Armando Capote, compositor e investigador de la teoría musical  

´La enseñanza musical en Canarias aún se decanta por el uso del casete´

"Canarias necesita una Escuela Superior de Música como las ya existentes en otras comunidades aventajadas en España"

 
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 la opinión

Instalado en Barcelona desde hace ya algunos años Armando Capote (S/C de Tenerife, 1955) no ha olvidado las islas, como tampoco que su pasión ha sido y es la música, a la que se ha dedicado en cuerpo y alma durante décadas: bandas sonoras, documentales, spots publicitarios, espectáculos multimedia, etc.

ANTONO JIMÉNEZ PAZ | SANTA CRUZ DE TENERIFE Desde niño formó parte de algún que otro grupo musical que Antonio Reyes ha registrado como pertenecientes a "la infancia del pop-rock tinerfeño". Desde entonces se le auguró un gran futuro como baterista. Pero es decir poco, pues debido a sus titulaciones estadounidenses la enseñanza musical ha ocupado gran parte de su currículo, sobre todo como percusionista, hasta el punto que hoy -fruto de sus investigaciones didácticas- es autor de un método propio y novedoso para iniciarse en este instrumento, asunto que aquí se desconoce, como seguimos desconociendo -y es otra de sus reivindicaciones- la importancia en nuestra enseñanza isleña institucionalizada de la música moderna.

- ¿Cómo entender que alguien que iba para abogado acabara en las garras de la creación y la teoría musical?
- Más que nada empecé a estudiar Derecho en la Universidad de La Laguna por voluntad de mi padre, pero me desencanté… No sé si fue la masificación, que veía que todo era absolutamente previsible, o porque me asaltó la idea de que no siempre un abogado, que era lo que yo tenía en la cabeza, defiende a las personas que se lo merecen. Total que abandoné esos estudios y empecé a hacer Filología Inglesa, y me pasó otro tanto de lo mismo, estuve dos años estudiando y también lo abandoné… siempre con la idea de que a mí lo que me gustaba era la música y pintar. Tuve la suerte de que mi padre era una persona muy inteligente, y entendió que yo realmente no servía para lo que él quería de mí, que fuera abogado. Como la idea era que yo tuviera una preparación académica adecuada -lo que se llevaba en ese momento- me fui a Madrid a estudiar dibujo publicitario el año posterior a la muerte de Franco, pero como la vida en Madrid era muy inestable mi padre me mandó a Barcelona, a estudiar Bellas Artes a la Escuela Massana donde estuve un año hasta que por fin, por descalificación de opciones, decidí que lo que quería estudiar en realidad era música, lo que siempre había llevado dentro… Tras el primer año de estudios en Barcelona llegó el servicio militar que hice en Melilla, con tanta suerte que me tocó como músico en la orquesta militar…

- ¿Fue esa su primera experiencia con la música?
- No, no… Yo entré a los 4 años en el Colegio Alemán y con 9 años empecé a tocar la batería, de un día para otro, en un grupo cuando mi hermano Ginés me dijo "el sábado ensayamos con los hermanos Morales", que no eran otros que Luis y José Ángel Morales. Efectivamente, ese sábado yo ya tenía una caja y un plato y como ya de entrada compartíamos los mismos gustos musicales empezamos a tocar directamente canciones de los Beatles. Tocábamos en las fiestas del colegio, en casa de familiares, en los carnavales, e incluso hicimos algo en alguna televisión, sobre todo por lo exótico que resultábamos al ser un grupo de niños. Poco a poco fuimos haciéndonos conocidos, lo que nos daba autoconfianza, convirtiéndose en un factor activo de compensación de nuestras vidas. El grupo primero se llamó The Lords, luego Island… A los 16 años ese grupo se deshace para dar paso a una nueva formación que se llamó Samara, demostrando que cada vez se hacía más fuerte mi amor por la música, mi deseo por este arte, y ese grupo me llevó hasta los 24 años más o menos…

