ALMUDENA CRUZ | LA LAGUNA
La del pasado viernes fue la que marca el número dieciséis en la historia del Campus Rock tinerfeño y, para los que se trasladaron hasta la plaza del Cristo, el guión se cumplió a la perfección. Puntualidad escrupulosa en una velada que fue ganando en intensidad, si lo medimos en términos de respuesta del público, pero que llegó a lo más alto -musicalmente hablando- ya desde el principio, con Sidonie. Los barceloneses son buenos, muy muy buenos, y eso lo sabía mucha gente el viernes en el Cristo, esos que no fueron única y exclusivamente a pasar el rato hasta que apareciera en el escenario el tan coreado Dani, vocalista de El Canto del Loco. Sidonie fue el primer grupo en saltar al escenario y le tocó romper el hielo, lo lograron desde el primer tema. ¡Vaya alarde de cuerdas! Ofrecieron una escrupulosa presentación de los temas de su recién estrenado proyecto discográfico, El Incendio. En las primeras filas del concierto se palpaba que en la Isla hay cantera en esto del pop y no faltaron, para los catalanes, vítores y aplausos agradecidos por la brisa de aire fresco de su actuación. Una hora sobre el escenario que, para muchos en La Laguna, supo a poco."Es un honor estar de nuevo en Tenerife y compartir escenario con estos grupos" aseguró el vocalista de Sidonie, Marc Ros.
El segundo turno sobre el escenario del Campus Rock fue para Nena Daconte (foto). Mai Meneses apareció sobre el escenario vestida de negro y acompañada por su inseparable mitad musical, Kim Fanlo. Parecía que es estilo del dúo nacido al calor de Operación Triunfo no cuadraba muy bien en el cartel previsto por los organizadores pero el público no dejó sola ni un momento a Mai, que recompensó a sus fans tinerfeños con algunos de sus temas más populares. No fue la parte de la noche más movida, pero en La Laguna muchos corearon las letras de Nena Daconte, que estuvo sobre el escenario aproximadamente una hora.
Algunas personas en el Cristo se quejaron de la duración de los intermedios pero, en general, no llegaron a la media hora y la organización tuvo el acierto de recordar, en las pantallas gigantes habilitadas a uno y otro lado del escenario, algunos de los mejores momentos de anteriores Campus Rock: Guaraná, Mojinos Escozios o Estopa amenizaron con sus actuaciones enlatadas el tiempo que los técnicos tardaban en retirar los equipos y dejar listo el escenario para la siguiente banda.
Y entonces llegó Taxi, y no hubo marcha atrás. Los de Gibraltar no dejaron que la noche se parara, ni un sólo instante. Dylan Ferro fue, sin duda, el mejor maestro de ceremonias en una velada -de nuevo- predispuesta para los de El Canto del Loco. No dejó descansar al público que, por su parte, no tuvo más remedio que quitarse el sombrero ante su actuación, que se extendió hasta las 12:15 horas de la noche. Los temas más conocidos de la formación heredera de Melon Diesel se pasearon por el frío habitual de la plaza del Cristo, esta vez a rebosar y con un rango de edades interesante para cualquier promotor de este tipo de eventos. Desde familias completas con niños, jóvenes quinceañeros, erasmus universitarios, veinteañeros, treintañeros... Taxi supo conquistarlos a todos.
Y por último, y al parecer, la actuación más esperada de la noche. Ese proyecto inagotable que es El canto del Loco apareció en la plaza pasada ya la 1:00 de la mañana y el público empezó, ahora sí, a querer estar más y más cerca del escenario. Con Dani Martin a la cabeza hicieron, exactamente, lo que se esperaba de ellos. No tuvieron que animar a nadie, no necesitaron levantar a la gente porque el público estaba más que dispuesto a ceder a todos los deseos del grupo. Si Dani decía que a saltar, se saltó, si Dani pedía silencio, pues todo el mundo a callar. Y lo cierto es que allí, y desde las primeras notas, todos se sabían hasta la última letra de sus canciones, hasta los más reacios se pusieron a cantar. Una hora y media de zapatillas, tontos, besos y peter panes. Un cierre más que digno para el Campus Rock que, la pasada noche del viernes, recuperó para San Cristóbal de La Laguna la estampa que se merece, esa de principio de curso en la Universidad que a todos nos llena de melancolía, la del frío y la de la búsqueda de un taxi -esta vez de los toda la vida- vacío para volver a casa.