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Rafael Hierro, artista visual 

´Lo primero que hago cada día es mirar al cielo´

"Tanto el sentido crítico como la condición estética son cualidades innatas de una particular mirada poética"

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Rafael Hierro
Rafael Hierro la opinión

ANTONIO JIMÉNEZ DE PAZ | SANTA CRUZ DE TENERIFE
Una vez conocida la cosecha productiva de Rafael Hierro (Las Palmas de G.C., 1954) uno empieza a preguntarse si primero fue el ojo tras la cámara o la cámara delante del ojo. Lo más certero que uno llega a deducir es que su anarquía creativa es fruto de una insaciable necesidad de conocimiento.

Lo confirma su conversación, amigable y llena de anécdotas, donde parece ser que cada descubrimiento personal y azaroso, cada una de sus indagaciones, influye en su manera de afrontar sus propósitos. Parece que la isla no existe, que lo que existe es un archipiélago de expresión. Todo -al fin y al cabo- es en Rafael Hierro fotografía: el laboratorio de su padre, el olor del óleo, la experimentación cinematográfica, la reflexión filosófica sobre el Arte, la crítica social, la perfomance… "Ya sabes -me dice-, la orilla es el lienzo y el pequeño caracol amarillo es la pincelada", como si todo lo que concibe fuera imagen. O poesía: poesía o nada.

- ¿Cree que la fotografía se vincula al espectador de manera diferente a cualquier otra obra de arte?

- Para sentirse vitalmente ligado a una imagen fotográfica ocurre como ante cualquier obra de arte. Creo que en primer lugar debe existir un interés por parte del espectador. Y de ahí, de ese interés, es de donde surge la respuesta cultural y la mayor o menor delectación, sea ésta crítica o lúdica.

- ¿Qué sobresale más en cualquiera de sus obras: la plasticidad, la crítica o la poesía?

- Tanto el sentido crítico como la condición estética son cualidades innatas de una particular mirada poética. No se trata, a estas alturas, de realizar ejercicios de estilo, sino más bien de dejar fluir la emoción de manera espontánea. Todo ello se justifica en los resultados de orden y composición de la imagen final. Para ello utilizo materiales como hierro, madera, metacrilato, muebles, objetos, etc. Casi siempre en combinación con la imagen fotográfica. Últimamente he presentado una performance poética basada en un texto propio al que he titulado "Jardín secreto".

- ¿Hasta qué punto podríamos decir que esta mirada poética sobre la realidad siempre ha estado presente en toda su obra hasta hoy?

- Desde muy niño entré en contacto con algo que entonces nos vendían como poesía. Las oraciones y proclamas que nos obligaban a memorizar en el colegio eran una especie de letanías que a veces jugaban con rimas macabras. Además, nos hacían cantar el Cara al Sol con el brazo derecho alzado. Eran formas de recitación ideológica que producían una catarsis colectiva tan alienante como cruel y despiadada. Más tarde me ofrecieron leer, entre otros, a Juan Ramón Jiménez y a Gustavo Adolfo Bécquer. Recuerdo que a la edad de doce años encontré un poema, de cuyo autor he olvidado el nombre: "En una primavera sin fondo / puse garras y gritos / y un animal dañado por la vida...." Ese poema, que hallé publicado en una revista literaria, motivó mi primer y vano intento de "traducción" de un texto en una imagen poética.

- ¿En qué consistió esa "traducción", a qué se refiere?

- Fue mi primer cuadro... No pinté el lienzo. Simplemente lo dejé blanco. Lo que hice fue añadirle tres erizos de castaña pintados de rojo. Se lo regalé a mi madre y ella, la pobre, va y me pregunta qué era eso... Yo le contesté con el poema de la revista: "Una primavera sin fondo..."

- ¿Cómo hemos de entender su caso? ¿Un creador adscrito a un palo cultural?

