jramallo, Escritor

´Soy un extranjero nacido aquí, un puto esquirol´

"Mezclo, agito y escribo. No distingo entre realidad y ficción. Que alguien muy listo venga y me lo explique"

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JRamallo es un desconocido para mí, yo para él. Y ambos, unos desconocidos para los que nos rodean sentados en una terraza de cuyo nombre no me quiero acordar. Tímidos al principio, comienza contándome que nació en S/C de Tenerife en 1976; que de pequeño tuvo un vecino que tocaba la trompeta a las tres de la madrugada; que lleva en esto de la literatura no hace muchos años.

ANTONIO JIMÉNEZ PAZ | SANTA CRUZ DE TENERIFE
Que como lector siente predilección por los escritores que no fingen; que actualmente tiene una perra llamada Ofelia con la que comparte todos sus estados de ánimo; que le gusta y le divierte provocar; que acaba de publicar Ensalada de canónigos, su primer libro de relatos; que su escritura "es el resultado del encuentro entre dos soledades: la no elegida de mi infancia y la elegida de mi madurez"… Entonces tomo las riendas de la conversación, porque me doy cuenta que en JRamallo lo importante no es ser o no ser. Lo importante es hablar o no hablar. Dicho en otras palabras, escribir o no escribir: ésa es su cuestión.

-Ensalada de canónigos -su primera publicación- despierta muchas curiosidades… ¿Sus características reflejan las pautas de su escritura?

-Ensalada de canónigos no es más que un libro intenso en cuanto que intenta exponer la literatura que a mí me gusta. Ahí se mezclan todas las literaturas que me han gustado a lo largo de mi vida, de tal manera que podría entenderse como el resultado de una búsqueda de estilo.

- ¿El estilo se busca? Hay quien dice que viene dado…

- Me sorprenden los que puedan creer eso. Me aterra esa gente que lo tiene todo tan claro, porque yo no tengo nada claro. Sólo sé que todos los días mi realidad cambia, asunto que por otro lado me hace feliz, saber que cada día puedo ser alguien diferente. Hay días que me apetece ser otro y días que me apetece ser yo. Todavía no tengo definido quién quiero ser en literatura… Para los entendidos en este tipo de asuntos, para los que necesitan encontrar explicación y definición a todo, los relatos de Ensalada de canónigos pertenecen a la autoficción, pero yo no lo sé y me da igual.

- ¿No dicen los entendidos que la buena literatura es fruto de la ficción pura?

- Yo me decanto por escribir desde mi realidad. Mira, aunque escribas sobre elfos, dragones o cucarachas, todo sale de tus experiencias, escribas lo que escribas… Yo escribo aprovechando todo lo que puedo, todo lo que tengo a mano: experiencia personal y sueños, un poco de imaginación y música y té y vino y ron. Todo me puede valer y todo puede ser desechado. Uso mis recuerdos sin pudor. Mezclo, agito y escribo. No distingo entre realidad y ficción. Que alguien muy listo venga y me lo explique.

- ¿Cuánto, entonces, habrá de realidad pura y dura en sus cuentos?

- Pues la verdad es que no lo sé, no puedo cuantificarlo. No creo en la ficción pura ni en la realidad dura. ¿Crónicas Marcianas de Ray Bradbury es un libro de ficción pasada o de realidad inmediata? ¿Y La carretera, de Cormac MacCarthy? ¿Hasta cuándo fue -si es que fue- ficción 1984, de Orwell? En la actualidad medio mundo vive en la ficción y la otra mitad en la realidad. Aquí no pasamos hambre porque robamos la comida de la otra mitad, de la que vive en una impuesta realidad. Asaltamos sus reservas de ficción, de ilusiones, y se las cambiamos por nuestras sobras de podrida realidad… Me divierte salir a la calle y oler el sudor y la basura de los animales llamados humanos, mirarme en un espejo y decir en voz alta que soy uno más, tan real y ficticio como cualquiera.

- ¿También va a tirar al suelo esa idea de que un escritor es hijo de sus lecturas?

