SAMIR DELGADO
Últimamente la figura del joven poeta Félix Francisco Casanova ha vuelto de las sombras del tiempo olvidado para ocupar la más rabiosa actualidad literaria tras el anuncio en Madrid de la publicación de su legado creativo. Una noticia feliz que coincide, a pesar del aguacero torrencial, con muchas otras novedades en el panorama cultural de las islas muchas veces aletargado en las épocas carnavaleras.
Ya no sólo la celebración de las letras canarias en homenaje a nuestra querida María Rosa Alonso, la visita inesperada del prestigioso escritor europeo Claudio Magris, la serie de actos conmemorativos sobre la figura de Albert Camus y las lecturas poéticas de Pepa Alemán y Macarena Nieves que serán presentadas por el lanzaroteño Félix hormiga en la fundación Mapfre de la ciudad lagunera. Sino que, de forma casi fantástica, esta semana será estrenada al fin la nueva revista de literatura hecha por el alumnado universitario de la facultad de Filología, un auténtico revulsivo para que la creatividad poética y las producciones narrativas sin límite de géneros ocupen la vacante de la pasada década, en un campus ya sin viejas glorias, donde la escultura simbólica del artista francés Claude Viseux pasa inadvertida para la mayoría de nuevos estudiantes.
Y es que, ya era hora, que vuelvan a llenarse las páginas en blanco de ficción original en estos tiempos de pesadas calculadoras, un mundo sin utopías con los factores de la competitividad y el consumo masivo que estaban amputando la vida tumultuosa de las palabras en un mercado editorial demasiado políticamente correcto, con una pésima distribución insular de libros en estanterías ya de por sí saturadas de novedades que no fomentan ambientes más proclives para el debate crítico y el reconocimiento de nuestras señas de identidad que nos saquen de la indefinición que tanto preocupó en vida al poeta Manolo Padorno.
Cuando apenas hubo comunicación real entre la cultura de las islas, no resultará extraño que ahora el pésimo parangón de la literatura no sea por la falta de calidad, sino más bien por la generalizada inconsistencia de un territorio donde reina lo insípido, con unos índices de lectura que van a la baja y el desconocimiento de nuestras propias letras en las aulas de bachillerato.
Precisamente, a falta de que vayan surgiendo nuevos valores entre las revistas literarias de las islas y sean reconocidos como se merecen los exponentes de las generaciones pasadas, la retirada de la subvención institucional al Centro de la Cultura Popular Canaria supone para este nuevo año una amenaza más de inciertos nubarrones, esperemos que los pronósticos positivos que se perciben en la agenda cultural aclaren de una vez este puzzle de sombras.