DAURA VERA
Desde el día que pisé Cataluña, Nina, conocida como profesora de canto en OT o por haber sido eurovisiva en 1989, me persigue estampada en carteles de una cadena de supermercados de la Comunidad Autónoma en los que ofrece toda clase de productos alimenticios. Pero lo más impactante es contemplarla en sucesión ataviada con el mismo traje que en Mamma Mía! (sobra explicar qué tipo de eslóganes la acompañan). Y sí, por una asociación inverosímil pero clara me he acordado repetidas veces de que el célebre musical estará en Canarias entre diciembre y enero. Llevando esta relación mental a las pasadas navidades, ahora en Barcelona se puede disfrutar de Hoy no me puedo levantar, de Nacho Cano; o La Bella y la Bestia, una de las obras protagonistas del espectáculo Princesas, de Disney on Ice, del pasado abril en La Laguna.
Precisamente, presencié el musical de Disney, pero sin hielo, que coincidió con una invasión popular de Montjuïc, ocupando el espacio del Palau Sant Jordi durante dos noches debido a Depeche Mode. Desde el Barcelona Teatre Musical, próximo a la Fuente Mágica, contemplé con ilusión ingenua la representación. Bajo la dirección artística de Glenn Casale, los oscarizados Alan Menkel y Howard Ashman por música y letra de la película de animación, repitieron para la versión teatral.
Curioso resultó que en esta función en particular la Bestia fuera su doble, Albert Gràcia. Aunque su actuación, de gran fuerza, no desmereció del espectáculo. La voz exquisita y la energía naif de Bella, encarnada por Julia Möller, llenaba el escenario con cada aparición. También resaltaron secundarios como Lumière, Din dón, la Señora Potts, Gastón y Lefou, detrás de los cuales estaban Pablo Ibáñez, Esteban Oliver, Mercè Martínez, Sergi Albert y Raúl Peña, respectivamente.
La asombrosa compenetración entre el reparto con baile y voz y la música en vivo por la orquesta me hizo imaginar que aquella armonía era inconcebible en directo. Si sumamos el vestuario, maquillaje, escenarios móviles y otros efectos muy vivos, lo que tenemos es una obra rotunda, que no deja a nadie indiferente. De hecho, no pude evitar sonreír como una niña ante el desenlace feliz esperado.
Los encantamientos personificados, con la Bestia a la cabeza, siempre me recuerdan esa belleza interior de moraleja que pocas veces percibimos, obsesionados con los cuerpos de videoclip o publicidad. Nina, espero que no me decepciones.