ERICK CANINO | LA LAGUNA
Susana Rinaldi protagonizó alguno de los momentos estelares de la pasada edición del Festival Sabandeño, celebrado el pasado sábado en la plaza del Cristo lagunera. Era su primera visita artística a Canarias. Ella, y su versión intransferible del tango.
-Queda la sensación de que cuando usted empezó, en base a su manera singular de interpretar el tango, estaba todo el camino por hacer...
-Es cierto. Sí quiero decir que yo no aparecí en el mundo del canto popular con la intención de romper nada, ningún molde. Cada uno canta como canta y lo hace como puede. Sin embargo, mi intención sí fue la de incorporar, sobre todo estéticamente y en cuestión de repertorio, un gusto más selectivo que hizo que el tango canción cobrara mayor importancia. El tango canción nació en la necesidad de expresar una denuncia social y eso con los años se fue perdiendo, se fue diluyendo. La intención siempre fue hacer del tango una canción banal, en todo caso nostálgica, un lamento permanente del hombre desolado, que siente todas sus conquistas fracasadas, etc... y yo creo que es mucho más importante desde la misión que tiene el canto popular, que es mucho más que eso. En este caso, cuando yo empecé, hablar de la migraciones, que ahora vuelve a estar de actualidad, de la necesidad de hablar de gente que llegaba a esa tierra prometida que era Argentina, con toda la necesidad de ser recibida buenamente. Y no siempre fue así. Entonces, las primeras pasadas de factura que se hicieron a la sociedad porteña fue a través de gente que resultó hacinada en lugares como palomares sin ningún tipo de condiciones óptimas de vida. Ellos no tenían salida de esa realidad. Aunque parezca mentira, las tres disciplinas que tiene el tango, lo instrumental, la danza y el canto popular, fueron durante mucho tiempo, desde 1904 en adelante, una expresión bien recibida por pueblos hermanos que sufrían cosas similares y que encontraron también refugio en esa expresión cantable. Con el correr de los años, fue la sociedad porteña la que llevó el tango a París, para bailar, para divertirse, yo diría que de una manera banal, un poco elitista. Entonces, el tango canción perdió rumbo, perdió contenido. Después, con el tiempo, llegaron la casas discográficas internacionales, que tenían que hablar de otra manera dentro del tango, y terminaron por cambiar totalmente esos orígenes. Cuando yo aparezco, lo hago desde un mundo bien diferente, que es el teatro, donde el pensamiento está antes que nada. Gracias al teatro yo aprendí a valorar la palabra de otra manera, y por lo tanto, a valorar como cantante el repertorio en el cual me metía. Todas las obras que yo interpreto tienen una razón de ser, ninguna está tomada al azar. Ninguna tiene la particularidad de ofrecerme una buena expresión vocal y nada más o el marco para recibir un aplauso y listo. Eso es lo que menos importa en esta historia entre el tango y yo.
-¿La clave está en el compromiso?
-Es que no veo otro camino. En mi manera de andar no hay otra forma. Siempre trabajé mucho, tanto como actriz, como cantante. Al final me quedé con la cantante porque fue la propia elección del público. Después, gracias a la cantante, a la música, pude salvar mi vida. En una situación terrible de Argentina, donde poco se podía opinar, nada se podía decir, en la que no era conveniente poner de manifiesto ninguna referencia histórica, yo salí de mi país y me refugié en Europa, que hay que decir que me recibió con los brazos abiertos, incluso con mayor interés por cuanto yo no representaba aquel tango que conocían y que no les gustaba nada. Yo llegué a Europa presentando un tango de compromiso y al mismo tiempo muy moderno, porque para mí escribían especialmente autores y compositores, generándose una manifestación de confianza entre autores, compositores e intérpretes, que es por otra parte la fórmula lógica que se debe dar, aunque pocas veces ocurra. Tuve la suerte de llevar a la mujer a los escenarios como autora y compositora, y Héctor Piazzolla decía, por ejemplo, que el verdadero cambio en la historia del tango se produce con la entrada de la mujer en esos dos campos.
-En ese paso hacia Europa, ¿nunca dudó, nunca pensó en abandonar para no perder la vida de su patria?
-Para nada, todo lo contrario. Reafirmé el camino que había empezado a construir. De hacerlo hecho al revés, habría defraudado a tanta gente que me tomó en su momento como una representante muy particular. Nunca se me hubiera ocurrido.
-De esa incomprensión que padeció, ¿qué fue lo que más le molestó?
-Sobre todo la incoherencia, la envidia proverbial. La envidia es un sentimiento nacional que no cesa. Al mismo tiempo, sufrir la discriminación. Yo soy una persona que trabaja por los derechos. No sólo por los humanos, sino por los derechos de intérprete, por la propiedad intelectual. Eso me ha dolido mucho, antes y ahora. Es como si el camino quedara interrumpido por momentos con palos en las ruedas. Pero bueno, eso fue lo que me tocó y eso fue lo que luchó. Hay otras personas que lo pasaron mucho peor que yo, que incluso llegaron a perder la vida.
-¿El tango está tan universalizado como para sentirse en casa actuando en un espacio como las Islas Canarias? ¿Siente cuando actúa en escenarios poco habituales que el público interioriza su mensaje?