- Creo que no podría entenderse todo lo que he hecho bajo un palo cultural concreto, porque vendría a ser algo muy cercano a una propuesta de definición de mis propios límites estilísticos, algo así como tener que seleccionar, de entre tantas, tan sólo una postura concreta del Kamasutra. En mi trayectoria artística, el mayor interés ha sido puesto al servicio de la investigación en los diferentes lenguajes expresivos de la imagen fotográfica. Así, a través de la combinación de esas imágenes con diferentes formas y materiales, he podido generar constantes desplazamientos y navegaciones en búsqueda de procesos técnicos y conceptuales que me permitiesen poner en valor una narrativa basada en la función crítica y no tanto en el buen gusto, sin importarme que al resultado se le pudiese denominar de un modo más o menos exacto. Definiría mi trabajo como una constante crisis estética, más allá del design estilístico al uso.

- Participando como fotógrafo desde 1977 en diversas colectivas en 1992 presenta In Absentia, una propuesta individual bajo ese título tan llamativo…

- Un juicio In absentia sucede sin que la persona juzgada esté presente. De ahí su título... Recuerda el sonado caso de los desaparecidos saharahuis, raptados por el gobierno marroquí: hombres, mujeres y niños fueron recluidos en cárceles subterráneas de Marruecos una vez proclamado el referéndum por un Sáhara Libre… Cuando descubro la realidad de todo lo que ocurre a mi alrededor comienzo a tener otra visión de las cosas, hasta entonces oculta o diferente. Entonces decido dedicar mi obra a eso, a desvelar las mentiras del poder hegemónico, que es lo que pretendí con esta exposición. Es una obra centrada en el efecto revolucionario que yo pudiera añadir al descontento social. Pero aún así, la obra es la protagonista y el artista un medio a través del cual se expresa la naturaleza. Desde hacía años no me interesaba la sola imagen fijada sobre papel, de ahí su combinación con otros materiales como el hierro y la madera.

- ¿Qué le lleva a mezclar la imagen captada con esos elementos tan dispares, a huir de la imagen como mera fotografía?

- Ese interés proviene tras el abandono de mis experimentaciones cinematográficas a las que me dediqué entre los 21 y 25 años tras descubrir una Escuela de Cine en la que me apunto, aunque antes de terminar el curso ya tenía un guión escrito. Así que durante esos años me dedico al cine no profesional de la mano de uno de mis libros favoritos, El cine, de A. Artaud... Llegué a conseguir varios premios en muestras de cine, tanto en Gran Canaria como en Tenerife. Tras 12 realizaciones experimentales rompo con el cine y retorno a la fotografía seducido por la imagen poética, por la poesía de la imagen.

-Luego en 1995 presenta "Épekeina", su siguiente exposición individual donde parece percibirse un punto de inflexión en su trayectoria...

- Joseph Beuys fue para mí un icono; sus planteamientos estéticos me encaminaron a atender más al pensamiento que a la maniobra artesanal del arte. De hecho, en esa exposición a la que te refieres me interesan mucho los planteamientos de pensadores como Richard Sennet o Gaston Bachelard entre otros, adentrándome en asuntos de la filosofía del arte, una obra fotográfica combinada con otros materiales e inspirada en filósofos contemporáneos. La inflexión consiste en ese interés, de tal modo que intento captar imágenes con cierta profundidad poética más que hacer fotografía documental o de contenido efectista. Esto lo hago sin dogmatismos, simplemente dejándome llevar por una mirada buscadora de atmósferas susceptibles de emocionarme.

- ¿Cómo mantener esa mirada poética sin dogmatismos?

- Mantener esa mirada poética requiere liberarme de condicionamientos previos y centrar mi atención en la fascinación que, según el momento, me produce el propio discurso vivencial frente al acontecer cotidiano. Creo que la belleza del arte concluye en la poesía, en el existencialismo individual y por tanto colectivo: de ahí mi confianza más en el individuo que en las masas, la poesía como salvaguarda de lo humano… El amor debe ser un concepto extendido más allá del núcleo familiar, incluso del núcleo vecinal, más allá incluso del núcleo más o menos patriótico del concepto de nación.

- ¿Y aquella mirada crítica, sociopolítica, continúa en sus últimas exposiciones?