- No sé hasta qué punto otros son hijos de sus lecturas. Prefiero siempre la primera persona y el singular al plural… Yo fui un lector tardío. De pequeño no recuerdo que me gustase más leer que jugar en la calle, o que comer, o que masturbarme, y esto no ha cambiado demasiado desde entonces. Así que más que hijo de mis lecturas soy sobrino o simple admirador de algunos escritores. Lo primero es vivir fuera de los libros.

- Si padres no, imagino que algunos escritores preferidos sí, ¿o tampoco?

- Me gustan más los escritores que viven y luego escriben. Me gustan algunos escritores y unos cuantos libros, pero soy mal hijo, me suelo olvidar de ellos y los cambio por otros en cuanto puedo… Cortázar, siempre Cortázar; Kafka, Chesterton, Rimbaud y su arrogancia; Fante, Bukowski y su orgulloso alcoholismo; Camus extranjero; Chéjov tercera persona; Faulkner loco ruidoso; Galdós en la hoguera de Torquemada… Todos dejan algo en ti, por eso escribieron, para quedarse en ti todas las vidas, pero intento rematar a mi padre siempre que puedo. Matarlo mil veces. Gritarle mientras lo hago que debo seguir solo. Que deseo reinventar mi orfandad.

- ¿Tal vez de ahí la sordidez de sus relatos, esa crueldad latente en el fondo?

- Yo me crié en una habitación de una casa de barrio. Mi padre murió cuando yo tenía 8 años, y conocí mejor aquéllas cuatro paredes y mi barrio, que los montes y las playas. Yo no he sido un niño canario de campo, de las virtudes de la naturaleza canaria, yo he crecido entre el dialecto y la cotidianidad de un barrio de Santa Cruz. De alguna forma participo de ese estilo, de esa forma de ser.

- José Ramallo, ¿eso esclarecería…?

- Eh, eh, eh, yo soy y quiero ser JRamallo… José Ramallo era mi padre, y mi padre está muerto. Mi camino es un experimento, una reinvención. Rimbaud puso a su familia (incluida la pasada) en su sitio en Mala Sangre. El único digno de la mía, el único que quería ser algo más que carne de rutina, de cañón, murió con 33 años, mala suerte; yo no merezco llevar su nombre, por eso soy JRamallo.

- Perdón, no lo sabía… ¿que si esa sería la clave de su escritura descarnada?

-¿Perdón? Mis recuerdos, mis vivencias, son la base de lo que escribo. Mi padre muerto joven y mi madre muerta en vida, ausente. Eso es parte de mi pasado y no lo puedo cambiar. Me importa poco el rumbo que otros escritores hayan seguido. Me da igual lo que Faulkner o Twain reivindicaran con su Mississippi. Que Hemingway cazara elefantes o se la tocase en París. Que Kafka se sintiera una cucaracha cerca de su padre. Que Wilde viese la luz en la cárcel o que Vargas Llosa haya pasado de casi presidente a casi actor de teatro. La clave para mí es no tener clave.

- Con estos referentes últimos ¿cree que su libro es apto para todos los públicos?

- Hasta ahora no he pensado en lector alguno al escribir. Ensalada de canónigos sólo buscaba saciar un gusto personal. Ahí está colocado el listón. Cuando leo no me gusta que me tomen por imbécil, no me gusta que me expliquen, no me gustan las comillas ni las frases brillantes. Sólo quiero que el escritor que yo elija me dé imágenes y deje que yo me las arregle… No, hasta ahora no he pensado en los lectores, y si algún día lo hago, espero que sea por una buena razón: ganar tanto dinero como para poder dejarlo a continuación, justo antes de convertirme en otro mediocre y acomodado escritor. Esta ensalada se la puede comer cualquiera. Doy mi visión como la dan otros: periódicos, televisiones, radios, google, etc. El mío es un filtro más, un filtro cualquiera…

- Que su escritura no viene a ser más que un filtro posible de la realidad, ¿es eso?

