ERICK CANINO
Comenta una de las personas encargada de las labores de producción de conciertos de una empresa tinerfeña que con esto de los humores y caprichos de los artistas uno se puede esperar cualquier cosa. "Pero me refiero a cualquiera –me dijo hace años-, que los hay con unas manías casi anormales". Se refería a peticiones casi minimalistas (desde una bebida de importación hasta una copa de cristal con un grabado determinado), hasta cualquier tipo de sustancia dopante, pasado por la exigencia de algún equipo técnico o instrumento concreto que en más de una ocasión dejan sin utilizar en los conciertos. "La única vez que me planté fue cuando me pidieron putas".
Entre las idas y venidas de artistas a la Isla se generan un buen número de leyendas que nunca llegan a saberse a con toda certeza si son ciertas o no. Como el excelente guitarrista gaditano de flamenco que pidió unas papas negras con mojo, condición insalvable. O el exquisito pianista con nombre de perro que exigió entre los enseres de su camerino para su actuación en el Auditorio de Tenerife más de una docena de revistas porno de temática gay. ¡Más de una docena!, para un solo concierto.
Después está el artista local, más de humor y menos de música (aunque le da al bolero también) que se empeña en demostrar lo extraño de su carácter dejando las habitaciones de los hoteles donde se hospeda hechas una porquería. O el otro, aquel también andaluz que en su día guerreó en asuntos de amores con la top model negra por excelencia, y que en una de sus apariciones artísticas por Santa Cruz solicitó que todo en su camerino fuera de color blanco, con su docena de rosas incluidas. Cuentan que bramaba algo sobre la pureza y esas cosas inalcanzables para ti y para mí. O aquel otro, gigante del mestizaje casi siempre por rumba, al que le gusta todo menos la Coca Cola. "Refresco de cola local".
Y luego está la historia de las historias, la de aquella cantante brasileña que, hace algunos años ya, se hizo acompañar por una santera durante su aparición en el Auditorio de Tenerife. Toda una coleccionista de ritos y supersticiones que quiso librar de todo mal a su actuación con el sacrificio de una gallina en el camerino. Se lo impidieron, claro, y pese a que amenazó con no actuar, esa noche triunfó.
Quizás algunas de estas anécdotas (podríamos escribir muchas más) le parecerán poco creíbles. Bueno, aquí va una de mentiras certeras: no se crean las crónicas musicales que salen publicadas en los periódicos justo el día después del concierto. El 99,9 son falsas.