En cuanto llegue

Optimismo

 
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BEATRIZ DE VERA
Por los pelos. Me había subido en la guagua con el propósito de matar al primer Dj urbano con móvil tecnología punta que se sentara a mi lado. Ocurrió, y ya empuñaba victoriosa mi arma cuando me di cuenta de que lo que sonaba era el Claro de Luna de Dèbussy. A 135 decibelios no era en absoluto más soportable que Lady Gagá pero mis segundos de desconcierto fueron suficientes para que se me escapara. -"Tía, ¿qué es eso?" preguntó uno de sus esbirros -"de la banda sonora de Crepúsculo". Claro. Como extrañamente no alimentó mi instinto asesino, decidí firmar mentalmente un armisticio hasta haber reflexionado bien sobre la repercusión verdadera de toda esta cultura en lata.

Una vez oí en un supermercado a una mujer que aseguraba que leer le encantaba pero eran los libros los que la aburrían, y quiero pensar que para ella Dan Brown ha desempeñado un servicio social. Me pregunto si algún niño habrá recorrido 20mil leguas de viaje submarino después de atragantarse con la vida y obra de nuestro mago por excelencia, cuántas parejas sin tiempo para leer habrán descubierto el encanto de la Ciudad Condal mientras paseaban buscando la catedral de Santa María descrita por un abogado catalán; cuántos habrán vuelto a algún museo después de hacer la ruta más concurrida de la pirámide del Louvre; los pre-universitarios arrepentidos por aquella acampada en la puerta de algún concierto de pop prefabricado que son hoy rockeros autodidactas, y si algún adolescente embutido en un pijama sin rayas ha invertido más de una tarde curioseando la historia de Europa en wikipedia. Puede, en caso de que estas cosas sucedan, que todo estos productos de algoritmos mercantiles escapen de su sino de sustitutos y lancen un ancla hacia alguna de las múltiples perspectivas externas.

Me gusta imaginarme a mi compañero de trayecto reprochándole su incomprensión al mundo al ritmo de Brahms, a aquella cajera rebuscando en los estantes de novela histórica el sustitutivo del culebrón del medio día, y a la niña que llora porque piensa que ama al mayor de los Jonas Brothers, dentro de unos años, reconciliada con su pasado y haciendo el amor en un cuartucho con el guitarrista de su banda, con un cd antiguo y rayado como banda sonora. Claro que este arranque de optimismo me duró justo hasta el trayecto de vuelta, en el que juré que la próxima vez no se salva ninguno, y me va a dar igual que escuche a Chopin o a Shakira.

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