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Cecilia Domínguez Luis, escritora 

´Pasar por encima del otro es tan viejo como el mundo´

"Rafael Arozarena siempre estaba animándome y casi todo lo que llevaba le parecía bien"

 
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Cecilia Domínguez Luis <br />
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ANTONO JIMÉNEZ PAZ | SANTA CRUZ DE TENERIFE Sólo sabe que escribe por necesidad, pues por muchas preguntas que se haga para averiguarlo no logra dar con ninguna otra respuesta. Tal vez eso mismo haya hecho que se aferre a la escritura, que desde sus primeros libros de poemas Cecilia Domínguez Luis (La Orotava, 1948) escriba adrede sin búsqueda de certezas.

De la poesía saltó a los cuentos, de los cuentos a la novela, y para que nadie se quedara sin datos sobre las incertidumbres de la vida ha escrito varios libros infantiles y juveniles. Sin embargo es persona tímida aunque no lo parezca, risueña contra su pesar, díscola pese a las apariencias… pero uno nunca sabe, porque yo pensaba que había sido la primera presidenta del Ateneo de La Laguna y resulta que no. En fin, una escritora propensa a alongarse a todas las orillas, incluida -cómo no- la de un lugar que responde al nombre exacto de Fetasa. Ha bebido bastante de sus aguas, acompañada por la intensa y perdurable amistad de Rafael Arozarena.

-Es una de las pocas personas que, por su amistad profunda con Rafael Arozarena, podría contarnos algo sobre él… ¿Cómo lo conoció, por ejemplo?

- Conocí a Rafael Arozarena en los últimos años de la década de los 70. Por aquel tiempo iba yo "en busca del tiempo perdido", tanto literaria como personalmente, aunque mi timidez me limitaba bastante, sobre todo en cuanto a relaciones personales, y no te digo nada en eso de acercarme a los escritores que, por aquel tiempo empecé a leer y a conocer… Así que una amiga, conocedora de mi "problema", me llevó, un viernes por la noche y casi a rastras, al Arkaba, un bar donde se reunía gente amante de la literatura y del arte, de lo más variopinta, en torno a Rafael Arozarena e Isaac de Vega, su inseparable amigo de tantos años, en la literatura y en la vida… De esa noche recuerdo mis nervios, la alegría vital de Rafael y la mirada que, en ese momento, me pareció perdida en pensamientos inalcanzables de Isaac. Bueno, tal vez fuera ya algo condicionada porque me habían regalado su novela Fetasa, que leí dos veces, para intentar comprender el mundo extraño y atrayente que encerraba. Nada que ver con Mararía que también había leído, casi de un tirón.

-¿Le había quedado claro en ese momento en qué consistía ser fetasiano?

- En ese momento no tenía idea de qué significaba…

-¿Cómo describiría ese tipo de reuniones en el Arkaba? ¿En qué consistían?

- Allí se hablaba y se discutía de literatura y de arte, pero también de otras cosas -incluso había algún que otro esotérico- y, sobre todo, se fomentaba la creatividad y la imaginación; algo que Rafa sabía hacer, inventándose historias sobre la marcha, jugando con las palabras, dándoles la vuelta… Yo, por lo general, hablaba muy poco. Lo que más me interesaba era impregnarme de todo lo que se decía, sobre todo cuando hablaban Rafa e Isaac, hasta que, un día, siendo tertuliana habitual, apareció Roberto Cabrera con un diccionario de sinónimos y antónimos y a Rafa se le ocurrió decir, guiñándome un ojo para que entrara en el ´juego´: "¡Oh, qué bien, la novela de Simónimo Antonino!", y yo, no sé ni cómo se me ocurrió contestarle: "¡Ah, sí, Simónimo Antonino o Los cantos rodados de Teobaldo el Pobre!"…

-¿Alguna vez se atrevió a mostrarles alguno de sus poemas? ¿Qué le comentaban?

- Rafael siempre estaba animándome y casi todo lo que llevaba le parecía bien. Isaac era más duro, más crítico y muchas veces me decía: "rompe eso chiquita, que no sirve". Y yo le hacía caso, sin ningún problema. Isaac tenía razón, el poema era bastante malo y yo lo sabía casi antes de que me lo dijera…

-¿Qué supuso su amistad con Rafael? ¿Qué les unió tanto desde entonces?

