FRANCISCO R. PASTORIZA | MADRID
El asesinato del primer ministro de Suecia Olof Palme en febrero de 1986 dejó conmocionado a un país que no conocía el terrorismo y que presumía de que ministros y políticos se desplazaban a sus lugares de trabajo en transporte público y sin escolta. Este crimen, aún no resuelto, dejó en la sociedad sueca un legado de sospechas hacia los servicios secretos y sus entornos políticos. Este imaginario colectivo flota en el ambiente a lo largo de los tres volúmenes de Millennium. El secretismo de las actividades de los servicios de inteligencia se ponen de manifiesto en las ramificaciones que propician el blindaje de unas estructuras difícilmente controlables por el poder político y que Stieg Larsson denuncia: tanto a los políticos como a los parlamentarios les resultaba casi imposible ejercer ese control, ni siquiera cuando el primer ministro nombró una comisión especial (III.248). No sabía hasta qué escalafón llegaba la conspiración dentro de la jerarquía del cuerpo (III.435). Servicios secretos cuyas actividades son incompatibles con la Constitución: tanto Palme como otros miembros del Partido Socialdemócrata habían sido sometidos en algún momento a vigilancia ilegal por parte de los servicios secretos de Suecia. De Palme (Premio Nobel de la Paz en 1985, no se olvide este dato) llegó a decirse que era un agente de la KGB soviética. Tras la lectura de Millennium, sobre todo del tercero de sus volúmenes, resulta más interesante la lectura de la trilogía de Leif GW Persson sobre este magnicidio, publicada en España por Paidos.
LA GLOBALIZACIÓN
¿Es posible que una parte del éxito de esta novela se deba a la coincidencia de su publicación con la crisis económica? En varios pasajes se critican operaciones fraudulentas de grandes bancos y aseguradoras, indemnizaciones escandalosas, paraísos fiscales, situaciones similares a las del caso Madoff y los bonos basura (Las empresas Vanger se hallan actualmente en declive por muchas razones, pero una de las más importantes es la avaricia y el deseo de ganar dinero a muy corto plazo. I.109), y hasta se alude a la crisis de la construcción en la Suecia de los 90, paradigma del actual estallido de la burbuja inmobiliaria. Y de los fraudes de las empresas que se aprovechan del trabajo infantil, la mano de obra barata y la deslocalización laboral.
La corrupción ocupa en las sociedades actuales un plano destacado en todos los ámbitos; se ha convertido en un elemento incontrolable de la globalización: hay corrupción política, corrupción empresarial, corrupción profesional.... En esta novela se aborda, con inteligencia y unos conocimientos asombrosos por parte del autor, un análisis de este fenómeno, desde la desviación de los fondos públicos con que el Estado financia ciertas actividades empresariales hasta la ingeniería financiera que éstas desarrollan para ocultar sus delitos.
SEXO: LIBRE Y SEGURO
La adicción al sexo es una enfermedad que se puso de moda cuando el actor Michael Douglas confesó haberse sometido a un tratamiento en una clínica especializada para curarse de este problema (a este caso se alude en la novela. II.55). El tratamiento de los tabúes sexuales y la libertad de opciones es uno de los temas que se abordan con ejemplaridad. En Millennium se hace una espléndida defensa del derecho de cada persona a practicar las orientaciones sexuales propias, sin que ningún tipo de poder, y mucho menos el poder político, pueda interferir en la vida íntima de los ciudadanos. Sólo las relaciones con menores y los daños físicos pueden transgredir este principio.
La protagonista, feminista radical, de gustos cercanos a la estética gótica y punkie, es un personaje andrógino y bisexual (le importa el sexo pero no el género, dice) que tiene relaciones con hombres o con mujeres. La libertad sexual es defendida presentando las relaciones entre los personajes, incluyendo la infidelidad, de una manera clara y responsable. Las precauciones ante el peligro de transmisión de enfermedades se ejemplifican con la utilización de preservativos ("Tienes que usar condón. Yo sé con quién he estado pero no con quién has estado tú, le dice Lisbeth Salander a uno de sus ligues ocasionales. III.802").
LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Durante el caso Watergate, el escándalo de espionaje político que obligó a dimitir al presidente norteamericano Richard Nixon, tuvo un gran protagonismo el personaje conocido como Garganta Profunda. Era quien, oculto en la oscuridad de un garaje subterráneo, revelaba algunos de los secretos a los periodistas de investigación del Washington Post. Su personalidad no se conoció hasta que, hace unos años, cuando sabía que iba a morir de cáncer, decidió revelar al mundo su identidad. Esta peripecia política se traslada a las páginas de Millennium, cuyo relato se inicia con la intervención de un ´garganta profunda´ que, al revés que en el caso Watergate, tiende una trampa al periodista de la revista para que elabore, con datos falsos, un reportaje que lo llevará a la cárcel. El éxito del periodismo de investigación, viene a decir Larsson, no es sino el de la autenticidad y la fiabilidad de las fuentes, de la calidad de la información de los garganta profunda.
De ahí que en la novela se haga una defensa explícita del derecho a no revelar las fuentes.
El papel de los medios de comunicación y la ética periodística en la sociedad actual son objeto de una profunda reflexión en Millennium. Se critica el papel de la prensa en las sociedades actuales (este combate se decidirá en los medios de comunicación y no en la sala del tribunal. III.387), incluso el de sus profesionales: una de las protagonistas, de ideología progresista, no tiene inconveniente en pasar a dirigir un gran periódico conservador, el más soso, carca y machista de toda Suecia (III.85) porque eso significa un gran prestigio para su carrera: irónicamente, su último editorial para la revista que abandona trata sobre la moral. Se alude a la descontextualización de la información y a la manipulación de las imágenes, fenómeno frecuente en la prensa (con la boca abierta y el dedo índice levantado parecía darle instrucciones a un agente uniformado. En realidad no hacía más que indicarle el camino del retrete. I.20) y en los medios audiovisuales, y a la incompetencia de la prensa económica, responsable en buena medida de la situación de crisis por carecer del menor atisbo de capacidad crítica (I.126). No se libra la prensa sensacionalista, que no duda en aceptar la información oficial que atribuye la autoría de unos crímenes a una banda de lesbianas sadomasoquistas asesinas en serie, porque ese es el tipo de información que vende.
La manipulación de la opinión pública es también objeto de reflexión entre los periodistas: Si los socialistas quieren ir a la guerra con Dinamarca, yo tengo que explicar por qué se equivocan. Y si quieren evitar la guerra con Dinamarca yo tengo que explicar por qué se equivocan (III. 235), dice el redactor jefe de un periódico conservador. La política internacional también es objeto de la mirada de Larsson, que critica los ´sensatos´ comentarios que explicaban la necesidad de la guerra de Irak, o la invasión de la isla de Granada: Estados Unidos invadió el país e instauró la democracia. Para Granada eso significó que el nivel de paro aumentara de un seis a casi un cincuenta por ciento y que el negocio de la cocaína volviera a ser la principal fuente de ingresos (II.20-21). Pero hay también un elogio a aquellos profesionales que en ocasiones pagan con sus vidas la denuncia de las mafias del crimen y el sexo y una defensa cerrada de los periodistas de investigación, verdaderos agitadores de la conciencia social (mental weightlifters) a quienes el poder político ha calificado despectivamente como mucrakers (los que remueven el estiércol). Y a pesar de estar escrito antes de que la actual crisis afectara a los medios de comunicación con la virulencia con que lo está haciendo, Stieg Larsson advertía ya sobre los peligros de la crisis del mercado publicitario y el fenómeno de la prensa gratuita como causas del descenso de las ventas de periódicos (III.359).