DAURA VERA
Que inunde a borbotones el amor y la alegría en sus corazones, porque todos nos queremos, como en Love, Actually. ¡Vivan los típicos tópicos! Engullamos infinitas cantidades de variedades dulces emulando a papás noeles y muñecos de nieve. Todo sea para combatir el frío y la cuesta más que crítica de enero, inclinación ideal para empezar a dejarnos rodar por eso de comenzar a practicar deporte.
Más allá del consumo polisémico quedan otras prácticas navideñas más creativas, como la construcción del belén familiar, esa maravillosa miniatura arquitectónica. ¿Nadie se acercó de niño a solares vecinos para coger un poquito de tierra y hierba? Recuerdo hacer avanzar a los reyes, a lomos de sus camellos, cada día más cerca del pesebre. Muchos visitábamos o aún visitamos alguno de las inmensos belenes, eventuales obras de arte, en los que el día se traza en cinco minutos, como el de los Hermanos de San Juan de Dios, el Cabildo o el Parque Cultural Viera y Clavijo. Toda una tradición en la que se pueden conjugar la escenificación de pasajes bíblicos con la arquitectura canaria.
Sin embargo, los primeros nacimientos en España se remontan al siglo XIII, importado por los franciscanos desde Italia, donde los había popularizado San Francisco de Asís, basándose en lecturas bíblicas. Posteriormente, fueron derivando en diferentes tipos de portales, con elementos populares como la castañera o los cerdos, animal impuro para los judíos, o con paisajes, utensilios y vestimentas característicos de las regiones donde se construían.
Sin duda, el elemento más cómico que gusta a niños y adultos es el más escatológico: el cagón o caganer en la tradición catalana, nacido en el siglo XVIII. Se trata de un campesino ataviado con faja y barretina –sombrero catalán- que simboliza prosperidad y buena suerte para el año venidero. Sin embargo, los más modernos y caros imitan personajes famosos, como políticos o deportistas. Este año la estrella ha sido Fèlix Millet, imputado por apropiación indebida de fondos del Palau de la Música de Cataluña, por lo que se representa con saco en mano. Se me ocurren unas cuantas figuras canarias que podrían estar en su misma posición. Pero también podemos encontrar algún caganer de Pocoyó o Hello Kitty, con desechos igual de rosa. No pude resistirme a comprarme una… para regalar, claro.