- Realmente pienso que, lo que más influyó en nuestra amistad fue nuestra pasión por la literatura, el disfrute con los juegos imaginativo-literarios que nos inventábamos siempre (él me descubrió a mí misma en este sentido), nuestro amor a la vida y a las pequeñas cosas… Su poesía fue para mí un descubrimiento extraordinario. Recuerdo que él mismo me prestó El ómnibus pintado con cerezas porque estaba, hacía tiempo, agotado en las librerías y él sólo tenía aquel ejemplar. Me atrapó de tal manera que, con toda la poca habilidad manual que yo tenía y tengo, copié todo el libro y le hice una portada igual (bueno, en lo que cabe) a la original. Se lo llevé una de aquellas tardes de merienda y Rafa se emocionó y me escribió una preciosa dedicatoria. Fue un domingo -no recuerdo ahora de qué mes- de 1980. Desde ese momento tuve la convicción de que Rafael era, ante todo, poeta, un gran poeta en la escritura y en la vida.

-¿Tenía Rafael alguna forma particular de hacerla progresar literariamente?

-Yo ya había perdido todo reparo en llevarle mis poemas y lo hacía sabiendo que en él no había complacencia, que me iba a decir mis fallos y mis aciertos, que me iba a acercar a otros grandes poetas a los que acudir para seguir aumentando mi bagaje, todavía demasiado pobre y disperso. Nunca me decía cosas como "en lugar de esto, pon aquello", simplemente me invitaba a reflexionar sobre lo escrito, a dejarlo reposar unos días y volver sobre ello y, sobre todo, me contagiaba de su júbilo de escribir.

-Es una de esas escritoras con numerosas publicaciones… Vistas en conjunto, ¿podríamos hablar de un cierto sentido erótico que bastara para unificarlas?

-Rotundamente no, aparte de que eso sería simplificar demasiado. Si te fijas, en mis primeros libros el amor no tiene demasiado protagonismo y sí mi relación con las cosas o la soledad, el aislamiento y la búsqueda de caminos estéticos… Es a partir de Un cierto sabor ácido para los días venideros cuando mi escritura empieza a centrarse más en el sentimiento amoroso, y ya con más rotundidad quizá en el libro de relatos Futuro imperfecto, para culminar con Doce lunas de Eros, donde el erotismo -sin calificaciones de femenino o masculino, por favor- está manifiesto en cada uno de los poemas, aunque eso sí, es un erotismo más sugerido que explícito, como debe ser todo erotismo, a mi entender… Pero pienso que, a partir del libro Para cruzar los puentes y sobre todo a partir de El libro de la duda, hay un nuevo giro en mi poesía, igual que en mis preocupaciones existenciales sin olvidar, por supuesto que el amor es un tema recurrente en la poesía, unido al de la muerte o al paso del tiempo.

- Si la mayoría de temas son comunes en los poetas, ¿qué será lo que los distinga?

- ¿Qué los distingue? Pues nada más y nada menos que la manera de enfocar cada uno estos temas. Hay que tener en cuenta -y esto ya lo he dicho muchas veces- que el o la poeta nace en una persona determinada, singular e irrepetible en su manera de integrarse en el mundo que la rodea, lo que hace que también su literatura, aun perteneciendo a una misma época histórica y a una misma geografía, sea esencialmente diferente. Este es uno de los argumentos en los que me apoyo para rechazar la poesía con etiquetas…

-¿También la etiqueta generacional la rechaza, tampoco le vale?

- Sí, la rechazo porque no creo en ella. Lo de "generación" es, sobre todo un recurso didáctico que poco o nada tiene que ver con la realidad creativa y literaria. ¿De qué patrones hablas? Cada uno tiene una visión diferente de ese presente y ese futuro compartido, pues cada quien lo experimenta según su forma de ser, creer y sentir y esta, afortunadamente, difiere de un individuo a otro. Si no, ¡menudo aburrimiento!

-¿Y no cree que hay temas que son comunes al menos a una época?

-En cuanto a los temas, tampoco creo que existan temas específicos de una época, aunque es cierto que unos se ponen más de "moda" y siempre existen escritores que quieren "ir a la última". Me parece estupendo, pero no comparto esa idea de la creación. Creación es o debe ser sinónimo de libertad -dentro de unos valores estéticos indudables- y seguir una moda ya te está privando de ella.

