ALMUDENA CRUZ | SANTA CRUZ DE TENERIFE
Con nota aprobó Russian Red el examen del público lagunero el pasado viernes en el teatro Leal. Queda probado que no hace falta mucho despliegue sobre el escenario, ni artificios de luces, ni ruidos, ni proyecciones, ni tan siquiera el tumulto de un escenario lleno, para complacer a los amantes de la buena música. No hace falta, ni siquiera, ser muy ducho en esto de expresarse en público. A Lourdes Hernández, vocalista de Russian Red, se le perdonó la timidez en la oratoria y se le aplaudió el asombroso y paradójico desparpajo vocal.
Se presentó sola sobre el escenario, con la retórica y cómplice compañía de su inseparable guitarra, y con la primera canción ya se había ganado el respeto del público, que para la ocasión despojó de entradas la taquilla del recientemente reinaugurado recinto de la mítica calle de La Carrera.
Quizás, sin embargo, no estuviera del todo sola. Es fácil imaginarla con la misma guitarra componiendo y ensayando, una guitarra que a punto estuvo de perderse en el entramado aeroportuario que separa Madrid de Tenerife, según ella misma confesó durante uno de los intermedios del espectáculo.
Basta echar un vistazo a los comentarios en el myspace del grupo para comprobar que el concierto de Tenerife, el primero que la banda daba en la Isla, fue todo un éxito y una versión de Be my baby, el tema más aplaudido de la velada. "Siempre había querido hacer una versión de esta canción", confesó la cantante.
El concierto, explicó Hernández, es el primero en un formato sencillo pero muy atractivo, "preparado especialmente para esta noche", que es para los más observadores un despliegue de complicidad y preparación. La percusión, por ejemplo, es un ejercicio casi de cirugía que Pablo Serrano lleva hasta lo imposible: el hombre orquesta, como comentarían algunos.
Respecto a la música, todos los temas esperados llegaron, incluido Cigarettes, que fue recibido con un aplauso apenas se percibieron los primeros acordes. Excepcional también la versión de Girls just wanna have fun y los nuevos temas que el grupo adelantó sobre el escenario, como You and me o Take me further.
Mientras, a los de Russian Red pareció agradarles el recinto y prometieron volver pronto. "Nunca habíamos tocado en un lugar tan bonito, además el nombre ya impresiona. Ojalá volvamos pronto", aseguró la cantante.
Pero lo mejor de la velada, por supuesto, fue la increíble voz de Lourdes, que no defraudó ni un ápice a quienes la escuchaban en directo por primera vez. Hubo silencio absoluto para la madrileña, y su voz voló y envolvió todas y cada una de las butacas del teatro. Voló y subió hasta los palcos más altos, hasta las esquinas de los pasillos. Entre canción y canción, eso sí, el espacio fue para los aplausos y los vítores.
El público, como podía esperarse, pidió más cuando los tres músicos abandonaron tranquilamente el escenario. Y lo consiguió, se cumplió el rito y Lourdes volvió al escenario acompañada por el guitarrista: no fue suficiente.
El último guiño de Russian Red para sus, desde ahora, incondicionales tinerfeños, fue protagonizado por la cantante, que se bajó de sus altísimos tacones y, ukelele en mano y sin micrófono, se plantó en el pasillo central del teatro para dejar sin respiración a buena parte del público.
Una vez terminado el concierto, fueron muchos los que decidieron sortear el frío lagunero y esperar a los protagonistas de la velada para pedir algún que otro autógrafo. Quedan ganas de más... que a buen seguro se