G. REDONDO
SANTA CRUZ DE TENERIFE
"Robert Schumann es uno de los compositores menos entendidos y menos valorados por su música de orquesta", reconoce Sir John Eliot Gardiner. El maestro, que anoche dirigió al coro Monteverdi y a la Orquesta de Cámara de Mahler en un lleno Auditorio de Tenerife Adán Martín, reivindica el color y la poesía que esconden las sinfonías de Schumann.
La 28 edición del Festival de Música de Canarias se acerca a su recta final con "uno de los grandes maestros de la dirección musical", como lo calificó Candelaria Rodríguez, directora del certamen. Gardiner lleva esta noche al Auditorio Alfredo Kraus en Las Palmas de Gran Canaria, el repertorio que pudo disfrutar anoche el público tinerfeño. El programa lo integran el Requiem para Mignom, "una música dramática", la Canción Nocturna, "una obra de sinfonía y coro que se asoma a la noche con gafas románticas" y cierra la Sinfonía nº 4, "la más melodramática" según explica Gardiner. Estos tres estilos radicalmente diferentes de Schumann combinan con maestría la música de orquesta con las voces del coro, formado por personas de 45 países diferentes.
Se decía del compositor alemán que era incapaz de orquestar su propia música, según cuenta Gardiner, quién remarca su absoluto desacuerdo con esta afirmación. "Tenía unas capacidades extraordinarias, el color que se ve en su música es de otro mundo, así como la poesía y la luz que salía de sus sinfonías", cuenta Gardiner, que ha decidido subir a escena el Schumann más desconocido.
El público además de descubrir estas piezas, poco interpretadas hasta ahora, en un juego sinfónico y coral, van a descubrir a los violinistas y violas tocando de pie. Esta práctica, que nació del director de orquesta Mendelssohn, "crea una dinámica distinta, les da más libertad y lleva a una situación en la que los músicos tocan de manera rapsódica", comenta Gardiner. Dejar a estos artistas de pie en el recital busca "incrementar el impacto que tiene esta obra en el público".
Los espectadores que agotaron las entradas de los dos auditorios canarios con mucho tiempo de antelación, son en su mayoría gente mayor. Según asegura Gardiner, "en los recitales de música clásica el público está cada vez más calvo, y más viejo". A pesar de que hoy día, hay muchas más iniciativas en los colegios y las Universidades para despertar el amor por la música clásicos que hace una década, "la imagen de un concierto clásico, sigue siendo pomposo, es algo que no es guay", explica el creador del coro Monteverdi, que reconoce la importancia de que las generaciones se mezclen para poder trabajar juntas.
Además de su labor sobre un escenario, Gardiner lleva años dirigiendo un sello discográfico, junto a su mujer Elisabeth. El británico comenta que la situación ha cambiado con respecto a décadas anteriores y, a pesar de que el mercado se ha hecho más pequeño, crea nuevas oportunidades para pequeños sellos como el suyo que trabajan con actuaciones en directo y con una relación estrecha con los artistas.