-¿Satisfecha con el reconocimiento alcanzado tanto dentro como fuera de aquí?

- No tengo ni idea de si he alcanzado alguna "dimensión" como escritora fuera de las islas o dentro de ellas. Tampoco creas que me importa demasiado… Hombre, siempre es un estímulo el que te reconozcan por un trabajo al que has consagrado la mayor parte de tu vida, pero en ningún momento eso me ha condicionado ni creo que, a estas alturas, me condicione para seguir con mi primera vocación que es la escritura… Imagino que para algunos pueda ser frustrante e incluso les lleve a "tirar la toalla" -con perdón por el término boxístico-, pero por ahora, este no es mi caso. Para mí escribir es, aparte de una necesidad, un placer estimulante por sí mismo. Además, soy bastante egoísta escribiendo, en el sentido de que escribo para mí misma. Luego viene aquello que se llama deseo de comunicación que, junto a una buena dosis de atrevimiento, te lleva a intentar que lo que escribes salga a la luz y, todavía más, que te lean y encima les guste.
-¿Le parece el gremio de los escritores algo arribista y propenso a las zancadillas?

-En cuanto a la existencia de arribistas o no o de supuestas zancadillas, pues es una lástima que sea una realidad que vemos cada día, sobre todo en colectivos que deberían apoyarse, aportar ideas, unir fuerzas. Pero es cosa sabida que eso del "quítate tú para ponerme yo" ocurre, desgraciadamente en cualquier faceta de la vida, ya sea familiar, laboral, artística etc. Además, te aseguro que esto no ocurre solamente en Canarias. La envidia, los celos, el afán de pasar por encima del otro es tan viejo como el mundo, ¡qué le vamos a hacer!... También tengo que decir que hay muchos escritores que nos sirven de ejemplo, no sólo por su escritura sino por sus relaciones con el otro y su compromiso con el mundo; y esto nos redime de muchas, llamémosle "flaquezas"…

-¿Cuál es, en su opinión, el punto más flaco de los escritores y los libros canarios?

-Está claro que el punto flaco de los escritores y libros canarios es la carencia de una buena distribución. Se edita mucho pero la distribución deja bastante que desear. De hecho, muchos libros editados en Gran Canaria no llegan a Tenerife y no te digo ya a las llamadas "islas menores". Pienso que tal vez se debería publicar menos y distribuir más. Me refiero a que, no sé si de forma oficial o extraoficialmente (preferiría esto último), se creara una empresa de distribución lo bastante seria y solvente como para que los libros se distribuyeran bien, no sólo en Canarias sino también en la Península y, si nos ponemos a ser optimistas, en Hispanoamérica… Tal vez si del dinero que se emplea en publicar tanto se destinara una parte a la distribución, otro gallo nos cantara…

-Si la memoria no me falla fue la primera presidenta de toda una institución cultural tan emblemática como el Ateneo de La Laguna…

-Casi, diría yo. Mª Carmen Martínez lo fue antes… Ella estaba en la vicepresidencia cuando era presidente Juan Manuel García Ramos y cuando este tuvo que abandonar su cargo para dedicarse a la política, Mª Carmen asumió la presidencia hasta que se cumplió el plazo y hubo nuevas elecciones.

-¿Ser mujer y alcanzar un puesto de responsabilidad se ve todavía con recelo?

-Que la mujer y el hombre compartan puestos de responsabilidad es muy enriquecedor para ambos, ya que se aportan diferentes perspectivas y sensibilidades ante un mismo asunto. Lo que ocurre es que todavía una gran parte de la sociedad no tiene muy claro el papel de la mujer y pueden más los prejuicios a la hora de valorar su trabajo que una visión, cuando menos, imparcial. De ahí que a la mujer le cueste un doble esfuerzo cualquier tipo de reconocimiento… Te cuento una anécdota. Después de haber sido elegida presidenta y estando un día en la puerta del Ateneo, pasó un señor y me preguntó si era cierto que había sido elegida una mujer como "presidente". Yo, sin darme a conocer le dije que sí, que era cierto. El señor me mira con cara de asombro y me pregunta: "¿Pero es que las mujeres pueden ser presidentes?" "Sí señor, parece que ahora nos dejan", le contesté… Esto te puede dar una idea de por dónde van los tiros.