-Estoy segura. Es más, si no tuviera ese convencimiento no hubiera venido a actuar a Canarias. No me queda duda de que ocurre esto en cada lugar que me presento. Un ejemplo, en el presente se cumple la trigésimo primera edición del Festival Sabandeño. Antes no había venido, por algo será. Quizás no se daban las condiciones, quizás imperaban otros gustos particulares. Pero ahora lo tengo claro. Cada vez que acepto el reto de presentarme en un lugar, hoy más que nunca, estoy confiada en que lo hago va a interesar. Voy a decir algo que puede resultar un poco pedante, pero lo siento de verdad. Creo que no estamos acostumbrados desde la radio, desde la televisión, a escuchar voces importantes que saben transmitir. Yo me considero, y me han considerado, además de haberme beneficiado con ese crédito, con una voz importante. Y la voz no se inventa, se tiene o no se tiene. Y a partir de ahí, lo que puede transmitir la voz es un contenido, no la tontería. Creo que no hay tantos expresadores de estos niveles como para dejarlos de lado. Ésta es un poco la confianza que tengo en mí. Ahora bien, eso no quiere decir que cuando cante alguien pueda silbarme, sobre todo en lugares masivos, donde la gente esconde más su opinión desde la multitud.
-Entonces, la voz queda excluida en la enseñanza del tango.
-La voz como caudal, como limpieza. Eso no se puede educar. Repito, se tiene o no se tiene. Lo demás sí se educa todos los días, por eso tengo la escuela que tengo, que está creada con el fin de enseñar lo máximo posible. La idea es la de pensar la canción desde otro lugar y no utilizar la voz como un elemento banal. Evitar que se salga a cantar cualquier cosa. Eso es lo que se puede enseñar en el tango canción.
-¿Cómo hace suya una letra compuesta por otra persona?
-Porque creo primero en que lo está diciendo lo hubiese escrito yo, hubiese sido un texto mío también. Si yo lo hubiera sabido escribir, ése sería el resultado seguramente. A mí lo que me interesa es la verdad. Cuando uno canta creo que no puede esconder la verdad. Y la fórmula funciona. Hasta el momento es tan rotundo el beneplácito de la gente que no se me ocurre pensar que por un instante esta manera no pudiera funcionar.
-¿Nunca ha tenido una decepción desde el público?
-Nunca. En mis 45 años nunca he vivido un desplante. Al contrario, siempre me halagó enormemente la sorpresa. Hoy en día, cuando la gente me valora a priori por mi edad, muchas personas no se pueden creer lo que están escuchando, que lo haga así con la edad que tengo.
-¿La letra de un tango puede mejorar con los años?
-Hay algunas que sí. Por ejemplo, la letra de A un semejante. Esta canción muestra una imagen que se escribió mañana. Habla de lo que está pasando en el mundo entero ahora mismo y mañana. Este tango se escribió en Argentina en un momento terrible, cuando nos matábamos los unos a los otros, en el año 71. Fíjate, lo canto hoy y sigue apelando al sentimiento del ser humano, que está siempre esperando a que alguien lo requiera.
-¿Qué sería de su carrera artística sin la compañía de Juan Carlos Cuacci?
-Es tan importante su compañía. Además está enlazada a tanta historia que le estoy contando ahora. Es mi músico y compañero de escena inseparable, cuando no puede estar, él se encarga de formar a los músicos que le sustituyen. En 45 años, ha estado ligado a mi vida en 36 de ellos. Además, está casado con mi hermana y es padre de mis queridos sobrinos. Juan Carlos es un puntal determinante en mi carrera musical, es un sostén impresionante. Es un hermano y compañero trascendental.
-¿Hoy en día aún es necesario preguntarle por el papel de la mujer en el tango o ya está normalizada la figura femenina?
-Si me lo pregunta a mí, sería una desagradecida si yo dijera que no me dan las mismas oportunidades, aunque también es cierto que a mi edad yo me las tomo. Ahora bien, me gustaría que tanta chiquilla que canta tan bien y que ahora está empezando pudiera disfrutar de alguna de las oportunidades que yo he tenido. Por ejemplo, ahora no existe una televisión comprometida con el arte. También se han perdido muchos espacios físicos para actuar que en mi época sí daban cabida a los artistas. La mujer sigue padeciendo discriminación, sin duda, de la misma manera que sufre menosprecio. Ocurre de desde Eva y no se ha corregido.
-¿En qué medida llegan los ecos de un grupo como Los Sabandeños a Argentina?
-Muy poco ahora. Ellos tienen un gran nombre adquirido hace años, pero ahora tienen que pasar por el filtro del reciclaje. Hay mucha gente nueva dentro de Los Sabandeños y debieran mostrarse nuevamente. En Argentina hay público para ellos, seguro, aunque ahora lo que más llega allí es lo que interesa a la televisión, que no es otra cosa que Madonna y artistas por el estilo. Los Sabandeños necesitan el apoyo de un empresario que se juegue desde Canarias el reto de presentarlos otra vez no sólo en mi país, sino en toda América Latina. Seguro que harían un gran número.