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HÉCTOR MARTÍN GONZÁLEZ | SANTA CRUZ DE TENERIFE Concierto: Manolo García Lugar: Pabellón Municipal de Los Deportes de Santa Cruz Fecha: 8 de agosto de 2009
Manolo García dio todavía más calor a la noche santacrucera con sus pegadizos ritmos pop/rock el pasado sábado en el Pabellón de Deportes de Santa Cruz de Tenerife. El concierto comenzó con treinta y cinco minutos de retraso en relación a la hora prevista pero desde el primer momento García dejó claro que iba a ser una velada especial para la multitud de fans que llenaba el recinto.
El escenario estaba decorado de una manera muy original; lo cruzaban dos enormes sábanas; a los lados, unas tiras de colores; del techo, unos enormes atrapasueños y, para darle todavía un ambiente más místico a la velada, unos plásticos encima de los instrumentos. Fue diseñado por el mismo García y por el artista gráfico José Luis Alegre. Todo ello quería simular, probablemente, algún lugar soñado por el cantautor, al que nos invita. Manolo apareció con su guitarra, acompañado de otra, en medio del escenario y empieza la cita con Navaja de papel. Acaba el tema acústico y nos dice, saludándonos, que se trata de su primera canción. La ovación no se hizo esperar.
Torear en una plaza, como el Pabellón de Deportes santacrucero, es sumamente difícil. Las condiciones acústicas del foro y la disposición del escenario no son las más favorables. Pero con Manolo esto no fue inconveniente. Se ve que es perro viejo, casi nace en un escenario, y tiene suficiente colchón en su voz y actitud como para lidiar con solvencia en lugares como los del sábado. Está curtido en el fragor de miles de conciertos en sus más de veinticinco años en el escenario.
A mitad del segundo tema caen las dos sábanas y aparecen siete grandes músicos: Nacho Lesko (teclado y acordeón), Juan Carlos García (percusión, batería y voces), Iñigo Goldaracena (bajo), Charly Sardá (batería y percusiones), Ricardo Marín y Josep Salvador (guitarras), todo ello sazonado con el violín de la canaria Tania Mesa Felipe. Para mí fue una sorpresa mayúscula y positiva ver a Tania en el escenario. Fue violinista de cantautores de la tierra como Jesús Garriga y ahora parece que vuelve con nuevos proyectos. Esta chica sabe dónde regalar su toque mágico. De El último de la fila quedan Nacho Lesko y Juan Carlos García. Cada dos canciones una bailarina, que tenía un particular energía, no dejaba de moverse pareciendo en algunos instantes una luchadora de Kung Fu. A diferencia de los últimos conciertos, no hubo banderas en el Pabellón.
El concierto fue un viaje por toda la discografía del catalán. Manolo no tuvo problemas en irse desprendiendo de sus singles más reconocidos. El de Poblenou sabía qué quería la gente y se lo iba a dar. Ese toque flamenco tan característico que incluye en la clásica fórmula pop rock era el condimento que todos estaban esperando. Una pizca exótica a base de algunos ingredientes orientales y ¡zas! Caías en las redes de este artista con gran facilidad. Daba la sensación de que Manolo conocía que el público era su rendido admirador. No se prodigó en largas introducciones en escena. Cada tema no contaba con presentación. Entrar en su concierto era como un no parar de ritmos rock pop y la gente lo agradecía. Nadie pareció echar de menos que le dijeran nada de tal o cual tema. Eso sí, tuvo un particular homenaje "a la gente que está en paro, a todas esas familias humildes que lo están pasando mal, y a los agricultores y ganaderos, a esos trabajadores que producen sin utilizar químicos". Este detalle acercó al artista a la tierra, demostró que está en el siglo XXI.
¿Las canciones? Intercaló grandes clásicos del pop con los temas de su último disco, Saldremos a la lluvia. Es lo que se suele hacer en estos casos. Tocó canciones como Pájaros de barro, No estés triste, Rosa de Alejandría y temas que eran obligados en la cita como A San Fernando o Insurrección. Ambas piezas están en el Inconsciente Colectivo. Creo que es imposible no reconocerlas, cualquiera tuvo en su boca eso de Dónde estabas entonces cuando tanto te necesité… nadie es mejor que nadie pero tu creíste vencer… Estas palabras son como un encendido en el motor. Poco a poco vas decidiendo dejarte llevar como si fuera una ola.
En un momento del show, Manolo, que se las sabe todas, decide que necesita más cercanía con los asistentes. Ni corto ni perezoso, deja el escenario y se da una vuelta por todo el recinto. Y cuando digo por todo, fue por todo. No dejó a nadie sin que lo viese de cerca. En esos momentos, Manolo dio una sensación de atleta. Ni en esas circunstancias deja de cantar con su impecable voz, que resultó absolutamente nítida durante toda la velada.
Pasa una hora y media de música y Manolo se despide. La verdad es que a nadie engañó. Tal fue así que García, a esas alturas no había presentado ni a la banda. Sumó tal cantidad de bises que completó una hora más. Y la gente, tan contenta.
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El triunfo del PP, las revoluciones árabes, el terremoto de Japón y el dominio del Barcelona, entre otros acontecimientos, marcaron el año.
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