-¿Hasta qué grado es posible la objetividad y la limpieza en los jurados?

-Creo que la objetividad se da hasta cierto punto, porque una se puede inclinar por 2 o 3 obras que te gustan más, pero como es a votación, unas veces sólo te queda la posibilidad de votar en contra, lo que no evita que el amigo de alguien salga elegido. Nunca faltan las llamaditas telefónicas, que las hay. Un jurado está sometido a todo tipo de presiones. Es su ética la que engrandece un premio por muy humilde que sea.

-Hubo un caso sonado de tongo y que usted misma se encargó de desvelar. Ocurrió hace unos años con el remozado premio de novela Alfonso García Ramos, dependiente del Cabildo de Tenerife…

-Fue el año que ganó Pedro Juan Gutiérrez cuando, al menos yo, pude comprobar que al final de su manuscrito aparecía su currículum, aunque luego me intentaron hacer ver que se les había escapado… ¡Boba soy, pero no tanto! De hecho, yo tenía otras novelas seleccionadas, pero fueron varias las llamadas insistiendo en ella, asunto que me llevó -es verdad, no lo oculto- a hacer un análisis profundo y presenté todo un alegato en contra de ella, hasta el punto de que el propio Herralde insistió en proclamar el premio por unanimidad. Me advirtieron que no tenía que decir nada a la prensa, pero por supuesto que cuando me llamaron yo conté lo ocurrido… Al año siguiente por supuesto que me dejaron fuera, pero curiosamente me llama otro miembro del nuevo jurado contándome el mismo problema con el que me había encontrado yo en el anterior. Es en ese año cuando se publica en el periódico todo lo que yo sabía… Todo fue tan extremo que se me convoca a una reunión en el Cabildo y me veo rodeada de un montón de gente pidiéndome explicaciones sobre mis declaraciones, que si yo los estaba acusando de tongo y todo eso. Yo me limité a decir que simplemente había comentado lo que había sucedido. Pero el interrogatorio llegó más allá, que por qué no había denunciado el caso formalmente. Yo contesté que lo denuncié donde tenía que denunciarlo, que no era un delito sino un tongo, un fraude, y que cómo iba yo a denunciar a un jurado literario a un juzgado de primera instancia…

-¿Por qué de poeta a novelista y de ahí a escribir cuentos infantiles y juveniles?

- Más que nada porque tenía historias en la cabeza que contar y que pedían prosa y no poesía… En cuanto a los libros para niños no quita que le puedan gustar también a un adulto. A mí por ejemplo me gustan los cuentos de Andersen o los de los hermanos Grimm. De hecho, desde que fui madre yo le contaba cuentos a mis hijas inventándomelos sobre la marcha, pero nunca me dio por escribirlos, hasta que un editor me planteó esta posibilidad. Así surgió el primero, Entre tejados. Disfruto escribiendo para ellos, me gusta, pero a la vez es difícil. Yo escribo una historia que a mí me gusta y cuando tengo en cuenta a quién va destinada corrijo la cuestión del lenguaje.

-¿Con qué mujer es con la que nos toparíamos analizados todos sus libros?

-Pues me imagino que aparecería yo, una mujer que ama la vida como yo, que se pregunta muchas cosas sobre esa misma existencia que ama porque hay muchas que no entiende, y que precisamente la literatura le ayuda a esa investigación y a sobrellevar los malos momentos que tiene la vida, porque la vida es terrible y hermosa a la vez.

-¿Y si tuviera algo de fetasiana? ¿No lo ha pensado alguna vez?

- El mismo Rafael me había dicho alguna vez que yo era fetasiana por mi manera de ver y vivir las cosas, pero yo nunca me lo tomé en serio… Ya te he dicho que no me gustan las etiquetas, que escribo porque me busco a mí misma, porque me preocupa mucho los porqués de la existencia… El centro de mi escritura son muchas preguntas.

-Pues yo le sumo otra: ¿por casualidad ya sabe hoy dónde puede quedar Fetasa?

-Mmmm… Fetasa queda en el aire, en la hoguera donde arden, felices, los espantapájaros, en la salida de todos los túneles, en la memoria de los días, en las manos y en el mar.

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