- Reconozco que hay una etapa de mi vida en la que pensaba que la obra de arte podía informar, convencer de la necesidad de la lucha colectiva, de que la presentación de una obra de arte haría reaccionar al espectador, sumándole a mi propuesta fotográfica una adhesión positiva a distintas causas sociales; pero mi compromiso político y social volcado en las obras se mantiene hasta el año 2008. Observado que el arte llamado institucional logra una singular apariencia de espectáculo que neutraliza y enfría el verdadero sentido de las imágenes, decidí hablar en mis obras fotográficas yendo más allá de planteamientos políticos al uso. Resumiendo, que hasta mi participación en la Bienal de La Habana de 2009, mi interés en el arte bien podía ser entendido como un elemento de lucha, de reivindicación, de solidaridad. Es a partir de entonces cuando empiezo a olvidarme de las masas y a confiar más en el individuo, volviéndose mi obra más intimista, directa a la persona.

- Pese a lo expresado, ¿continúa creyendo que el artista, el creador, el artista visual sigue teniendo un papel determinado en medio de la sociedad a la que pertenece?

- Por supuesto... Sembrar la semilla de la revolución, pero semillas que florezcan inagotables haciendo caso de nuestros antecesores, a tantos pensadores que nos han señalado el camino. El artista no es más que un médium de la estructura social que sufre la agresión del sistema basado en el trabajo-consumo. Considero artista a aquel que, utilizando cualquier medio de expresión, señala la senda de la liberación de los seres humanos hacia un mundo en paz, un mundo donde el valor del dinero no margine a unos en provecho de otros, donde los sistemas sociales protejan también a la naturaleza, nuestro ecosistema. Aunque la solución que yo veo a todo esto es la huelga general, un mayo del 68 mundial, una noche de los tiempos en la que lleguemos a desenmascarar a los enemigos de la poesía y de la libertad. Me hago cargo y suscribo que los mejores poetas y artistas están en los manicomios, por algo será. Se nos ha regalado el valor de la poesía y lo que hacemos es pisotearlo. Hay que abrir los manicomios y luego encerrar a muchos políticos y mafiosos en ellos. ¿Habrá espacio para todos?

- ¿Podría enumerar algunos fotógrafos que merezcan su admiración?

- Existen muchísimos autores a los que admiro… Me limitaré a mencionar los que ahora me vienen a mi memoria… Por la intensidad de su obra destacaría a grandes maestros como Edward Steichen y Alberto García Alix, junto a Francesca Woodman y Nobuyoshi Araki. Por su brillante labor investigadora y experimental mencionaría a los hermanos Mike y Doug Starn, Andrés Solana, Ouka Lele y Alejandro Reino. Por su mirada atenta a los dilemas de la existencia humana, nombraré a Boris Mikhailov, Sebastiao Salgado y Cristina García Rodero. Por la poesía intrínseca de sus imágenes, Patrick Taberna, Karina Beltrán y Antonio Tabernero.

- Hay una pregunta clave que aún no le he formulado: ¿cuál es el origen de donde procede todo su interés por el mundo de la fotografía?

- Mi padre. Él, a la vez que trabajaba en un estudio fotográfico en la calle Triana, se dedicaba a hacer todo tipo de encargos, bodas, bautizos, aniversarios, cumpleaños, etc., de tal manera que mi casa -una casita terrera en La Isleta- aparecía cada mañana llena de fotografías secándose por todas partes, colgadas en las liñas donde se secaba la ropa… Recuerdo que teniendo yo 6 o 7 años me dio por tumbarme en el patio de mi casa a observar el movimiento de las nubes, ver cómo se formaban dibujos en el cielo, visionando unas veces animales, otras veces monstruos. Mi madre, creyendo que yo estaba como deprimido, fue y le recomendó a mi padre que me metiera en el laboratorio, donde yo nunca había estado. Y así fue. Un día mi padre va y me dice "abre la mano y ponla encima de este papel", viendo cómo aquel papel empezaba a ponerse negro hasta que me dijo que la levantara, quedando plasmada la silueta de mi mano de niño en blanco. Luego me dijo que lo acompañara al laboratorio para fijar la imagen, siendo testigo por primera vez del proceso de revelado de una fotografía. Aquello me impactó mucho… Lamentablemente esa foto se perdió, no existe. Pero muchos años después yo reproduje el mismo proceso con mi propio hijo, y ésa sí que la conserva él.

