ALBERTO PALENZUELA
Según dicen algunos publicistas, un diez por ciento más de los lectores que habitualmente pasean por esta página y siguen de paso hasta las esquelas, se detendrá y habrá empezado a leer las primeras líneas de este artículo solo por el enunciado del mismo. Dicho de otra manera: para un alto porcentaje de los lectores diarios de este y otros periódicos, el sexo sigue siendo un referente persuasivo tan eficaz que eclipsa en gran parte cualquier contenido de naturaleza diferente. O, dicho de otra, la gente prefiere leer algo sobre culos y tetas que una crítica del nuevo disco de Barricada, que aunque es un discazo, por lo visto no tiene tanto interés informativo como el color de las bragas del penco de Paris Hilton en la portada de su último disco.
Dicho esto, doy la bienvenida a ese diez por ciento de nuevos lectores, no sin antes advertirle, que el motivo real de esta columna es para comentar exactamente todo lo contrario: según los últimos estudios realizados por expertos en comunicación persuasiva, la tendencia parece que cae en picado, como también cae el deseo sexual en la población española. Curioso. Ahora, la audiencia, que debe estar curada de espanto, está cansándose de recibir los mismos estímulos y la eficacia del mensaje desciende considerablemente, por aquello de la "Ley de los Rendimientos Decrecientes" que enseñaban en la facultad que, mira por donde, ya sé para qué coño sirve.
El caso es que los creativos de las marcas de renombre y de los productos mediáticos y culturales, incluidos los de los discos "maniquies", tendrán que volver a romperse los cuernos, si es que alguna vez lo hicieron, y currarse otros briefings y brainstormings (les encanta utilizar una serie de tecnicismos estúpidos) para parir otras ideas que no sea poner a la misma tía buena de siempre vendiendo el producto.
A mí, lógicamente, todo esto me la trae floja salvo por una cosa: a este paso nos convertiremos un país de vejestorios impertinentes y ni poniendo dos tetas sobre el título de esta columna, conseguiré ese diez por ciento de nuevos lectores. ¡Qué triste!