- Creo que cualquier persona tiene uno o varios filtros, coladores de realidad que hacen más llevadera la misma… Sí, en mi caso es escribir, pero también he tenido y tengo otros filtros. Cada día que pasa crece la oferta y la demanda de filtros: antidepresivos, móviles de última, cocaína de primera, alcoholes diversos, tabaco, café, comida, sexo… y algunos que pierden fuerza como casa propia y coche nuevo. En su Trilogía sucia de La Habana Pedro Juan Gutiérrez cuenta que en Cádiz no quisieron publicarle un cuento porque era demasiado duro, porque se le había ido la mano inventando y no funcionaba. Él contestó que no, que lo que pasó fue "que le alcanzó la fuerza para coger todo el masacote de realidad y dejarlo caer de un solo golpe sobre la página en blanco"…

- ¿Cree que en la literatura hay clases y clases como en la sociedad?

- Sí, hay clases de mierda. No creo que sea mejor el creador de Cien años de soledad o La ciudad y los perros que el panadero que hace un pan cojonudo debajo de mi casa.

- Y usted, como escritor que irrumpe, elegirá primero la literatura…

- No. Necesito las dos cosas para vivir, pero si me das a elegir me quedo con el pan.

- ¿Con el pan? ¿Y los protagonistas de sus cuentos también elegirían lo mismo?

- No. La mayoría elegirían el dinero.

- Pese a la crudeza de su talante literario, tratándole como a un autor que publica por primera vez, lo cierto es que está detrás de un blog fijo desde hace algún tiempo en la versión digital del Canarias7: Ofelia, blog de una perra desparasitada. ¿Se distingue en algo Ofelia de los personajes de tus relatos?

- Sí y no. Ofelia cree que el mundo de los homo-sapiens iría mejor si se comportasen como lo que de verdad son, es decir, animales. Dejando que los instintos manden, saciando el hambre y no engordando sin parar, acercándose más al mono que al cerdo, respetando la inteligencia del resto de seres vivos y no sobrevalorando la suya.

- ¿Es Ofelia políticamente incorrecta? ¿Qué sabe ella de la realidad canaria?

- Aunque está bastante desarrollada intelectualmente, sus ideas acerca de ciertos temas son muy limitadas. Lo poco que conoce de la política en Canarias, por ejemplo, le da risa; porque no entiende cómo hablando tanto se puede decir tan poco. Ofelia cree que los políticos son idiotas. Ella dice que hablar tanto para no decir nada es una pérdida de tiempo, inútil y absurdo, y se pregunta si desde siempre fueron así. Sigue buscando la respuesta… Nuestra mayor diferencia es que a ella no le gustan las palabrotas…

-¿Cuál es el origen de este blog de Ofelia?

- Canarias7 convocó un concurso a nivel regional a principios de 2008 para renovar y aumentar su blogroll, y yo andaba buscando un primer espacio público donde empezar a decir cosas. Acababa de crear mi blog personal pero no le hacía mucho caso, no creía que lo fuese a leer nadie y tampoco tenía claro la forma que quería darle… Yo no tenía experiencia pero sí muchas ganas. Los requisitos para concursar eran sencillos: ideas originales y compromiso sin cobrar un euro. Pensé que las propuestas de la mayoría serían aburridas y no me equivoqué mucho. Yo tenía a Ofelia. Hablé con ella y...

- ¿Quiere decir que trató el asunto con su perra?

- Sí, ¿por qué no? Hablé con ella y le encantó la idea. Creyó que era una idea lo suficientemente innovadora como para que la eligieran y así fue. Se presentó con un título que consideró sugerente y real. Es joven pero lanzada, así que ella daría su visión del mundo a ras del suelo, y yo sería su traductor a metro setenta del mismo…

- Con lo que retornamos a su concepción de la literatura como autoficción…

- Ella es mi perra, convive conmigo. Y como yo, no comprende a los humanoides y cada día que pasa le cuesta más comprenderlos.

- ¿Podría ella quejarse algún día de la traducción que hace de sus pensamientos?

- Creo que se quejaría por ser muy suave, porque a veces me corto. Creo que ella sería más bruta todavía.

- Otro de tus antecedentes son las columnas que viene publicando en el periódico La Opinión bajo la firma de El Extranjero… ¿Por qué El Extranjero?

