granjero como Molero.
–La obra utiliza una misma escenografía para representar hasta 20 lugares distintos. ¿Cómo se logra ese efecto en el espectador?
–Eso fue todo un reto. La escenografía muestra los escenarios de la biblioteca, el restaurante, la granja, la casa de ella, etc. En realidad, lo que hay allí es un montículo impresionante verde y luego es como cuando lees un libro, que la imaginación tienes que sacarla a tope. Yo te digo que es un restaurante y tus ves el restaurante. Y luego yo te describo también cómo es la casa de Antonio y la gente sale diciendo "es que lo olíamos, nos lo imaginábamos todo". Eso es maravilloso porque así el público trabaja, desarrolla su imaginación, y cada cual se imagina lo que quiere. Nosotros, además de con los difuntos, hablamos con el público y el público es nuestro cómplice para muchas cosas en la obra.
–¿Cómo ha sido la experiencia de haber trabajado con José María Pou como director?
–Con Pou he trabajado como actriz en Blancanieves y Vida privada, pero es la primera vez que me dirige y tenía muchas ganas porque José María es un sabio, es la mismísima experiencia, y ha sido increíble. Y la coincidencia no ha sido que hayamos estados aquí Antonio y yo después de hacer juntos Un Dios salvaje. En un principio, queríamos hacer un trabajo juntos los cuatros actores de aquella obra. Pero por motivos de calendario ha sido imposible. Queríamos que estuviera Pere y Aitana, pero estamos él y yo.
–¿Ha sido fácil estar sola con Antonio Molero en un escenario?
–Ha sido muy fácil. Antonio tiene muy buen carácter, y es un actor muy generoso, y por eso nos entendemos muy bien. Ha sido muy importante esa complicidad. Solo así podíamos situar a una intelectual urbana en una granja y a un granjero de provincias en la ópera. La obra es un auténtico tratado sobre las diferencias sociales y culturales entre los seres humanos.
–Precisamente, ´El tipo de la tumba de al lado´ no es una de las obras habituales que dirige Pou.
–Pou hace muchos dramas y cosas muy intensas. Yo, en teatro, prefiero elegir comedias porque en el cine ya me como unos dramas tan fuertes que no se pueden ni creer. Cuando le ofrecimos a Pou esta obra, José María dijo "sí, me gusta porque es algo pequeñito, que no haga pensar en exceso, que no sea sesudo, que no sea la típica obra de la gente que no se entera de nada y dice que le ha gustado para quedar bien". Lo que yo creo que es mejor de esta obras es que no hace pensar mucho. No es una de esas obras de peso y está hecha para que la gente pueda relajarse un poquito.
–¿Cree que hay muchos parecidos entre usted y su personaje de la viuda Dafne?
–Yo creo que no me parezco mucho a ella. Yo, por ejemplo, soy una persona que se adapta a la ciudad, al campo, a todo, y que no le hago ascos a nada. Si tengo que vivir en la India acostada en un trozo de tierra lo hago sin problemas, y si estoy en un hotel de cinco estrella pues prefiero estar allí, pero yo me adapto a todo. Sin embargo, mi personaje no. Tengo que ver con ella en que adoro ir al teatro, a la ópera, tirarme en el sofá, estar leyendo durante horas. Pero a ella le gusta mucho estar sola, es una persona a la que le gusta mucho la soledad. Yo la soledad no la aguanto, solo la que yo elijo en determinados momentos. Pero eso de vivir sola, viajar sola, nada, yo necesito compartir.
–¿Se lo pasan bien haciendo la obra ustedes dos solos?
–Nos lo pasamos muy bien. De hecho tenemos monólogos y cuando realmente disfrutamos es cuando interactuamos, por la química, por la complicidad. Y lo disfrutamos mucho. Debo reconocer que lo que más me gusta es hacer encuentros con la gente previos a la representación, porque te preguntan unas cosas alucinantes, saben muchas cosas de ti que tú te quedas muerta.