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LA OPINIÓN | LA LAGUNA El Gobierno de Canarias y la Fundación Picasso-Museo Casa Natal de Málaga inauguran hoy, a las 20:30 horas, en la sala de exposiciones del Cabrera Pinto, en La Laguna, una muestra excepcional, Picasso: La belleza múltiple, en la que se recorren las diversas concepciones de la idea de la belleza en la obra gráfica del artista malagueño. Esta selección de obras -alrededor de setenta grabados- recoge, además, las diversas técnicas y etapas de su producción gráfica, donde la idea de la belleza y sus variaciones se convierten en un hilo conductor a través del que es posible recorrer la evolución artística de Picasso.
Esta exposición se articula a través de diez secciones, integrada cada una, dependiendo de los casos, por cuatro o cinco obras. La primera mirada, El ideal clásico, se detiene en el academicismo de raíces clásicas de finales del siglo XIX. En la exposición el ideal clásico es el que mayor número de obras presenta, al articularse en tres apartados. El primero de ellos, titulado Apolo, recoge obras que pertenecen a la Suite Vollard (1930-1936) así como a las ilustraciones realizadas para los libros La chef d´oeuvre inconnu (1931) de Honoré de Balzac, Lysistrata (1934) de Aristófanes y VIII Pythique (1961) de Píndaro. El segundo apartado, Dionisos aporta un enfoque más hedonista de la mitología, ya que es el mundo de las bacanales y del desenfreno el que preside estas imágenes, entre las que se incluye la litografía de 1960 Homenaje a Baco y representaciones de faunos. Cierra este recorrido el apartado Eros y Thanatos.
Al igual que sucedió con la recuperación de las formas y modelos de la Antigüedad clásica en el Renacimiento, Picasso también las sometería a revisión desde un nuevo punto de vista. Así sucede en la segunda área, El resurgimiento clásico, con las escenas de mujeres desnudas en un interior, con los retratos de perfil que apuntan incluso influencia del Manierismo italiano y, desde una perspectiva más atenta a los detalles, la anécdota y los elementos decorativos, con su serie de La partida del caballero que nos remite a los desfiles triunfales de los murales italianos.
El espejo ajeno es el título de otra sección de la muestra. Picasso en la segunda mitad de su vida reinterpretó a los artistas del pasado que más estimulaban su curiosidad. Es así cómo realizó las versiones de la obra de Lucas Cranach que aquí se muestran, copió el retrato que Velázquez hiciera del poeta Luis de Góngora e incluyó, adaptado a la óptica picasiana, uno de los múltiples autorretratos de Rembrandt en uno de los grabados de la Suite Vollard.
Barroco: horror vacui constituye el cuarto eje de la exposición. El interés por el equilibrio del clasicismo fue sustituido por el dinamismo turbulento del Barroco, por su propensión a llenar las escenas de elementos que ocuparan toda la escena. También en Picasso se dio esa tendencia, que se iría afirmando en las escenas de la muerte del centauro que Picasso plasmó en las ilustraciones para el libro de Ramón Reventós Dos contes (1947).
Continúa el itinerario expositivo con La belleza burguesa, en un regreso a sus orígenes, a la sociedad de la que surgió. La Fundación es depositaria de la Suite de los saltimbanquis, conjunto de grabados realizados por Picasso en el periodo 1904-1906 en el tránsito entre sus etapas azul y rosa. Dan forma a la sexta sección, Melancolías. Estas imágenes, de raigambre simbolista, rinden culto a un ideal de belleza que es eco del "mal del siglo", la melancolía considerada como un atributo de la belleza.
Picasso, reconocido por los seguidores de André Breton como el principal pionero de la nueva estética, cultivó profusamente la convulsión, la distorsión, como elementos principales de su obra surrealista. Esta sección, La belleza convulsa, recoge elocuentes ejemplos del convulso surrealismo picassiano. Artista inquieto e inconforme, Picasso no se ciñó de forma perenne a ninguna formulación estética. Así, no es inusual encontrar en él, como se muestra en esta sección nueva área, La belleza mixta, escenas en las que une formulaciones clásicas con otras surreales.
En Belleza y Verdad, el poeta romántico inglés John Keats, formuló taxativo su propia conclusión: "La belleza es verdad, la verdad es belleza: eso es cuanto sabemos –y debemos saber- sobre la tierra". Esta afirmación se hace especialmente visible, en Picasso, en las escenas de familia, en las que retrata, con intensidad y veracidad, a sus hijos y compañeras. Estas imágenes intimistas son las que protagonizan esta sección.
Finalmente, en La belleza inmóvil se observa la faceta menos conocida, la representación de temas inmóviles en la obra de Picasso, que se plasma en visiones de paisajes, bodegones y naturalezas muertas.
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El triunfo del PP, las revoluciones árabes, el terremoto de Japón y el dominio del Barcelona, entre otros acontecimientos, marcaron el año.
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