BEATRIZ DE VERA
Vivían al principio estos pesados y omnipotentes seres luciendo su estática magnificencia en aquel edén sin lluvia o apagones, y todo era banda ancha y LAN partys. Más tarde creó Dios al hombre y le cogió cariño, según dicen, porque podía caminar y hacerle los recados. Dios entonces cambió su imagen y supongo que también sus semejanzas. Tiempo después había por el mundo ordenadores y humanos de todas las razas y tamaños. La selección natural, según otras voces, permitió vivir a algunos tipos de unos y de otros, pero no deja de ser sospechoso que desde entonces los ordenadores sean siempre más pequeños. Al parecer, el hombre temía a esos mastodontes primitivos que le hacían flaquear en la certeza de ser favoritos del creador, además de no caber en un piso de 30 metros. Ahora hay algunos incluso cuya manipulación genética ha permitido que se reduzcan y optimicen algunas de sus funciones, como la calculadora, el lector de código de barras o el aparato de consulta de libros en la biblioteca.
Sencillez y sencillez son las virtudes que valoro yo en estas criaturas de Dios, por torpeza, y al igual que en Alcampo consulto el precio de frutas, libros y herramientas sin discriminación alguna, en las bibliotecas compruebo siempre que de verdad existen los libros que, de hecho, tengo en la mano. La selección natural es arbitraria. Mi última consulta en la biblioteca municipal de La Laguna fue, sin embargo, por necesidad. Llevaba una lista con una serie de libros fácilmente encontrables en cualquier librería que me disponía a devorar gratuitamente. Título, autor, editorial. No estaban, ninguno. La culpa debía de ser mía así que fui al mostrador donde humanos eficientes me confirmaron que, en efecto, no los tenían. Ni esos ni los otros diez que busqué al azar. Iba a preguntar cuándo habían recibido la última actualización cuando entró un conocido con una octavilla que repartía en la puerta un grupo de personas, trabajadoras despedidas de la biblioteca, que se manifestaban por irregularidades en los contratos y despidos improcedentes por parte del ayuntamiento. Esto ha provocado además que se bloquee la entrada de actualizaciones, que muchas deberían de ser para que empezara a existir un fondo decente. La humana detrás del mostrador me miró con la cara de quien está acostumbrada a que pasen estas cosas a diario. Cogí pues un libro de dibujos de la sección infantil, y enseñé mi carné de socia, que por cierto, deberá pasar muchas selecciones naturales hasta que pueda caber en una cartera normal.