ALBERTO PALENZUELA
Se cumplen cuarenta años de la celebración de Woodstock. Cuatro décadas que han sido suficientes para hacer desaparecer toda la herencia que dejó el festival musical más famoso y trascendente de la historia. La mayor parte de los hippies, pasado el tiempo, sucumbió al móvil, practica Pilates o consume, indiferente, alimentos transgénicos en el almuerzo, mientras ve por televisión como EEUU continua con esa jodida manía que siempre ha tenido de invadir terceros países para proteger su seguridad nacional. Como si no tuviera suficiente con lo que cría en casa… Lo cierto es que al mismo tiempo que el LSD pasó a tener efectos secundarios, pasaron también a tenerlos muchas otras cosas. La imaginación, la espontaneidad o el descaro que hicieron posible el evento musical más importante de la historia, por ejemplo, también trajeron consigo pérdidas millonarias para promotores y empresarios. Por ello, la industria fue sustituyendo el riesgo que causaban dichos factores por cheques en blanco, estudios de mercado y grandes operaciones de marketing con el objetivo de conseguir precisamente lo único que no dio Woodstock: dinero.
Y como si de dinero se trata, al final, siempre mandan los mismos, la industria musical y del espectáculo comenzó a tapar sus vergüenzas y a prefabricarse caretas con esa expresión hipócrita del tapujo y el pudor. Los guiones prescritos y lo políticamente correcto pasaron a marcar la nota dominante hasta hoy. No hay más que recordar, a modo de ejemplo, como todo el país se escandalizó por la teta que Janet Jackson enseñó en la final de la Superbowl por televisión. En la actualidad, y como consecuencia de dicho incidente, las emisiones de TV en directo de cualquier evento son retransmitidas con un retraso en la señal. El suficiente para que los censores del país más libre del mundo puedan actuar si algo no les gusta. Es decir, pura y absoluta censura por una teta, que a todas estas, como dice mi padre, fue una mierda de teta. Aquí hace ya más de una década Sabrina enseñó las dos una noche de fin de año y fue un todo un acontecimiento nacional.
Hace quince años fue organizado Woodstock 94 para celebrar el 25º aniversario del original. Con un gran éxito de convocatoria gracias a una gran campaña mediática, reunió a trescientos mil espectadores pero fue apodado "Mudstock" (Montón de fango) debido a que cayó un aguacero y hubo una enorme pelea en el barro donde murieron cuatro personas ahogadas. Curiosa metáfora la del barro y el fango, porque creo que fue también en sus propios desechos, donde acabó por morir ahogado el espíritu de Woodstock.