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ANTONIO G. GONZÁLEZ | SANTA CRUZ DE TENERIFE Usted concluyó en septiembre una etapa como presidente del comité ejecutivo de la Unesco. En ese periodo, 2004-2009, se previó que África ocupase un lugar prioritario. ¿Ha sido así? Y, en ese caso, ¿qué se ha hecho?
-La verdad es que la prioridad existía desde mucho antes, 1999, en que se decidió otorgársela a África, a los jóvenes y a las mujeres. Yo he intentado que el bloque africano, el más numeroso, constituyera alianzas sólidas con otros para sustanciar presupuestariamente la prioridad africana. Al final se creó un departamento para África con rango de subdirección general, como los ya existentes en la Unesco, pero se le asignó sólo presupuesto administrativo. Y se quedó como un bantustán (una reserva tribal de habitantes no blancos en Sudáfrica y la actual Namibia durante el apartheid). No tiene poder de decisión, ni líneas programáticas, ni nada. De manera que la famosa prioridad africana de la Unesco es una fuente vacía.
-Vayamos a las líneas de la puesta en valor de la cultura africana. Los antiguos imperios son, digamos, el hito histórico que siempre se invoca y, además, con voluntad prospectiva. La prueba de lo que África puede ser. ¿Están bien divulgados?
-Se pusieron en valor en los años posteriores a la independencia, prácticamente hasta los setenta. Lo que sucede es que el proceso de transcripción del lenguaje oral (lo más propio de la cultura africana) al escrito de las epopeyas que narraban la historia de esos imperios ha desencadenado una ´europenalización´ de la oralidad. Y ésta ha quedado relegada en favor de lo escrito. Es un abordaje reductivo. Transcribir las epopeyas fue una tarea correcta, pero si uno simplemente se contenta con hacer eso mata la oralidad, una expresión cultural muy determinada. El relato oral está pensado para ser recitado, nunca podrá transcribirse la voz, sus inflexiones. Y no ha habido una trabajo de transmisión del papel de los griots (narradores de historias) a las nuevas generaciones. Lo correcto sería mantener vivas ambas tradiciones... yo no me imagino una época de la Humanidad en la que no hablemos.
-Bueno, de hecho, ahora la cultura tiene un gran acento visual, con la eclosión digital. Esto puede venir bien para recuperar y difundir la oralidad.
-Puede ser una gran oportunidad siempre y cuando seamos conscientes de que la tecnología, por muy avanzada que sea, nunca podrá sustituir al hombre. Las tecnologías audiovisuales son ayudas, una manera de ayudar a la creatividad, pero la transmisión de maestro al alumno siempre ha de cuenta el hecho que se trata de una experiencia profundamente humana.
-Pero un grito puede salir por televisión narrando una epopeya y llegar a más gente.
-Sí, y tendría gran difusión pero debo insistir en que para que la oralidad perviva hay que invertir en los hombres. Ha habido, además, una culpable negligencia con las lenguas africanas. Porque la cultura se expresa a través de lenguas. Y una cultura que se expresa sólo a través de la traducción está muriendo.
-Sin embargo la Unión Africana ha cobrado impulso. Tras la emancipación colonial quizás sea el segundo intento de integración regional, de panafricanismo. ¿Tiene política cultural?
-LaUnión Africana toma decisiones maravillosas pero nunca las aplica (risas). Tenemos una academia de lenguas. Debería haber cooperación entre estados que hablan la misma lengua y no existe, no hay la menor contribución financiera.
-La diversidad idiomática también tiene sus atolladeros. Un escritor rumano que no sea traducido se agota en Rumanía. Ustedes tienen el inglés y francés, lenguas coloniales que hacen propias. Muchos escritores (Kourouma, Soyinka, Achebe, Okri, Lopes) mezclan idiomas, innovan y los están renovando.
-Sí, en efecto, nosotros hemos incorporado el inglés y el francés, pero se trata de añadir, no de sustituir. Se puede innovar, pero eso no significa mera sustitución, un relevo de unas lenguas por otras. Si se hubiese optado por un bilingüismo real... Por supuesto considero africana la literatura que escriben en inglés y francés escritores africanos. Pero existían lenguas escritas antes de la colonización. En Etiopía había una literatura escrita, con caracteres árabes o latinos, en yoruba. No es el único caso. Y no hablo del pasado, las lenguas africanas son de plena actualidad. El yoruba lo hablan cincuenta millones de personas. En Nigeria hay seis universidades que ofrecen estudios de filología y literatura, hasta el nivel de posgrado, en yoruba. Compárelo con los que hablan flamenco o israelí. Wole Soyinka obtuvo el Premio Nobel a base de una literatura yoruba que con su creatividad en inglés produjo. Y, sobre la proyección internacional de lenguas minoritarias, ahí tiene a Isaac Bashevis Singer...
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