DAURA VERA
A Amenábar le han llovido miles de críticas, muchas de ellas de historiadores y científicos, tras el estreno de su última película, Ágora, cuya figura central es la filósofa, matemática y astrónoma Hipatia de Alejandría, definida como la primera científica de la historia. Aunque sus manuscritos no se conservan y se conoce su obra por los testimonios de discípulos y pensadores, pocos de ellos, coetáneos. Y todo este revuelo surge porque el director de Tesis se tomó alguna licencilla de nada, como dejar ver (atención: lo que sigue hasta el punto puede tomarse como un spoiler) que Hipatia fue la gran predecesora de Kepler y su Teoría Heliocéntrica del siglo XVII, vigente hasta la actualidad. Según investigadores, a la científica sí que se le atribuye una mejora del astrolabio a partir de los de Hiparco y Ptolomeo y, gracias a su densímetro, se puede calcular la densidad de los líquidos.
Cierto es que Amenábar adornó el personaje porque el cine, no olvidemos, es un relato audiovisual pero de ficción. Se basa en la realidad de los historiadores, pero el director, también guionista, quiso modelar con ciertas libertades a su heroína. La imaginación, a veces desbordada, pero sin dejar de ver al personaje de carne y hueso, suplió las lagunas. Ésa es la frontera entre la realidad y la ficción, una delgada línea franqueada por la verosimilitud. Como diría Albert Chillón: "Toda ficción comporta una dosis inevitable de verdad", y viceversa. ¿O es que cuando hablamos de nosotros mismos no hay datos que omitimos y otros que adornamos, igual que cuando somos observados por otros?
Hipatia también sirve para otros fines cuando observamos los tiempos que corren, críticos desde muchos sentidos, aparte del económico. Se podría hablar de una crisis de contenidos y de valores, porque hemos vuelto al dogmatismo más allá de la religión (aunque algunos quisieron ver que Amenábar quería separar la razón de la religión), como el del discurso de nacionalismo descafeinado con dosis altas de xenofobia, apoyados por poderes en la sombra, eso sin salir de Canarias. O los líderes políticos nacionales menguantes, uno por falta de pragmatismo urgente, otro por corrupción de sastre. Rescatar a Hipatia, aun un mero reflejo de ella, se hace imprescindible en estos tiempos carentes de tolerancia, vacíos de valores sociales en las empresas, en la política, entre sexos, en la calle... A mí Ágora me dió que pensar, que siempre será necesario para no ser pasto de demagogos.