- Digamos que el laboratorio de su padre fue su primer taller...

- Mucho más que eso... Yo descubro la alquimia de la fotografía como una magia, como algo sorprendente para un niño de 7 años, un descubrimiento que me enseña a sospechar que hay algo más allá de la realidad cotidiana... Tanto es así que incluso advierto cómo los clientes demandan que se les retire de su fotografía un lunar, los pelillos del bigote de la señora o la arruga del caballero. Y es que, anticipándose a Ouka Lele y a otros fotógrafos contemporáneos, ya entonces se coloreaban las fotos, asunto que en aquel tiempo se denominaba "iluminar una fotografía".

- ¿Sólo esto fue suficiente para decantarse por la fotografía o falta algo más?

- El día clave es cuando mi padre me regala una cámara de baquelita y me sugiere que yo mismo comience a hacer fotografías. De esta manera se inicia una etapa en que el hijo del fotógrafo hace fotografías, junto a su padre las revela en el laboratorio familiar y es como empiezo a tener entre mis manos las primeras fotografías en papel, en blanco y negro. Por lo tanto, lo que antes era magia, ilusión y sorpresa se convierte en un absoluto amor por esa profesión.

- No sé por qué, pero debió usted ser un chiquillo inquieto, nada común...

- La verdad que, como decimos en Canarias, bastante desinquieto... Ten en cuenta que a mis 14 años yo tenía un balón de fútbol debajo del brazo, estudiaba música y la enseñanza general básica, y escribía cartas de amor a mis compañeras. Pero también que a los 14 fui arrancado de ese entorno para entrar directamente en el mundo de la banca en calidad de botones, un mundo con el que de alguna manera rompo el mismo día en que me ponen una maleta de piel de vacuno en la mano para enviarme desde el barrio de Guanarteme -que era donde estaba la sede del banco- a otro que estaba en la calle Triana para entregar unos documentos. En ese trayecto me detengo delante del escaparate de una galería de arte, la Galería Wiot, donde había unos cuadros abstractos. Entro en la galería y lo primero que me seduce es el olor a óleo, descubriendo el Arte con mayúscula y sus posibilidades, pues en mi formación escolar, aparte de ser traumática por las torturas que recibí de varios profesores, en absoluto se tocó el tema del arte. Pero por esas mismas fechas también entró en juego la Librería Larra, en cuyo escaparate se exponían libros que yo desconocía absolutamente, así que mi sed de conocimiento, durante algunos años, hizo que mi vida consistiera en ir a la Galería Wiot y a la Librería Larra. Mi ignorancia era tal que en esa librería elegía los libros por el aspecto de su portada, asunto que me llevó a encontrar, entre tantos otros libros, una magnífica edición del Manifiesto Dadá…

- ¿Le sigue atrayendo contemplar las nubes, o ya al Rafael Hierro de hoy no le queda nada de la inocencia de aquel adolescente que disfrutaba adivinando animales y monstruos entre las nubes?

- Afortunadamente no me he desprendido totalmente de esa cierta inocencia de la mirada, aún hoy continúo mirando al mundo con ojos de niño. Me despierto siempre muy temprano. Lo primero que hago cada día es salir a la terraza y mirar al cielo, observo con detenimiento las nubes, la luz y los colores del día que comienza. Dejo que esas luces me hablen y me hagan sentir mi pertenencia a ellas. Entonces se produce un diálogo íntimo que me aporta fuerzas para seguir trabajando en pro de las cosas en las que creo. Luego me siento a escribir durante unas dos horas… No tomo fotografías con demasiada frecuencia, ese es un acto que me reservo para muy especiales momentos.

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