- Por un lado es un pequeño homenaje al libro, a su autor y a su protagonista, con el cual me identifico mucho. Y por otro el título es una advertencia para el lector, una especie de letrero luminoso que dice algo así como: "Ojo, yo soy un extranjero, no esperes leer nada cómodo acerca de la patria canaria; ojo, yo soy un extranjero nacido aquí, un puto esquirol, un bicho de ciudad que no habla de cangrejos, acantilados, arenas rubias, negras o pelirrojas, chácaras y gofio. El Teide ya estaba ahí, idiota, no lo pusiste tú"…

- ¿Cómo se le ocurrió este tipo de escritura?, ¿cómo logró que le hicieran caso?

- Esta iniciativa surgió en el verano de 2008… Me levantaba temprano para escribir y cogí por costumbre, en los descansos, leer la prensa digital local. El periódico que más me atraía era La Opinión, porque entonces en él no se cortaban los comentarios de los lectores, y daban la posibilidad real de decir lo que te diera la gana. Malo cuando lo que sorprende es que no exista censura en Canarias, pero es así. Todos los días leía los artículos de opinión y me decía "¡coño, creo que también podría decir algunas cosas y divertirme!", porque la mayoría eran muy aburridos y lejos de la calle. Intento no perder el tiempo en lo que no me divierta, salvo que sean cosas que te dan de comer… Mandé un mail pidiendo que me publicasen en la sección Opinión y la respuesta fue positiva.

- Resúmame ahora las posibles vinculaciones entre Ofelia, El Extranjero y usted…

- A Ofelia y El Extranjero sólo les une un vínculo de amor y comida. Sin embargo, El Extranjero tiene algo mío. Algunos días algo mucho y otros algo poco. Depende de la música que escuche y la cerveza que beba cuando me siente a escribir; depende del calor y el frío, depende del ruido y la furia.

- Una última cuestión pendiente: ¿tuvo muchas dificultades para que una editorial aceptara publicar su primer libro?

- La realidad es que yo intenté publicar fuera, en la península primero, con la intención de que luego llegara a Canarias, pero no pudo ser. Varias editoriales, hasta siete, me respondieron que no cuestionaban mi talento pero que no entraba en sus planes editoriales: Ediciones del Viento, Menoscuarto, Páginas de Espuma, Lengua de Trapo, o Ediciones Escalera, que ni siquiera se dignó en responder. Las que me contestaron, eso sí, lo hicieron de una manera muy educada y fría, con textos escritos con plantilla y preparados de antemano para tal cometido. Luego ya decidí en Tenerife mandarlo a dos editoriales, a Baile del Sol que me contestó que hasta el 2011 su catálogo editorial estaba cerrado, y a Ediciones Idea, que fue quien me lo aceptó.

- ¿Qué conclusiones ha sacado sobre el mundo editorial?

- Reconozco que desde el inicio fui muy ingenuo con el funcionamiento del mundo editorial; y lo sigo siendo y en cierta manera no quiero dejar de serlo. Mi cometido -de existir- es escribir, el resto no debería concernirme a mí. El problema es que hoy por hoy un escritor debe ser unas cuantas cosas más, cosas que a mí no me gustan. Debe hablar bien en público para presentar su libro; debe tener buen aspecto para presentar su libro; debe sonreír y dar la mano y explicar el cómo y el por qué y presentar su libro. Y si quieres vender mucho y ganar dinero, debes pasar por unos cuantos aros bastante estrechos. ¿La calidad del libro? Bueno, como te dije antes soy bastante ingenuo todavía, y quiero pensar que también importa y que es un factor determinante, pero cuando lo pienso más de cinco minutos seguidos me entra un poco de tos o de risa y dejo de pensarlo, por si acaso se me pasa la ingenuidad… Por suerte hay editoriales que, por diversos motivos, se involucran con nuevos escritores, nuevos proyectos y posibles buenos futuros, aunque el resto corre de tu parte… Un escritor joven, ganador de unos cuantos premios de cuento, me dijo un día que hacían falta tres cosas para publicar, para que te hicieran caso en España: un padrino importante, un premio importante y mucha fuerza, resistencia y trabajo.

- ¿Cuenta JRamallo con al menos alguno de estos tres requisitos?

- Yo sólo tengo lo último: mi cabeza dura, mi jeta y mi trabajo. Y no escucho a nadie que diga que desde ahí no se puede. Las editoriales quieren ganar dinero, sí. Yo lo que quiero es escribir.

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