Cirilo Leal Periodista y escritor teatral

´Cada vez me interesa más un teatro de ideas´

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 jonay rodríguez

Quien afirma que la "memoria de un pueblo" está formada por "valores que requieren ser actualizados para entender el hoy y vislumbrar el mañana" se llama Cirilo Leal y nació en Venezuela (Carúpano, 1953), hijo de padre canario forzado a la emigración clandestina.

ANTONIO JIMENEZ PAZ | SANTA CRUZ DE TENERIFE No le pregunté qué quiso ser de mayor, pero sus estudios de psicología y periodismo unidos a su preparación antropológica lo han llevado, desde la década de los 70, a documentarse en base a testimonios orales sobre el drama silenciado de los perdedores y desaparecidos a consecuencia de nuestra guerra civil. Su trabajo de campo ha ido encaminado a dar visibilidad a los invisibles, bien sea a través de artículos periodísticos o documentales televisivos, pero sobre todo a través de la escritura teatral, de tal manera que cuanto más se ha acercado Cirilo Leal a la verdad más nos ha ayudado a alejarnos de la mentira. Desde 1999 ha puesto en marcha la experiencia Teatro Malgareo, un teatro grotesco y crítico, integrado por personajes del carnaval.
-¿Cuál, diríamos, es el motor que le ha llevado por los derroteros antropológicos relacionados con Canarias?
-Aparte del espíritu de compromiso social de una generación a la que pertenezco, ha sido la búsqueda del testimonio a través de la conversación sobre la experiencia de los mayores en relación con los principales acontecimientos de sus vidas, acontecimientos que están relacionados con la inmigración y la guerra civil con todo lo que significa la lucha por la subsistencia en la posguerra. En la medida en que me he ido encontrando con esas fuentes de información que, tras vencer el miedo, te van confesando penurias y miserias de una época, no he podido dejarlas caer en el olvido… Parece que en los tiempos que vivimos, con la arrogancia del bienestar económico, la historia empezó ayer. Pero no, mucha gente se quedó por el camino con su esfuerzo, con años de cárcel y de emigración forzosa para nosotros disfrutar de la sociedad actual.
-Pero ya el hecho de incluir el fenómeno migratorio de los isleños en sus investigaciones conlleva un universo de estudio que no se limita a Canarias…
-Por supuesto. Todos estos elementos me han interesado para situarme a mí como persona en el triángulo que constituye Venezuela (lugar de nacimiento), Canarias (como lugar donde yo me he hecho como persona) y Cuba (como referente a su vez de la historia o novela familiar). Estos tres elementos son los que a mí me dan esa visión de universo, de trascender los territorios concretos e insulares. La idea central es que me ha interesado todo lo que se ha movido en este triángulo, porque estamos hablando de carga de ilusiones con los que toman la maleta y cruzan el charco, de los que fracasan en esa aventura de hacer las Indias, de los que nunca pudieron regresar y fracasaron en su intento de hacer fortuna. Aquí sólo se ha valorado a los que han triunfado, a aquellos que regresaron con prosperidad, éxito y fortuna.
-Como hijo de emigrante canario, ¿hasta qué punto las características de su propia familia han influido en lo que hoy denominaríamos como su trayectoria?
-La novela familiar marca muchas veces el destino de sus miembros. Aunque nada se sepa de ella, tarde o temprano, termina por darle sentido, razón o locura a la propia trayectoria. Una abuela que nace en Pinar de los Ríos (Cuba), un abuelo que emigra a la Perla del Caribe y allí se alía al bando de los insurrectos, un padre que participa en la guerra fratricida y después emigra clandestinamente a Venezuela en un velero, una madre que nace en una aldea del Oriente venezolano y se ha criado en la cultura afrocaribeña con sus costumbres, sus leyendas, sus mecanismos mágicos de supervivencia, etc., han marcado las estaciones de mi vida. Un bagaje que se ha convertido en referencia de mi personalidad y material para la recreación artística. Una historia que me ha llegado a través de la propia indagación oral y que, posteriormente, me ha abierto las puertas a la investigación desde una vertiente sociológica, antropológica, teatral y periodística. El hecho de que mi padre, al retornar de Venezuela, se hiciera con el único bar que estaba en el muelle de Santa Cruz de Tenerife, La Marquesina, situó mi infancia canaria en el mundo del cambullón, es decir, el buscarse la vida en el ámbito de la marginalidad.
-¿Cómo se vincula todo lo expuesto con su interés por el teatro?
- La vivencia personal de todo esto que te cuento me enfoca hacia la creación literaria, al teatro fundamentalmente. Es decir, desde siempre me ha interesado recoger ese cúmulo de dramas perdidos en el camino para plasmarlo en un producto artístico, escénico. Desde el principio me he visto interpretando y escribiendo teatro por la apremiante necesidad de denunciar y sacar a la luz hechos, acontecimientos e incluso tradiciones que la dictadura ha mantenido silenciados, prohibidos.
-¿Cuál sería, pues, su concepción del teatro?
