LA OPINIÓN | SANTA CRUZ DE TENERIFE
Es un hecho incontestable el que con la obra de Johannes Brahms se alcanza una de las cimas del Romanticismo; en cualquiera de los géneros musicales que abordó el genial compositor hamburgués obtuvo logros de toda índole en el sentido en que profundiza y supera cualquier modelo preexistente. Es uno de los compositores fundamentales del período romántico, que se caracteriza por el sometimiento rígido y escrupuloso a lo puramente formal, por lo que constituye una absoluta paradoja entre la ruptura con los moldes con la que asociamos al artista romántico y este sometimiento casi religioso hacia lo formal con que podemos identificar a Brahms.
La música de Johannes Brahms se caracteriza por la más absoluta perfección de su estructura formal, en una concepción que no pocos han calificado de arquitectónica. Y no por ello podemos considerarlo un compositor involucionista ni fuera de su tiempo; por criticado y denostado que fuera por Wagner. El tesón y la profundización en el trabajo que lo caracteriza a lo largo de toda su vida, es sin duda la causa de que no acometiera la realización de sus grandes obras sinfónicas hasta sus años de plena madurez.