- Aclarado esto, ¿qué ocurrió cuando finalizó el servicio militar?
- Pues que regreso a Canarias y formo parte del grupo Arte Moderno (música alternativa, electrónica), junto a Javier Segura y Juan Belda, que son, desde mi punto de vista, junto a Polo Ortí, mi hermano Raúl Capote, Quique Perdomo y Ramón Díaz, los referentes de la música contemporánea ahora mismo en Canarias. Arte Moderno duró hasta 1981.
- ¿Hubo en su genealogía familiar alguien con inclinaciones artísticas, musicales?
- Fue quizá de mi abuela, Eulalia Rodríguez López, de donde probablemente me venga toda la vena artística, sobre todo la de la música. Mi abuela pertenecía a la saga de los Rodríguez López, esa familia que fue en cierta forma un poco especial para Santa Cruz. Ella fue una concertista extraordinaria, según las críticas de su época, hasta que lo dejó para dedicarse a su familia. Su marido, mi abuelo paterno, Ángel Capote, fue cirujano y fundador de la Clínica Capote. Mi infancia la pasé toda jugando en la clínica Capote, en sus pasillos, sótanos, y patios… una infancia muy feliz.

- Ahora que nombra esta Clínica… ¿tiene que ver en la actualidad con su familia?
- Ángel Capote, que es mi abuelo paterno, la fundó en 1924. Durante toda su trayectoria y poco a poco se fue convirtiendo en un estandarte de la sanidad, al menos en Tenerife, a donde iban a parar muchos médicos a pasar consultas, sobre todo por la popularidad que iba cogiendo, médicos como Don José Estrada, Don Miguel López, Don Tomás Naranjo, e incluso el mismo Carlos Pinto Grote o Javier Loño, que hicieron que la calidad en el trato con los pacientes fuese la regla desde el principio y cada vez más cercana… Que a mí ni a nadie de los míos culpen de los desgraciados acontecimientos que han marcado a esa clínica recientemente. Fue una empresa familiar que se vendió en 1981 a un grupo de empresarios canarios. Incluso yo diría que de estar caracterizada por su consigna humanitaria, en mi opinión se convirtió en un proyecto netamente financiero e impersonal, una auténtica pena… Estamos del lado de los damnificados.

- ¿Cómo consiguió al final sus estudios musicales, aquello que añoraba desde que empezó en la Universidad de La Laguna abandonando una carrera y otra?
- Cuando se vendió la clínica, mis hermanos, mis primos y los tíos nos repartimos la herencia por voluntad de mi abuela y tuve la ocasión de irme a estudiar a Boston, al Berklee College of Music, entre los años 1983 y 1986, donde me licencié en Composición, en la especialidad de Bandas Sonoras. También estudié batería y percusión. Estudié lo suficiente para graduarme Cum Laude y recibir una Beca Fulbright durante los años 1986 y 1988 para continuar mis estudios y hacer un Máster en Composición en uno de los conservatorios más importantes del mundo, New England Conservatory… En Boston fue también donde conocí a mi maravillosa mujer, Bronwyn Evans, que terminó sus estudios Magna Cum Laude en interpretación de jazz. Ella también recibió una beca para estudiar musicología en Tuffts University.
- ¿Qué hubiera sido de usted sin estos estudios, quedándose en Canarias?
- Yo, cuando salí de Canarias ya estaba tocando como músico de estudio con diferentes grupos, ya había alcanzado un nivel de reconocimiento a la batería. Sin embargo, al dejar Canarias hubo un lapsus de 6 años en que perdí el contacto con todo lo que ocurría musicalmente en las islas. Pero a esos años se sumaron después otros 14 en los que me dediqué a componer dejando a un lado la batería. Es decir, que prácticamente estuve 20 años apartado total de tocar la batería con grupos porque me dediqué de lleno a la composición y a la enseñanza, a raíz de mis especializaciones en Boston… A veces me pregunto hasta dónde podría haber llegado como batería profesional…