- El teatro para mí es el espacio donde confluyen esas historias, donde se relatan para que el espectador conozca y responda emocionalmente y con información a ese estímulo artístico que yo le lanzo. Yo me dirijo a las personas para obtener su opinión, sus sentimientos, sus observaciones, sus reparos a esa fábula que yo he puesto en pie escénicamente para enriquecer de nuevo el producto, esa propuesta inicial. Por tanto el teatro es para mí un feedback, una empatía, una complicidad con la persona que recibe ese producto y cuyas observaciones me sirven para enriquecer de nuevo el producto escénico que yo elaboro y continuar con la exploración…
-Entonces, y perdone que intervenga, no hablamos de teatro como mera representación…
- Por supuesto que no. Y es que yo no concibo el teatro como un producto acabado y cerrado, sino más bien como un punto y seguido para seguir reconstruyendo esa fábula inicial que yo he pergeñado en bases fundamentalmente orales. Por lo tanto, no hablamos de recreación de costumbres ni de hechos históricos, sino de conflictos humanos que se dieron en el ayer, que se dan hoy en el presente y que se seguirán dando en el futuro porque son conflictos humanos universales.
-En otras palabras, ¿hablamos de lo que se conoce como teatro comprometido?
- ¿Por qué no? Al fin y al cabo se trata de un ajuste con la dignidad de los oprimidos, de los desaparecidos, de los silenciados. Es más, creo que tenemos la misión de emplear los recursos que tenemos a nuestro alcance para dignificar a esas generaciones, hacerles justicia y sacar a la luz valores que, aunque no tengan una connotación social o política, sí tengan que ver con la cultura del esfuerzo… La borrachera o la hipnosis del cemento no nos pueden hacer olvidar ese pasado que, hablando en términos de identidad, forma parte de la personalidad del pueblo canario.
-Que es una forma de decirme que el concepto de "identidad canaria" resultaría incompleto sin el factor migratorio de nuestro pueblo… ¿cierto?
-Cierto. Nuestra identidad requiere del imaginario de los isleños que a lo largo de la historia se han visto obligados a echar raíces fuera de las islas, de tal manera que ellos conservan una mirada nostálgica y poética que es mucho más realista que la visión que se tiene de los que nunca se han visto obligados a coger la maleta.
-¿Usted cree que la sociedad canaria es dada a tener en cuenta su pasado?
- Nuestra sociedad en general es proclive al olvido, porque entre otras cosas el pasado es un lastre. Y máxime si en el ayer tuvimos que mandarnos a mudar, jugarnos la vida en el lecho Atlántico… Y a nuestra clase política tampoco le interesa recordar mucho: la amnesia sobre el presente y el ayer es un bien preciado por los gobernantes. La emigración ha sido, es y será una constante en la historia de Canarias. ¿Dudamos que en el mañana tengamos que partir hacia otros lares?
-Retomando el tema de su escritura teatral, ¿en qué se diferenciaría su propuesta del denominado teatro costumbrista?
- El teatro costumbrista nace como parodia del propio hombre y mujer del campo,una burla empleada para autoparodiarse, quedándose casi siempre en juegos de palabras y situaciones cómicas sin que haya esa hondura o calado que sólo encuentras cuando hablas de conflictos y antagonismos sociales… Puesto que mis narraciones tengo que situarlas en un contexto espacial pueden dar lugar a entenderse a primera vista como relatos de costumbres, cuando en realidad lo que expresan todas esas historias son auténticos conflictos que han desgarrado a generaciones de isleños, tantos a los que se fueron como a los que aquí se quedaron… Lo costumbrista es lo cómodo, porque viene a ser una reproducción literal de una estampa etnográfica, cuando el auténtico riesgo está en los mecanismos y resortes psicológicos de los individuos enfrentados a los contextos sociales, religiosos y económicos…
-¿Cuál sería la conclusión entonces?
- Que cada vez me interesa más un teatro de ideas, de ideas incluso alejadas de los contextos históricos o geográficos. La anécdota tradicional no puede nunca ahogar o constituir un lastre a la exploración, al análisis de las grandes pasiones humanas.
-¿Habría alguna forma de resumir la evolución de su trayectoria teatral?
- He pasado de narraciones corales -Los emigrantes clandestinos (1979), El indiano (1980), La ciudadela (1981), La conjura (1984), La galería (1985), Radio Machete: la voz de los sueños (1994), La querencia (1996) y El espacio de los desvelos (1997)- a obras donde el predominio esencial es la memoria de lo que fue y la memoria del futuro -Memoria de sombras (1999), Bajo un mismo cielo (2000) o Cautivas (2001)-. Y la tercera etapa, en la que estoy imbuido actualmente, es una escritura de textos dramáticos que parten del presente para cuestionar visiones del pasado desmitificando tópicos y clichés (El cochino transgénico y Tragicomedia de la papa bonita, ambas de 2008) así como episodios de la historia de Canarias -La danza de la sabina (2007) y Va el alma por pasar (2009)-, donde los mitos me sirven para hablar de las crisis económicas y financieras que han convulsionado a la sociedad del presente… Además en esta última etapa retomo la práctica escénica como actor y director de un grupo de teatreros entre los que se cuentan los personajes del carnaval, tratándose ya de una descarga contra las apariencias sociales y políticas de hoy: la incapacidad de movilización de los ciudadanos, la pasividad ante los casos que conocemos de corrupción o la falta de compromiso y solidaridad con los que se juegan la vida viniendo a nuestras costas cuando durante quinientos años el pueblo canario se ha buscado la vida en otros territorios.
