ELENA FALCÓN
Si les gusta, bien, si no, te caes con todo el equipo", así es el público infantil para su mejor conocedor: Fernando Argenta, quien ha llevado la ópera de Rossini, La Cenicienta, al Auditorio de Tenerife. En las sesiones matinales de la función, a las que acudieron colegios de toda la Isla, la sala fue un estallido continuo: gritos histéricos con los truenos de una tormenta, silbidos y abucheos a las malvadas hermanastras, vítores cuando el Príncipe besa a La Cenicienta y ataques de risa incontrolables cuando su padrastro, don Magnífico, tira de la cisterna. "Lo escatológico nunca falla con los niños", reconoce el músico, divulgador y escritor, "ya lo era Mozart en las cartas que escribía a su prima". Que niños entre seis y diez años se fascinen, como en este caso, por la ópera; o en el de El Conciertazo de Televisión Española, por la música clásica, es mérito de Fernando Argenta, quien, además, desde sus 32 años ininterrumpidos de Clásicos Populares, en RNE, ha inoculado la melomanía a muchos españoles. Antes de eso, movió las caderas a toda una generación yé yé, tocando la guitarra en el grupo Micky y Los Tonys; así que a nadie debe sorprender que con sus discos de música clásica, ópera, pop y rock´& roll, convivan Los Sabandeños, Los Gofiones o Mari Sánchez y Los Bandama.
P: ¿Cuántos discos puede tener en su casa?
R: Miles y miles, de todo tipo. En la radio me encargaban programas de folclore y tenía que distinguir entre una isa y una folía. Veía Tenderete. ¡En Puerto Rico me dijeron que los felicitara! El folclore canario es una música muy sibarita. Para estar bailada, en verdad, por magos, tiene una calidad y altura fenomenal. También tiene su influencia de fuera, porque la folía era una danza ya en el Renacimiento español, que no sabemos si viene de Portugal. Mi padre -el prestigioso director de orquesta Ataúlfo Argenta- grabó Los Cantos Canarios de Teobaldo Power; hizo una versión fantástica de música canaria. Y, hay que ver, se me caen las lágrimas escuchando Los Cantos Canarios… pero luego está la alegría del final.
P: El fragmento del Arrorró se escogió como himno frente a Islas Canarias, que mucha gente alegó era más conocido.
R: Es más conocido, pero tienen más profundidad Los Cantos.
P: Usted integra el grupo de profesionales prejubilados por TVE; ¿cómo ve la televisión actual?
R: La televisión es un desastre. Deberíamos utilizarla para educar y sensibilizar; que la gente viera teatro, como antes, y óperas. Pero, en su lugar, están los reality, que son mentira; esos señores son actores, pagados y aleccionados, que interpretan un culebrón de peleas incluso familiares. Hay que decírselo al pueblo: eso es bazofia y entrar en los sentimientos peores del ser humano.
P: ¿Qué cultura para niños ofrece la televisión?
R: En la televisión, cultura para niños hay muy poca y algunas cosas que hay son incluso nocivas, porque les están enseñando que la violencia es buena, que el que más grita más razón tiene, que el dinero es la meta y que todo se logra sin esfuerzo. La gente dice tacos y se agrede verbalmente. En unas horas en las que puede haber un niño viendo la televisión, eso no lo deberíamos consentir.
P: ¿Cómo se está reflejando eso?
R: En una sociedad infantil mucho más pasiva, en la que el ocio generalmente es improductivo, no es creativo, no fomenta la imaginación; es la pasividad por la pasividad. Pero si los niños no ven que su padre lee y que su madre escucha música, qué podemos pedirles. Los padres somos los que tenemos la culpa de que vean esos programas de griterío. Y no voy a decir el nombre de algunas señoras que utilizan a sus hijos y su mal genio para estar en televisión todo el día…
Argenta, que se crió con las radionovelas de antes, Dos hombres buenos o Diego Valor, tiene claro que los menores merecen más de lo que la sociedad les está dando. Y en esa contracorriente camina, con genialidades a veces fallidas; como cuando en el Teatro Guimerá, repartió 800 trompetillas para que los niños siguieran la música y el concierto lo acabaron dando ellos desde las butacas. Por su entusiasmo y conocimiento, Argenta, un habitual del jurado, fue candidato este año al Príncipe de Asturias de las Artes: "Me propusieron unas instituciones argentinas; por eso este año no pude ser jurado. Sabía que no iba a salir, al lado del arquitecto Norman Foster… y además ponía en un compromiso a mis compañeros. José Luis Garci, por ejemplo, pide que no le nominen nunca, porque participar en los premios es lo más divertido". Bajo el brazo se lleva otros muchos, pero el que más orgullo le reporta es el de despertar amor por la música.