ERICK CANINO | SANTA CRUZ DE TENERIFE
El Auditorio de Tenerife recibió en una noche, y van cuatro años de manera consecutiva, la visita de alguno de los artistas latinos más queridos en el planeta tierra. Los Premios Cadena Dial se han establecido en la Isla en una suerte de gala-publireportaje que salva, no sin dificultades, la exigencias de un guión en el que, en poco más de dos horas, se debe encontrar espacio para premiar a una quincena de artistas, con sus respectivas actuaciones musicales (la mayoría abrazados a ese playblack parcial que tanto chirría) y servir de marco para una pasarela mediática en la que terminan haciendo acto de presencia periodistas, actores, presentadores de televisión, magos y modelos y casi todo aquel que aporte glamour (o similares) en esta clase de espectáculos en los que muchas veces la esencia se quiere medir al peso.
Anoche, un ligero retraso en el inicio no restó la viveza y la agilidad con las que suelen armarse las galas de los Premios Cadena Dial. La dinámica se repite año tras año. Una secuencia de premio-actuación; premio-actuación, salpicada por alguna que otra sorpresa, principalmente en tono humorístico, que apenas llega para distender una ambiente que, por fugaz, llega a encorsetar la supuesta riqueza de una noche en la que aparecen nombres como los de Chayanne, Alejandro Sanz, David Bisbal... Queda el regusto de lejanía. Esa misma agilidad en la sucesión de artistas que se requiere como elemento básico para evitar una producción excesivamente larga resta cercanía al evento. Es la consecuencia del alto número de participantes en una gala que intenta condensar en una noche lo mejor de la música en castellano del año anterior.
Para el amante de un cierto espectro de la música en castellano, para el seguidor del personaje más de que la música, los Premios Cadena Dial ofrece en poco más de dos horas (cinco si se cuentan las tres horas anteriores a la gala de desfile sobre la alfombra verde) un maravilloso postre de sonrisas, dedicatorias al cielo y cariños mutuos cantante-público. Porque, como pasa en casi cualquier punto del planeta tierra, el artista siempre quiere el lugar que pisa como si fuera su propia casa. Y ayer no fue distinto. Todos enamorados de Tenerife, todos encantados con su público.
La Gala tiene su precio, nada es casual. Y si el área de Turismo del Cabildo insular apuesta decididamente por darle continuidad al evento en la Isla (la presentación oficial del espectáculo se realiza en Madrid dentro del marco de la Feria Fitur) entonces la producción debe de estar cargada de guiños hacia la calidez (principalmente) de Tenerife. Se trata de vender la Isla también, no sólo de distinguir a los premiados. Y eso no es espectáculo. ¡Alejandro Sanz, de los más queridos por un público que no llenó del todo el Auditorio, dio las gracias al Cabildo de Tenerife cuando recogió su premio!
Javier Cárdenas y María José Aledón fueron los encargados de encauzar una gala en la que tuvieron presencia sobre el escenario más de cincuenta personas, entre ellos los componentes del grupo de pop local La Vieja Morla, que una vez más volvieron a hacer de figurantes para los actuaciones semi-enlatadas de las estrellas.
¿De la música? Rosana, como una de las escasas notas diferenciadoras, actuó en directo armada únicamente con su guitarra interpretando el primer sencillo de su último cd Llegaremos a tiempo. Alejandro Sanz, cuando ya la gala llegaba a las doce de la noche, también lo puso bonito con la interpretación de su canción Desde cuando.