-¿Cómo definiría al público que acude a sus representaciones teatrales?
-Los espectáculos montados a partir de textos míos suelen representarse en ámbitos no capitalinos. Por tanto, atraen a un público que, de alguna manera, es conocedor de los hechos. La obra es un pretexto, un estímulo para desencadenar el recuerdo olvidado.
-¿Vendría a ser algo así como compartir la memoria?
- Eso es. Muchos relatos familiares han quedado ocultos sin transmitirse de padres a hijos para preservar la seguridad familiar, pero que una vez salen en un medio masivo -sea la prensa, el teatro o la televisión- se rompen en la mayoría de los casos esos miedos incorporados a la sangre, de tal manera que las nuevas generaciones pueden conocer muchas veces sorprendidas lo que les aconteció en su propia familia.
-Llevando décadas publicando artículos periodísticos sobre sus recopilaciones orales en estos últimos años se ha atrevido con documentales para la televisión…
- Desde mediados de los setenta he cargado la grabadora e iniciado mi itinerario por todas las islas. A la muerte de mi padre, un emigrante clandestino, sentí la obligación de indagar en la tragedia de tantos hombres y mujeres que tuvieron que arriesgar sus vidas y echarse a la aventura de la emigración en los buques fantasmas. Este impulso se ha ido recargando a lo largo de los años… Mi trabajo periodístico, tanto para la prensa como para la televisión, responde a este compromiso y a esa búsqueda de testimonios y vivencias que den cuenta de la lucha de tantas y tantas personas para cambiar las situaciones de injusticia por las que han tenido que pasar forzosamente.
-¿Los documentales televisivos adquieren alguna particularidad nueva?
- Los trabajos para televisión -contando casi todos con el patrocinio de la Obra Social de Cajacanarias- consisten fundamentalmente en la recogida de testimonios de los protagonistas de los principales hechos que han ocurrido en el siglo XX y que tienen que ver con la memoria de los trabajadores: desde la historia del movimiento obrero en la república, hasta el rescate de oficios casi siempre marginales como el de los cabuqueros, cambulloneros, pescadores, cochineros, neveros, el pastoreo, así como los rituales festivos vinculados a las creencias mágicas de las islas. Todas estas entrevistas cobran vida en la realización, y aquí ha jugado un papel importante David Baute, del que he aprendido esa mirada discreta que debe caracterizar al investigador, y que es estar detrás de la cámara y nunca ser visible: los protagonistas son las personas que te ofrecen generosamente el relato de su existencia, sus voces, sus rostros, sus fotografías, sus reflexiones… Sus testimonios en directo constituyen su principal característica.
-¿Cuál es su opinión sobre la actual situación del teatro en Canarias?
- En los últimos años se ha logrado unos niveles de profesionalidad y calidad indiscutibles… Como autor teatral yo soy partidario de un teatro pobre en los aspectos formales y rico en ideas, de lo cual se carece en estos momentos porque nos hemos acostumbrado al teatro de la industria y al teatro de la evasión, que es importante, pero personas como yo, con compromisos y vinculaciones a una memoria y a unos sectores determinados, no puede gastarse el lujo de seguir con triquiñuelas y banalidades. Al no tener que vivir del teatro tengo la libertad de acometer escénicamente los conflictos que a mí me interesan. No escribo al dictado de nadie sino de mi propia consciencia… En los últimos años se han impuesto una práctica, producción y búsqueda del público a toda costa, que a veces las subvenciones son justificables por el número de espectadores que concitan ciertos espectáculos. Pero esa práctica, que ha contribuido enormemente a la profesionalización, ha mermado -a grandes rasgos- la capacidad de crítica y espejo del acontecer social.
-Para terminar, ¿qué dos tipos de testimonios son los que más le han tocado de todos los recogidos por usted?
- Trabajando en el bar La Marquesina, donde era factible preguntar sin especiales tapujos y sin desconfianzas sobre lo que había acontecido en la guerra civil y en el ámbito portuario, un cliente me contó sus recuerdos de niño sobre la prisión flotante, los arrojados al mar en sacos con el bandullo, los encerrados en los salones de Fyffes y la manera en que una vieja loca lo había conducido a él y a un grupo de amigos al barranco del Hierro a ver "casne fresca": el fusilamiento de los reos de Fyffes… Otro de los testimonios que no puedo olvidar es sin duda el relato de emigrantes que habían fracasado en su aventura americana y que, por vergüenza, no se atrevían a regresar: una especie de muertos en vida al otro lado del Altlántico.

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