- Añoranzas aparte, hablemos de ese paréntesis…
- Al terminar todos estos estudios en Boston volví a Canarias y ya empecé componiendo la banda sonora para "Sonatas del Teide" (1988), un documental de Paco Mangas, como otras composiciones para la productora de los hermanos Ríos. También compongo música para otros formatos como ballet, teatro y danza, donde quiero destacar de forma especial "Canarias bajo el Mar" o la compuesta para In fraganti, una obra de teatro experimental de Óscar Millares que consiguió varios premios y participó en varios festivales internacionales… Pero al poco llegó mi mujer a Canarias y decidimos que debíamos probar en Madrid, donde nos establecimos por dos años y trabajé para la Escuela de Música Creativa impartiendo clases de armonía y también, junto con Santi Vega, en el Departamento de Música para Cine… Tras este periodo regresamos a Canarias y colaboro con Digitalia, la productora de Pepe de Miguel, componiendo música para documentales de televisión, aparte de dar clases…

- En cuanto a la enseñanza musical en Santa Cruz tuvo usted un papel pionero…
- Mi mujer y yo creamos un programa que presentamos al Organismo de Cultura del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, creo recordar que en 1991, y que fue aceptado. Así se creó por primera vez una escuela de música moderna por la que pasaron muchos alumnos. Fue una experiencia que acabó en el 2001, al crearse por parte del mismo organismo del Ayuntamiento su Escuela Municipal de Música… Para trabajar en esta nueva escuela tuve que presentarme a unas oposiciones después de haber trabajado muchísimo tiempo en esa otra digamos no oficial hasta entonces. Llegué a enviarle una carta certificada al alcalde con acuse de recibo en la que le preguntaba si podía hacer la prueba en instrumento con la batería, que era mi fuerte, pero nunca recibí contestación. Me vi obligado a hacer las pruebas en piano, pero claro, muchos de los que se presentaron eran músicos, no tenían mi experiencia didáctica pero habían estado estudiando en conservatorios repertorio de Bach, Mozart, Beethoven, etc., y por supuesto con más técnica que yo. Eso hizo que mi puntuación en la prueba más importante fuese muy baja sin poder acceder a ninguna plaza. Eso me enfadó mucho, entendiendo que tanto a mi mujer como a mí se nos había impuesto algo que realmente no tenía sentido ni lógica, porque el asunto se centraba más en una idea política que didáctica. De hecho mi mujer, a pesar de tener unos títulos magníficos, también tuvo problemas por ser extranjera… Decidimos enviar los currículum por el mundo. A ella le respondieron inmediatamente desde el Colegio Americano de Barcelona diciéndole que querían hacerle una prueba inmediata, y por supuesto que la escogieron. Entonces nos mudamos a Barcelona. Ahí yo empecé a trabajar como profesor de batería y percusión en la Escuela de Música de Bellaterra, desde el 2002 al 2008, dedicándome por otro lado a publicar libros sobre un sistema de batería radicalmente nuevo para aprender a tocar la batería, fruto de mis investigaciones, y que es a lo que me dedico actualmente…
- ¡Qué curioso! ¿Podría dar más detalles sobre ese asunto?
- Durante esta última década me he dedicado a desarrollar un sistema, a mi entender más simple, de la enseñanza de la batería: "La Bhablatería" o batería hablada… En occidente, a diferencia de la costumbre en otras partes del planeta (África, Caribe, India, etc.) la herencia de ritmos -siguiendo la costumbre actual que comenzó en el siglo XI con el desarrollo de la "notación diastemática"- se ha ido perpetuando sólo por la notación musical por grafías, sin dejar espacio para otras alternativas… En lo referido a la percusión -¡no habré sido yo el primero!- tuve la suerte de entender que, a diferencia de las posibilidades con melodías, escalas, etc., los golpes en la batería no podían enseñarse con exactitud por tradición oral. Empecé a organizar los golpes simples y los grupos de golpes sobre la batería y a reconocer cada uno de éstos con "sílabas únicas" que los representaran de la forma más onomatopéyica posible, para luego construir por combinaciones de éstas, palabras, frases y discursos rítmicos, conformando de esta forma un idioma original. El resultado permite informar cualquier ritmo con absoluta precisión, entre aquellos que conozcan el lenguaje. He estado impartiendo mi método con resultados magníficos. Cada sílaba encierra una imagen única de la parte o partes sobre las que se golpea el instrumento, facilitando que, a la larga, como pasa con cualquier lenguaje, se pueda conversar "batería" a partir de conceptos aprendidos, desde un inicio, por la identificación subconsciente de objetos relacionados con imágenes. Mi propuesta va acompañada siempre con gráficos, y últimamente con codificaciones numéricas y alfabéticas de mi propiedad intelectual, a parte de la notación tradicional.

