NEMESIO CABRERA | S.C. DE TENERIFE
Acudir a un concierto de ellos es empaparte de consignas y de mucha crítica con un humor muy negro; empaparte de sudor y de alcohol del que está a tu lado; y empaparte de punk-rock como ellos sólo han sabido hacer durante esta, muy pronto, treintena de años.
Hay quienes desean verlos siempre tocando los mismos temas, y no me refiero a los de los primeros discos, sino a aquellos con los que más se siente familiarizado cada cual, según la edad, y el disco con que los conoció. Era otra época, en la que escuchabas un disco una y otra vez hasta memorizar las letras y cada cambio, en el que hacías de cada letra de Guerrilla una pieza clave de tu propia ideología. ¡Y así nos íbamos construyendo!
Han editado nueve discos, han resistido a años de esplendor, penuria y condena en el rock canario. Han sido capaces de mantener vivo el eco del rock que se hace por estas tierras en la península, en América, Alemania,… desde mucho antes de la era cibernética.
Dijo alguien en el concierto que Guerrilla no es que estén equivocados, es que llevan 27 años equivocándose, y que eso era más valioso que estar siempre en lo cierto. Es su batalla, es su error incluso si se quiere, pero lo que esta mágica noche de sábado en el Honky Tonk le demostró a la banda es que no están solos. Que se les agradece su existencia, que ya no hace falta que busquen fuera lo que se les negaba dentro. Se les demostró, con la asistencia de doscientas personas pagando entrada en plena crisis, que se valora su cabezonería, que no queremos revival de Guerrilla dentro de 10 años, sino que queremos el décimo disco de Guerrilla este mismo año. La variedad de edad, la acentuada igualdad de público masculino y femenino, el que se corearan todas las canciones, el que se bailara y se pisara al que estaba al lado, todo eso, y que se prefiriera estar allí, antes que con las murgas, es señal que en este nuevo disco Incendiario, la mecha la encendemos todos.
¿Y qué dieron ellos? Un vocalista que se supera a sí mismo en cada disco, que imprime su particular sello al sonido guerrillero. Un bajista capaz de mover con la misma velocidad sus dedos y todo su cuerpo, aportando la mayor gama de colores que al bajo nunca había tenido la banda. Un guitarra preciso, atento y de tiro limpio como es Pachón. ¿Y qué decir de Zurda y Cuervo? Sus labores siempre bien ejecutadas, pues saben que llevar tantos años en la banda tiene recompensa cuando en el mismo escenario cuentas con unos músicos excelentes, capaces de aportar vitalidad a una banda que aún tiene mucho recorrido por delante, pues abren con éste una nueva serie de visitas por la península e ínsulas.