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ALMUDENA CRUZ | SANTA CRUZ DE TENERIFE Uno de los anhelos de Eduardo Westerdahl, una ambición que gestó e hizo nacer para -después- tener que abandonar por las dificultades de su tiempo, fue la creación de un Museo Contemporáneo que sirviera "para conectar definitivamente a Canarias con las corrientes de vanguardia", tal y como detalló ayer el jefe de la Obra Social y Cultural de CajaCanarias, Álvaro Marcos Arvelo. Ese sueño, truncado por los avatares y las dificultades materiales e ideológicas de la posguerra española, está ahora un poco más cerca de cumplirse o, al menos, empieza a materializarse y valorarse más allá de las fronteras del Archipiélago.
Y es que el núcleo central de la colección iniciada por el genial pintor, crítico de arte y escritor tinerfeño viajará, el próximo 19 de febrero, hasta el Museo de Arte Contemporáneo (Espacio Dos) de Madrid. "En total, se trasladarán sesenta obras, fundamentalmente pintura -aunque hay también algunos dibujos y grabados- correspondientes a la etapa en la que Eduardo Westerdahl dirigía su museo, toda es anterior a 1965. Sin duda alguna, la parte más completa de la colección", explicó el director del Museo de Arte Contemporáneo Eduardo Westerdahl, Celestino Hernández.
Así, entre las obras que se desplazarán hasta la capital figuran, tal y como enumeró Hernández, piezas de talla regional, nacional e internacional que harán que hasta la exposición "se acerquen, probablemente, miles de personas", matizó el director del Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias, Nicolás Rodríguez (institución que gestiona actualmente los fondos Westerdahl). Entre las firmas que se podrán admirar en Madrid hasta el próximo 18 de abril, una selección que responde por entero a los gustos del propio Westerdahl y su esposa Maud Bonneaud, figuran Óscar Domínguez, Juan Ismael, Wolfgang Paalen, César Manrique, Pedro González, Ángel Ferrán, Eduardo Úrculo, Luc Peire o Enric Planasdurá, entre otros muchos.
La muestra madrileña, fruto del interés que la colección suscitó en el director del centro madrileño, Eduardo Alaminos, no es la primera señal de interés recibida desde la Península. Celestino Hernández detalló todas las salas que, hasta el momento, han manifestado su gusto y consecuente deseo de albergar esta colección en sus sedes. Tal es el caso del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), el Reina Sofía, el Museo Esteban Vicente de Segovia o el Museo Provincial de Bellas Artes de Pontevedra.
Mientras, aprovechando el viaje a Madrid de esta parte fundamental de la muestra y las posibilidades de espacio que se presentan ahora en la Casa de la Aduana (Puerto de la Cruz), esta misma tarde se inaugurará una exposición con la "tercera parte de nuestra colección, obra posterior a Westerdahl y que abarca el período comprendido entre 1987 y 2009", indicó Hernández. La muestra, en la que se introduce ya escultura y fotografía, alberga el trabajo de 33 artistas seleccionados, como es el caso de Pedro Garhel, Toño Cámara, Francisco Orihuela, Raúl Tabares o Eduardo Andaluz.
La meta: una sede propia
Hace quince años que el Instituto de Estudios Hispánicos mantiene conversaciones para lograr un edificio lo suficientemente espacioso para alojar la colección de arte. Se barajan, aclaran, varias opciones que van desde rehabilitar alguna casona antigua o edificar una sede nueva. "Esperamos que pueda ser una realidad a medio planzo, de aquí a cuatro o cinco años", explicó Nicolás Rodríguez, director de la entidad.
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