Cría cuervos

2012

 
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ALBERTO PALENZUELA Lo admito: yo fui uno de los tres millones de gilipollas que picamos con aquello del Efecto 2000 y nos compramos otro ordenador. Dicen, a todas estas, que los sesenta billones que costó a las empresas y al resto de la población mundial la falsa alarma de entonces, incluidos mis mil doscientos euros, fueron a parar a manos de informáticos avispados y compañías del sector, así que no pienso volver a quedarme con la misma cara de imbécil con esta nueva historia del 2012 y el fin del mundo, por mucho que se empeñen científicos catastrofistas, gurús mediáticos, periodistas aburridos, el mismísimo Nostradamus o los Mayas quienes, por cierto, no sé qué coño hacen prediciendo el fin del mundo a estas alturas, cuando no fueron capaces ni tan siquiera de prever su propia extinción.

Para mí que al final todo el rollo este de las teorías de la destrucción, que últimamente habitan en nuestro devenir social y cultural, son una muestra más del aburrimiento crónico del ser humano y de la habilidad que tienen algunos de ellos para crear las condiciones necesarias para vender como rosquillas sus productos o sus servicios, empezando por el colega que arregla ordenadores y terminando por el que construye refugios nucleares, pasando por el que vende películas sobre cataclismos o el que cultiva transgénicos para sobrevivir a uno de ellos.

Y es que tengo la impresión de que nuestro planeta no tendrá la suerte de que el mundo civilizado desaparezca en el año 2012, si es que tuvo alguna vez algo de civilizado. Eso sí, medio planeta celebrará unas olimpiadas mientras el otro medio se muere de hambre; o veremos los efectos de alguna pandemia tranquilamente desde la tele del salón de casa; o asistiremos a los estragos del cambio climático mientras reservamos vacaciones de verano en la playa, pero todo ello, hecho de manera muy civilizada, sin apresurarnos por extinguirnos, que todavía quedan muchos años para seguir dando por culo y muchos culos a los que seguir dando leña.

Así que, por lo pronto, yo seguiré haciendo lo más lógico que estimo oportuno hacer, que no es sino importarme un huevo los descubrimientos astrales de los Mayas, que por aquí abajo ya tenemos bastante con aguantar la magnitud que ha adquirido durante estos milenios la idiotez humana, suficiente como para perder el tiempo, en pleno siglo XXI, haciendo conjeturas sobre otras posibles causas de su extinción que no sean las de su más absoluto egoísmo.

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