E. CANINO | LA LAGUNA
treinta minutos de Pedro Guerra en el Búho Bar son como treinta minutos de un Real Madrid-Barcelona. Puede ser todo y tan poco a la vez. Todo si alguno de aquellos genios del balón ronda el cielo con al menos una jugada de ésas de otra galaxia; todo si Pedro Guerra te canta al arrullo de su guitarra El Marido de la peluquera a menos de 10 metros. Casi nada si piensas lo que pueden dar de sí el resto de los 70 minutos no disputados; casi nada si interiorizas todas las maravillosas creaciones que no caben en esos treinta minutos.
Un poco así, entre lo grande y lo escaso, se movió el cantautor güimarero en el concierto del pasado jueves en el local lagunero. Fue un leve guiño de presentación del recién publicado Alma mía, trabajo en el que recopila alguna de las canciones legendarias del cancionero hispanoamericano. Cinco temas de esta aventura solista que para muchos aún está por explicar y los bises de la despedida.
Como fórmula mediática y de impacto el invento es bueno. Los 100 primeros discos que daban acceso exclusivo a aquella noche de jueves al recinto lagunero se agotaron en menos de 20 minutos. Cuenta algún responsable de Sony, la discográfica que edita su trabajo, que sólo con este proceso de acción directa Pedro Guerra despachó varios miles de copias de su anterior trabajo de estudio, Vidas.
El concierto no tuvo estructura tal como para ser relatada en una crónica. Fugaz, quizás sin tiempo para conectar con el artista, con esa sensación de no enganchar con el alma de las canciones en el todo o nada del directo de la primera escucha. Veinte minutos para sus nuevas canciones y diez para la despedida y los bises con El marido de la peluquera y Debajo del puente.
Pena que de esto quede por encima de todo el rumor quejumbroso de los que hablan de la reconversión del Búho Club en local de "vanguardia" antes que de la propia reaparición de Pedro Guerra en La Laguna.
Esos románticos integristas...