- ¿Y qué dio lugar a toda esta investigación suya?
- Todo empezó hace prácticamente 30 años por un alumno muy jovencito de 6 años que tenía problemas con la notación musical tradicional. Empezando a darle vueltas a cómo podía enseñarle ritmos surgió la idea de dibujárselos… Así que desde el 2001 he estado trabajando en diferentes teorías al respecto que han acabado convirtiéndose en cuatro fórmulas complementarias a la anotación tradicional de la música que yo defino como "notación silábica", "notación numérica", "notación alfabética" y "notación gráfica", de tal manera que soy capaz de convertir cualquier partitura en cualquiera de estas cuatro formas. Tú me das notas y yo te las devuelvo en palabras, de forma que quien conoce mi sistema y recibe de mí un párrafo hablado lo puede transformar en notas musicales.

- ¿Cuántos libros ha publicado sobre este método particular y dónde?
- Abarcando todos los estilos he publicado hasta la fecha cinco con Trafford Publishing (Gran Bretaña) y uno en Editorial Bellaterra Música (Barcelona). En cinco de ellos he volcado mi propuesta… Ahora estoy escribiendo mi séptimo libro por encargo de la editorial italiana Carish, dirigido a principiantes y para el que he planeado incluir mi sistema conjuntamente con la forma tradicional de escritura musical.

- ¿Hasta qué punto cree necesaria una Escuela Superior de Música en Canarias?
- Canarias necesita una Escuela Superior de Música como las ya existentes en otras comunidades aventajadas en España y en la mayoría de las grandes regiones europeas de más de dos millones de habitantes… Los conservatorios no son, atendiendo al currículo que imparten, la alternativa más práctica para que un músico haga una carrera y pueda transformar sus estudios en el medio de trabajo que le faculte para vivir holgadamente. Y no pretendo descalificar a estos centros, que conste. De hecho, hace unos días presencié una audición en el Conservatorio Superior de Música de Santa Cruz hecha por jóvenes pianistas y quedé gratamente sorprendido por la calidad de los intérpretes: los niños controlaron con habilidad los aspectos técnicos y de musicalidad en la ejecución. Sin embargo el repertorio ofrecido, a pesar de la belleza que transportaban y la genialidad de sus autores, también me entristeció. No me atrevería a utilizar el término "muerto" para referirme al lenguaje empleado, pero sí que tengo que definirlo como "no modernizado". Parece que en esta era que comienza con el IPod, la enseñanza de la música en Canarias aún se decanta por el uso del casete. Ante esta realidad, es continua la salida de estudiantes en busca de organismos fuera de las islas para conseguir una preparación de acuerdo a las necesidades de las que carece la enseñanza oficial impartida en nuestros centros.

- ¿Y cree que el gobierno canario ha movido ficha en este sentido o todavía o no?
- Por lo que yo sé en 2009, gracias a la actuación del pianista Polo Ortí y las conversaciones con la Viceconsejería de Cultura se iniciaron los trámites para crear el departamento de música moderna y jazz en este conservatorio, pero con tan mala suerte de que, pese a que se había aceptado la propuesta y se había anunciado en el BOC las oposiciones para formar parte de los profesores que iban a impartir las clases, Canarias se sumó a la crisis económica que paró todos los proyectos que en principio con tan buena gana quería poner en marcha nuestro gobierno… Creo que se podía haber hecho un esfuerzo para sacar partidas presupuestarias de otros proyectos a los que les ha dedicado cantidades considerables y que sin duda tienen un interés menos beneficioso para el común de la ciudadanía…

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